Odio a mi madre: Una cruel realidad

Odio a mi madre: Una cruel realidad

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En cada familia hay cuentos oscuros. Hay verdades que se callan para siempre. Son mas de lo que se piensa las familias cundidas de odios, pleitos y enemistades insalvables.

Uno de esos odios inexplicables es el de madres a hijas e hijas a madres. 

Los psicólogos abundan en ese tema desde el siglo pasado.

Para muchas personas, al sentarse en el sofá del terapeuta, la pregunta ¿cómo te la llevas con tu madre! abre una ventana a pasadizos secretos donde los trabajadores de la mente y los traumas consiguen respuestas a dolencias insólitas como mareos  y convulsiones.

Sobre el tema, El país de España https://elpais.com/ señala en un reportaje titulado «Síndrome de la progenitora tóxica» señala:

Es un tabú de nuestra sociedad aceptar que hay madres que no quieren a sus hijas, pero es más real y frecuente de lo que nos gustaría reconocer. Como todo aquello que nos resulta difícil de aceptar y digerir, tendemos a negarlo. Pero existen, vemos a sus víctimas en consulta, peleando por llenar un agujero negro de infelicidad que arrastran desde la infancia y que en la mayoría de las ocasiones, ni siquiera es consciente, porque duele nombrarlo.

La madre tóxica es una mujer que ha llegado a la maternidad por caminos poco deseables, por convencionalismos, porque así estaba diseñado su guion de vida, porque eso es lo que de ellas se esperaba. Renegar de la maternidad o simplemente ejercer el derecho a no serlo, no era, ni es, algo aprobado por la sociedad. Aquellas mujeres que han decidido libre y abiertamente no ser madres han sido miradas con recelo y suspicacia por la mayoría de su entorno. Siempre. Incluso ahora. Hablamos de una minoría valiente y coherente que decidió por sí misma cual era su voluntad y su camino. Muchas otras sin embargo, aceptaron gestar, parir y criar como algo inevitable. No es tan extraño entender, que algunas de aquellas hijas, no solo no fueran amadas incondicionalmente, sino percibidas como una molestia, un obstáculo, una rival e incluso una proyección de aquello que ellas hubieran querido ser.

En otro reporte de El país se consulta a una psicóloga experta:

Gemma Cánovas, psicóloga clínica y psicoanalista y autora del libro El oficio de ser madre, explica que en el fondo «muchos choques entre madre-hija tienen un componente psicológico y social, la madre ve reflejada en la hija su propio ideal, existe el riesgo de que la madre quiera reparar a través de la hija ciertos conflictos propios y la hija responde en base a ciertas expectativas conscientes e inconscientes frente a ello». ¿Y cuándo se produce esa época de choques? «Los conflictos o fricciones pueden frecuentemente emerger en dos etapas: en la primera infancia, de tres a cinco años, y en la pubertad-adolescencia. Son periodos en que se pone de relieve la diferencia, la propia identidad, fases en ese sentido vulnerables emocionalmente. La etapa denominada de latencia, que se extiende desde los seis a los 11/12 años, es más tranquila en este aspecto, ya que las energías se centran en el estudio y los juegos», explica Cánovas.

Thom Cruz