De abuelos a padres: Cuando se cría a los nietos PARTE 1

De abuelos a padres: Cuando se cría a los nietos en medio de la pobreza (PARTE 1)

Foto: Gustavo Baüer

Algunos abuelos han tenido que hacerse cargo de sus nietos y hacerlos sus hijos, pero lo hacen bajo las precariedades y sacrificios más grandes

Al norte de Maracaibo, en la barriada Romulo Gallegos con sus calles llenas de tierra y monte hay muchas historias que contar, una de ellas habita tras una fachada de latas pintadas con cal, que dejan ver la humildad del hogar que hay detrás de ellas.

Juana Torres es el nombre de la protagonista, tiene 51 años de edad, cuatro años desempleada, y un nieto al que criar, pues la muerte le arrebató a su hijo, y a ese pequeño a su padre. Durante años trabajo para una empresa textil, que le daba el sustento diario, pero hace mucho dejó de ser así.

Hoy, una pequeña máquina de coser le hace compañía en la sencillez de su sala, sus manos le dan fuerzas para idearse una alternativa, ha comenzado a confeccionar tapabocas para vender, con eso se ha ayudado en los últimos meses para medio satisfacer sus necesidades y así ha estado durante este tiempo remiendo su corazón, ropa y tristezas.

Foto: Gustavo Baüer

“Aquí en mi casa, medio ayudándome con la maquinita, pero no caen costuras como antes, ahora solo arreglar y a veces pagan es con productores porque efectivo no hay, no se consigue mucho. Hay trabajo, pero escaso”, dijo la señora Juana Torres.

A Juana hace tres años la muerte le dio una bofetada y le quitó a su hijo. Desde entonces le tocó criar a su pequeño nieto, quien temeroso ante la presencia de extraños sonríe algunas veces mientras su abuela da el testimonio de cómo ha sido criarlo.

Foto: Gustavo Baüer

“Es como al principio con mi hijo, como si lo hubiera parido yo, él dejó cuatro, pero yo tengo uno solo. Criarlo es gratificando, pero la situación es terrible para mí”, dice Juana mientras unas lagrimas se dejan ver, pues su mirada está incesante hacia cocina que con sus pocas cosas luce limpia y ordenada, pero no hay reservas, está vacía. Ni Juana, ni su nieto tienen para comer. Juana rompe en llanto y su nieto le abraza por detrás, él sabe lo que pasa.

Foto: Gustavo Baüer

“Hoy no tengo nada para darle a él, hoy si que no tenemos nada. Ayer arreglé un pantalón y me dieron un arroz y eso fue lo que cenamos. A veces no tenemos para comer, es de vez en cuando, no es todos los días, desearía que se acabe la pandemia rápido para conseguir un trabajo porque esto es muy duro”, dice Juana mientras se quiebra.

Algunas noches en esa pequeña casa se libran dos batallas: una, repeliendo los zancudos que amenazan durante la oscuridad en la zona, pero cuando las manos se cansan de agitarse el estómago da el ultimo aviso y si no hay comida toca disfrazarlo con un vaso de agua.

Foto: Gustavo Baüer

Para ella es importante la educación de su nieto, con sacrificio acude a una escuelita de la localidad y a diario repasa junto a él la lectura y matemáticas mientras alguien suene la lata que tiene como puerta por algún ruedo de pantalón que agarrar.

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Luis Fernando Herrera

Fotos: Gustavo Baüer

Noticia al Día