Crónica: Desafiando al COVID-19, cuando el miedo sale del juego

Crónica: Desafiando al COVID-19, cuando el miedo sale del juego

Foto: Agencia/ Referencial

¿Alguna vez te has preguntado a dónde van a parar los tapabocas desechables que tiras a la calle?, este fue un insólito caso de su reutilización en Maracaibo.

Un fin de semana cualquiera, como cada 15 días, salgo de la seguridad de mi hogar a realizar las compras, las cuales por cuestiones de economía me hacen caminar por más de dos horas para buscar los precios «menos caros», porque la afirmación «más baratos» salió de mi vocabulario hace un buen tiempo.

Mi ritual sigue siendo el mismo cada quincena, me preparo para salir de mi encierro, por temor al virus. Aunque más de 300 días han pasado, le guardo el mismo temor al contagio, al tratamiento, a las complicaciones y a contagiar a mis familiares.

Me pongo mi tapabocas y me lanzo al ruedo, ese día fui primero por la carne, me sorprendió la cantidad de gente en la vía, no se si fue por la extensión de la semana de asueto o porque la necesidad también los alentó a salir, solo sé que en la Vía a los Bucares, los establecimientos estaban a reventar, carnicerías, verdulerías y hasta licorerías, algo muy sorprendente en pandemia.

Cerca de las 8: 00 am ya esperaba mi turno para pagar los tres kilos de carnes que pasaban los 10 millones de bolívares. Mientras esperaba en la fila, una confrontación en la puerta llamó mi atención.

«Yo solo voy a comprar un kilo de huesos rojos», gritaba iracundo un señor en la entrada de la carnicería, ese era su argumento para que el portero lo dejara pasar sin tapabocas al establecimiento.

Sin embargo, su entrada no fue permitida, tres personas incluyendo al gerente le explicaban que sin tapabocas no podría ingresar al establecimiento, y que para cuidarse ellos y a los demás clientes prohibían la entrada sin mascarilla. El señor lanzó una serie de maldiciones al aire y se retiró.

Diez minutos después, con mi factura en mano me dispuse a salir del local, cuando otro hecho encendió las alarmas en mi cerebro, el mismo hombre de hace un momento, recogía del suelo, justo al lado de un basurero, un tapabocas azul, de esos quirúrgicos, lo sacudió observándolo detenidamente y desde el otro lado de la calle aún se leía en sus labios palabras de descontento.

En solo unos minutos, ese tapabocas que recogió del piso pasó a otra vida, el sujeto se lo ajustó al cuello y sin más, partió de nuevo rumbo a la carnicería. El asco se apoderó de mi cuerpo y en mi mente revoloteaba la pregunta: «¿Será que ya no le tienen miedo?»

En las redes sociales se publican muchos videos donde las personas justifican su entrada a un local sin tapabocas en medio de la pandemia, jamás pensé que estaría tan cerca a una de esa situaciones en Maracaibo,  y  la reacción es exactamente la misma que en otras latitudes, negación a la norma y la confrontación con los empleados, haciendo a un lado las complicaciones a su salud.

El uso del tapabocas es la principal medida de bioseguridad aceptada por la OMS para el cuidado contra el coronavirus, pero con el paso del tiempo y la pandemia a cuestas, las personas dejan su salud a la suerte y el desacato puede llegar a ser perjudicial para toda la población.

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Any Vargas

Noticia al Día