Correr a los 42 años: "Nacimos para contar la vida y triunfar en ella”.

Correr a los 42 años: «Nacimos para contar la vida y triunfar en ella”.

 

“Me llamo José Trino  Polanco. En líneas y con mis zapatos de correr puestos les contaré  mi historia”.

“Como buen zuliano acostumbraba a cenar  tarde todos los días, eso fue suficiente para que un día pisara la sala de emergencia de un hospital. El médico que me atendió  dijo que tenía una  congestión digestiva,  que debía hacer dieta, ejercicios y por supuesto cambiar mi estilo de vida”.

A partir de esa situación que vivió  ese día, Polanco no paró  en  su  afán de buscar lo que lo sacaría de esa vida que estaba acabando con él. “Una mañana amanecí con la respuesta que me llevó a los 42 años de edad a trotar y recorrer las calles de la ciudad y mi amada Venezuela, hasta el día de hoy con 75 años.

Comenta que inició sus pasos inscribiéndose en un gimnasio (Sardy Ging),  bajo la dirección de Guido Sardy, quien estuvo un año bajo su asesoría; hasta que un amigo me recomendó que me  acercara al Polideportivo de Maracaibo, pues ahí se reunían un grupo de personas de la tercera edad, compuestos por profesionales de diferentes áreas,  dirigidos por el  profesor Rafael Merchaán (El Gordo). “Allí coseché   grandes amistades de las cuales aún conservo, cruzándonos entre calles y avenidas”.

Con ese grupo empezó  a trotar en las calles y en toda la zona universitaria, hasta que se presentó la oportunidad de participar en su primer maratón, con distancia de 10K en 1984; el trayecto era desde la  Casa del Maestro en la avenida  Dr. Portillo, hasta la Plaza Bolívar, ida y vuelta. “Llegué de último, pero aun así me sentía contento, triunfador, el calor del asfalto estaba en mi sangre. Me sentía joven y capaz de continuar, entendiendo que sólo era un inicio, porque había descubierto una nueva vida y una sensación de bienestar y optimismo sensacional”.

Polanco trabajó muchos años en el comercio de la  quincallería,  por lo que le  tocó recorrer Venezuela, especialmente los estados andinos, Aragua, Carabobo,  Lara y Zulia. Dice  que cuando le  tocaba viajar, lo primero que se le ocurría era meter sus implementos de trote en la maleta, porque  en cada  pueblo que llegaba sus zapatos de hacer deportes se activaban desde 6:00 am. “Trotar en las plazas y calles de cada pueblo que visitaba era otra gran proeza cumplida, porque combinaba mi trabajo y la actividad física. Yo puedo decir que he conozco mi país, al trote y en rueda”.

“Poco a poco y con mucha disciplina se fueron dando maratones,  casi todas las semanas, porque estaba lo que nosotros llamamos «La Fiebre»; casi todas las instituciones se motivaban y los promovían. Un día llegó a Maracaibo el amigo  coronel Graterol, a quien  también le gustaba trotar; nos invitó para una Súper Vivencia Militar en Caracas, a la cual  asistimos Hugo Márquez, Martínez Prato, Olivares, Oswaldo Duarte y yo. No lo creía, pero la constancia y disciplina fueron los elementos que trabajé para lograr cada meta”.

“Fue así que logramos inscribirnos en el 1er campeonato  por equipo,  y triunfamos; al año siguiente repetimos y volvimos a quedar campeones, pero esta vez nos recibieron como héroes en el Zulia, por la hazaña  alcanzada”.

Para este soñador del trote cada triunfo fue un  estímulo,  seguir y seguir  tocando la meta, por lo que decidió  inscribirse  en El Maratón de 42K en Caracas, patrocinado por Industrias Polar,  participando  por tres años consecutivos, con excelentes posiciones en cada final.

“La fiebre y la adrenalina no paraba en la sangre, entonces me inscribí en  el 1er Maratón Ciudad de Maracaibo, con distancia de 21K, pasando mi amado  Puente Rafael Urdaneta, el cual   he cruzado  por 16 años sucesivos. También  asistí al primero y único Maratón de 42K,  realizado en Maracaibo”.

Cuenta que un día su hija mayor, María José, residenciada en La ciudad de Maracay, quien también práctica carrera de largo aliento y la natación, lo  invitó a una caminata de 48K en  San José, saliendo del Parque Las Cocuizas, montaña arriba, hasta La Colonia Tovar, acompañado por ella y su hijo menor Carlos Trino Martín, lo que él denominaría “Padre, hijo y Espíritu Santo”; allí llegó entre los primeros. Luego participó  en La Caminata de la Virgen del Carmen en  Choroní de 33K, montaña arriba.

José Trino Polanco manifiesta que narra esto para que otros lo cuenten, porque su esposa, hijos, nietos y su trote es lo mejor que le ha sucedido en la vida, pues le  ha permitido educarse y ser constante.

Un día se detuvo frente a una  pared de su  casa donde lucen varios títulos universitarios: el de su esposa Idexa, como Educadora, los de sus hijos de Ingenieros Agrónomos, Abogada, y Administrador Aduanero,  todos profesionales pero faltaba el de él;  así que decidió  sacar el  bachillerato, aunque sabía que podía llegar más lejos, por lo que decidió  inscribirse en la Misión Sucre, para estudiar  Derecho, la cual terminó en cinco años exactos su carrera, sin desfallecer un sólo día, “hasta que logré mi título universitario de Abogado  de la República Bolivariana de Venezuela, a mis 70 años. Ahora mi título está adornando la pared de mi hogar al lado de los de mi hermosa  familia y mis zapatos siguen al trote por las calles de Maracaibo, hasta que Dios me lo permita, porque nosotros nacimos para contar la vida y triunfar en ella”.

Silvia Barboza

Periodista