Dr. Julio Portillo: Cronista Emérito de Maracaibo (in memoriam) (Nirso Varela)

Dr. Julio Portillo: Cronista Emérito de Maracaibo (in memoriam) (Nirso Varela)

Se cumple un mes del sentido deceso del Cronista Emérito de Maracaibo, el Dr. Julio Portillo. El cargo de cronista oficial de Maracaibo en el transcurso de la era democrática, fue más o menos vitalicio. Durante más de 50 años, la ciudad tuvo solo tres cronistas en las personas de Fernando Guerrero Matheus, Guillermo Ferrer y Kurt Nager Von Jess.
En el año 2018 fue elegido mediante concurso de credenciales, el Dr. Julio Portillo, por muerte del Dr. Nager. Y en 2020 fue destituido de manera insólita, sin causas éticamente justificables, tras un acto arbitrario e inmoral, aborrecible y aborrecido, incluso, por allegados al partido de gobierno, que prefirieron guardar un silencio cómplice.
Hasta entonces, a ninguna Cámara Municipal desde la década de 1960, se le ocurrió incluir dentro de su agenda de discusiones, el nombramiento de un nuevo cronista, estando otro en funciones. Esto ocurría, cuando las Cámaras Municipales tenían personalidad propia y libertad de acción, para decidir sobre asuntos de su estricta competencia. Los cabildos mantuvieron su autonomía heredada desde la colonia, por encima de gobernadores y Presidentes de la República.
Si bien es cierto que los comités centrales de los partidos políticos mayoritarios, trataban de influir en las diversas instancias de toma de decisiones, parte de la disidencia, tendencias, y divisiones de dichos partidos, surgieron en los ayuntamientos. Especialmente, durante el periodo democrático venezolano, 1959-1999. De allí en adelante, muchos gobiernos locales y regionales, se constituyeron en simples marionetas de los proyectos concebidos en La Habana para toda Venezuela.
Solo el Dr. Julio Portillo fue cesanteado por fétidos motivos politiqueros en un tiempo de decadencia institucional. No obstante, dicha medida lo convirtió de inmediato, no solo en el último cronista de la Maracaibo Republicana (1831-2020), sino que lo exaltó a Cronista Emérito, por obra imprevista de quienes urdieron la obscena zancadilla. Para el pueblo de Maracaibo, los que aún moran su tierra, para escritores, intelectuales, poetas, periodistas, docentes, estudiantes y la gente vinculada al quehacer cultural, el Dr. Julio Portillo siguió siendo, el auténtico cronista oficial, y más aún, el Cronista Emérito de la ciudad de Maracaibo.
Lo único triste para el Dr. Julio Portillo, fue ver morir su ciudad. Y con ella, su universidad centenaria, su Liceo Baralt, sus instituciones culturales. Vio emigrar en masa a sus coterráneos, huyendo de la crisis económica inducida desde La Habana, y vio cómo se fragmentaban núcleos familiares unidos por generaciones durante siglos. Maracaibo es ahora otra localidad, en el mismo perímetro geográfico donde antes existió un pueblo con autonomía municipal.
La historia de Maracaibo como cantón, distrito o municipio, durante los siglos XIX y XX, se resume en una serie de acontecimientos con tonalidades subversivas, desde el momento mismo en que en enero de 1831, los hombres notables de la ciudad, funcionarios y demás individuos considerados ciudadanos, juraron a regañadientes la Constitución Centro Federal sancionada por el Congreso Constituyente de Venezuela de 1830. En adelante, las acciones de los actores sociales más destacados de cada tiempo histórico, asumieron indicios de protestas, insubordinación y enfrentamientos contra el avasallante centralismo caraqueño.
Hoy como nunca, Caracas mutila los derechos constitucionales de Maracaibo y el Zulia, convirtiéndola en la ciudad más golpeada por la crisis estructural venezolana. Al pasar los límites del Zulia, por cualesquiera de sus puntos cardinales, aparece otra Venezuela, distinta en todos los sentidos, menos oprimida, menos azotada por los racionamientos eléctricos o la escasez de gasolina. Los políticos oficialistas se vendan la boca y cierran los ojos y las autoridades regionales y locales, no pueden hacer o decir, absolutamente nada.
