Karmele Leizaola: la leyenda del diseño de medios impresos en Venezuela

Karmele Leizaola: la leyenda del diseño de medios impresos en Venezuela

Karmele Leizaola. Esa muchacha preciosa que sonríe en la foto es la primera mujer que entró en una Secretaría de Redacción de un periódico venezolano. No habrá sido fácil, pero valió la pena.

En esa Secretaría se diseñaban los periódicos entonces. Se comenzaba a trabajar a las cinco de la tarde y se salía como a las doce de la noche, si todo iba bien. Entonces las prensas podían imprimir los cuerpos de los diarios para que los camiones los distribuyeran por todos los rincones del país.

Su nombre es Karmele Leizaola Azpiazu. Nació en el número 1 del puerto de San Sebastián. Era pues donostiarra por los cuatro costados y por los cuatro costados venezolana también. Y a cualquier aprendiz que se lo porfiara, ella le aclaraba bien firme que lo era desde antes de que él hubiera nacido.

Su obra es la imagen emblemática de las revistas Momento y Élite, de Venezuela Gráfica y de Imagen; del Cuerpo C, Feriado y Séptimo Día en El Nacional; de Domingo Hoy en Economía Hoy. Eso para nombrar los famosos, porque Karmele, durante la dictadura de Pérez Jiménez, también diseñó el Semanario AD, seguramente de circulación discreta.

A ella le debemos, sobre todo, que los periódicos y las revistas dejasen de parecer monografías abarrotadas de textos y fotos y se convirtieran en espacios balanceados, con diversas tipografías armónicas, en el que los blancos dan lugar al contraste que también comunica. “Yo no tuve maestros, tuve mis ojos”, decía, y “el diseño no es nada en el periodismo si tú no sabes de periodismo”.

El semanario Domingo Hoy, una de esos rayos de renovación en nuestra prensa que nos dio Karmele
Empezó a trabajar con tipos de plomo y seguramente llegó hasta a usar PageMaker en los últimos años. El InDesign no debe haberla alcanzado, pero sí a su hija: Estíbaliz las Heras, jefe de Arte de El Universal en los noventa (que ahora vive en Buenos Aires). Sus otros hijos son el periodista Txomin las Heras (residenciado en Bogotá), el caricaturista Eneko las Heras y el editor Mikel las Heras (ambos establecidos en Madrid). Como lo que se hereda no se hurta, los retoños de Karmele también dejaron huella en la edición, en los medios y en la gráfica en nuestro país.

Su vida no fue fácil, pero sí riquísima (¿hay vida rica sin dificultades?). De la España vencida por el golpe de Franco escapó pequeñita, con su mamá y sus siete hermanos, rumbo a Ustaritz, en el País Vasco francés. Su papá, perseguido, no pudo acompañarlos y fue a parar a los Estados Unidos.

Varios años después la familia pudo reunirse en Caracas. Karmele se enteró del final de la Segunda Guerra Mundial en el barco que la llevaba a Puerto Cabello. Ya tenía 16 años. Estudiar, por supuesto, apenas había podido. Hablaba francés, español y vasco. Su padre, gerente de aquella Tipografia Vargas que estaba de Pajaritos a La Palma, la llevó a trabajar con él. Así empezó en el oficio.

A comienzos de los setenta volvió a San Sebastián, con su marido y sus hijos, pero ya no se hallaron en aquella España más pobre en cuerpo y en alma que la Venezuela de entonces. Regresó y se quedó hasta que pasó lo contrario. Hace poquitos años sus hijos la trajeron a Madrid.

De vuelta a Caracas, todavía en los setenta, Karmele se estableció en el edificio Royal Palace de Chacaíto, el mismo donde estaba Don Disco (¿se puede ser más caraqueña?). La casa era también el taller. Y en la mesa del comedor, cuando se levantaba el mantel, volvían a colocarse los cartones, las escuadras y el tipómetro, el frascote de Rubber Cement, el exacto y las tijeras, y se seguía con la labor.

La quisieron Ramón J. Velazquez y Simón Alberto Consalvi, Miguel Otero Silva y Luis Alberto Crespo, Gabriel García Márquez y Plinio Apuleyo Mendoza, Nelson Hippolytte y Tomás Eloy Martínez, hasta Sofía Ímber la quiso… la lista de sus jefes y de sus discípulos o aprendices renombrados sería interminable. “Madre” y “maestra” la llaman estos últimos en este video en el que le rinden homenaje.

Se ganó bien ganado su título: “la leyenda del diseño de los medios impresos en Venezuela”. La veces que coincidimos en redacciones o imprentas, ella ya mayor y retirada, recuerdo los murmullos alrededor: “¡Mira, esa es Karmele Leizaola!”.

El 5 de febrero murió en Madrid, tranquila, en su cama. Dos días antes parecía haber superado una hospitalización por covid y estaba de vuelta en casa.

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