De Interés: el odio enferma (María Araujo)

De Interés: el odio enferma (María Araujo)

Hace poco leí que odiar es tan  inútil como beber veneno y esperar que la otra persona muera. Especialistas en procesos físicos y químicos ya lo han verificado muchas veces, con hechos. Demostrando que la mayoría de enfermedades  se generan por comportamientos nocivos y pensamientos autodestructivos.

Hasta el cansancio se ha manifestado que costumbres dañinas enferman al organismo. Fumar, ingerir licor, ingerir comidas saturadas de grasas, sal o azúcar, frituras, degeneran el cuerpo. Pero no es que estas recomendaciones entren por un oído y salgan por el otro, como dice el dicho, es que usualmente ni siquiera entran y mucho menos se procesan.

A sabiendas del daño por generarse, tendemos a asumir que esas cosas pasan a los demás, hasta que se experimentan casos cercanos o hasta propios. Y aun así, observamos como se reincide en nocivas costumbres, como si la salud importara poco.

Desde el seno familiar se empieza a experimentar con costumbres que, a veces, por tradición se continúan con los nuevos miembros. Cuantos padres o madres fuman junto a sus hijos sin entender que están modelando una conducta a seguir. Si los padres lo hacen no debe ser tan malo. Lo mismo ocurre con el consumo de licor.

En cuanto a la comida ni se diga. Es poco probable encontrar grupos familiares cuya alimentación diaria sea el mejor modelo a seguir. Las comidas más exquisitas llevan impregnado el sello de dañinas. Poco se cuidan lo excesos. Si hay casos, pero no abundan. Y si no se abusa a diario, los fines de semana suelen celebrarse con un festín de frituras, dulces o excesos de carbohidratos, para compensar la abstención de la semana.

Eso en parte del daño físico. En lo que respecta al mental vamos por el mismo camino, generalmente. Bastante leemos a diario que las actitudes mentales y comportamientos inciden totalmente en nuestra salud. La rabia, el odio, los disgustos, la constante queja, afectan nuestro cuerpo. Lo dicen hasta el cansancio los expertos en salud. Pero solemos asumir -como ya dijimos- que ocurre a los demás, no a nosotros.

“La mente, las emociones y el cuerpo están comunicados. Cuando hay ira u odio se liberan hormonas y sustancias como adrenalina, cortisol, prolactina; mientras más tiempo se secretan en el organismo más daño sufre el sistema inmunológico y el organismo es más susceptible”, explica Robert Ader, investigador de la Facultad de Medicina y Odontología deRochester.

Otras afecciones que genera: presión sanguínea y ritmo cardíaco elevado, con más probabilidades de padecer alguna enfermedad del corazón. Explica Charles Raison, director clínico del Programa Mente y Cuerpo de Emory University, “Cuando estás resintiendo ese dolor y solo deseas venganza o buscas represalias, desgastas tu energía y pierdes enfoque de tu presente, lo cual lleva afecciones del sistema digestivo y nervioso”, hasta el grado de desarrollar una úlcera de estómago, asegura especialista en endocrinología y nutrición clínica, Irina Matveikova.

La cuestión es que estos sentimientos negativos, tarde o temprano generan consecuencias perjudiciales, de ahí la importancia de sanarse emocionalmente. Buscar las causas verdaderas de esos sentimientos nocivos y encauzar respuestas para sanarse. Si es necesario buscar ayuda profesional, porque el odio no es una opción como modo de vida, más bien es la opción de dolor, enfermedad y muerte prematura. Lo contrario es buscar el amor, buscar sinceramente la verdad que habita en el corazón. Y no es una metáfora, es la verdad.

María Elena Araujo Torres