En tales circunstancias, es comprensible que un “cronista” prejuiciado y resentido, amordazado por el sectarismo, escribiendo por encargo para complacer a terceros; o un político ignorante en rol de cronista, no podría narrar con objetividad los sucesos complicados que constituyen la historia de Maracaibo, sin mancharlos con su desenfocada, unilateral y acomodaticia interpretación de los hechos. Por eso, las Cámaras Municipales fueron muy cuidadosas e imparciales, al momento de nombrar los cronistas.
Los cronistas de la era democrática jamás intervinieron en disputas políticas. No fueron nombrados por sus inclinaciones ideológicas ni por decisiones partidistas. Sus roles eran escribirle a la ciudad, difundir su historia, narrar su vida cotidiana. Por tanto, no propusieron cambios de nombre a ciudades, calles, plazas, símbolos patrios ni monumentos históricos. Aquellos cronistas fueron hombres de sólida cultura democrática. Narraron los hechos en su contexto, lo más cercano posible a cómo sucedieron y con precisión pedagógica para el entendimiento de todos.
El Dr. Julio Portillo fue el último cronista de la misma ciudad que inspiró a Rafael María Baralt, José Ramón Yépez, Udón Pérez, Rafael Rincón González, Jesús Reyes «Reyito», José Chiquinquirá Rodríguez, Ricardo Aguirre y Régulo Díaz “Kurubinda,” entre tantos otros más. La misma ciudad que sintió el manto creativo de Inés Laredo, Lía Bermúdez y Marlene Nava. La de tantos poetas, artistas, gaiteros y creadores en general, subyugados por el contexto telúrico de esta tierra.
Fue un extraordinario honor conocer, hablar e intercambiar amistosamente, con los tres últimos cronistas de Maracaibo. Profesaban amistad sincera, sin jerarquías ni estatus. Nos identificamos en la ciudadanía, la 0coincidencia circunstancial y los sueños compartidos. Eran hombre inmensamente cultos, pero lo más destacable de los tres, al margen de sus currículos, con cuyos ítems podrían llenarse varios legajos, era la sencillez de sus personas, nada presuntuosos ni ostentosos, nada prepotentes, pedantes ni engreidos.
Más bien eran modestos, a pesar que escalaron posiciones económicas holgadas y eran considerados, personajes notables de la ciudad. Recibían estudiantes en sus casas, dictaban conferencias en liceos, universidades y actos culturales. Fueron personas receptivas, amistosas, conversadoras, de porte agradable, ideologicamente definidas, irradiaban sinceridad, tuvieron conductas intachables y fueron ciudadanos ejemplares. Aún quedan intelectuales ilustres con ese talante, que han servido a Maracaibo y a sus instituciones, y siguen dando lecciones de dignidad e integridad, por encima de las advesidades que a todos nos ha tocado vivir.
El Dr. Julio Portillo se fue, cuando la ciudad que lo vio nacer daba también su último suspiro democrático. La Maracaibo sobre la que escribieron Fernando Guerrero Matheus, Guillermo Ferrer, Kurt Nager y los cronistas naturales, ya no existe. De la vieja historia republicana, queda solo el epílogo, la trama final, los nefastos años de la década de 2010, donde actuaron también un grupo de políticos fracasados alineados en la oposición, que dados sus egos enfermizos, no pudieron o no quisieron armonizar una estrategia común para recuperar el poder político.
La ciudad que surgió con la República, la ciudad del Dr. Julio Portillo, tiene un comienzo y un final: 1831-2020. Y desafortunadamente, la nueva historia que se inicia con la tercera década del siglo XXI, no tiene vuelta atrás ni fecha de vencimiento. Será como el holocausto judío, donde el hambre, la desnutrición y el destierro, seguirán diezmando la población, mientras se entroniza una nueva casta de privilegiados. Maracaibo está sometido y controlado. Lo dice la historia reciente y lo confirma la realidad actual. Las acciones aisladas que emprendan en adelante quienes aún se identifican con la oposición, serán como en Cuba, pataleos de ahogado. El destino nos alcanzó.
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