Se cumplen dos años de la muerte del libretista Fernando Gaitán creador de la novela "Betty La Fea"

Hoy se cumplen dos años de la muerte del libretista Fernando Gaitán, creador de «Betty La Fea» y de «Café con Aroma de Mujer»

El reconocido libretista bogotano Fernando Gaitán deja un gran legado de exitosas producciones de televisión como ‘Yo soy Betty, la fea’, ‘Café con aroma de mujer’ y ‘Hasta que la plata nos separe’.

Su deceso, según amigos cercanos y familiares, se produjo a causa de un infarto en la Clínica del Country, en el norte de la capital, el 29 de enero de 2019.

La televisión: un objetivo de juventud

Una de las primeras ideas de Gaitán, cuando tan solo tenía 22 años, fue la posibilidad de poner la literatura al servicio de la televisión, luego de que fuera posible hacerlo con el periodismo. Su premisa era elaborar dramatizados que tuvieran como base central los métodos del periodismo, la investigación, la crónica, el reportaje.

En 1983 empezó a leer libretos de otros escritores, especialmente los de Bernardo Romero. «Présteme unos libretos para ver cómo se hace esa vaina», le dijo. Poco después estudió técnica de libretos y empezó a hacer comedias. Los nombres de esos trabajos hoy no dicen mucho: ‘Los de al lado’ y ‘El agente viajero’.

Cuando arrancó a hacer libretos, nadie le creía. Con un fulano de 22 años nadie podía arriesgar los dolorosos costos de una producción. Eran épocas en que ninguna programadora estaba para grandes inversiones. Sólo cuando escribió ‘Azúcar’, junto a Mauricio Navas, supo que las cosas habían dado un viraje del escepticismo al optimismo.

Su esquema concordaba con el estilo que entonces se imponía en la televisión colombiana: historias de regiones a las que nunca llegaba literatura. Y Fernando Gaitán, el célebre escritor de ‘Café’, jugaría, a partir de ahí, con esos elementos.

«La literatura colombiana no es como la de los Estados Unidos que, sea buena o mala, abarca todos los temas y lugares. En nuestro país eso no ha sucedido. Aquí los escritores se han engolosinado con temas como la violencia, en la época que se instauró el Frente Nacional, y después con la onda caicediana en la que brillaban los bares y la vida nocturna de las ciudades. Para un libretista es un problema porque necesita abordar ciertos temas, pero encuentra que en la literatura no existen», comentó alguna vez.

 

Café: la novela que contó el producto emblema de Colombia

Al preguntarle qué tipo de temas eran esos, Gaitán le dijo a este diario: «Con Café. Fue increíble encontrar que sobre el producto más importante del país no existían recreaciones escritas. De La Guajira (él escribió Guajira) sólo había una novela: Cuatro años alrededor de mi mismo. Y, lo peor, las que hay generalmente son temas viejos que nada tienen que ver con la nueva realidad».

Sobre ‘Café con aroma de mujer’, Gaitán recordó que fue una idea de los directivos de RCN que querían desarrollar un tema que girara en torno al grano.

«Yo tenía una historia que duró guardada en un cajón por tres años. El problema, como ya estaba el tema, era encontrar una historia de amor y la hallé en la oposición de clases que hay en el Eje Cafetero: familias poderosas de mucho linaje frente a otros que no se sabe de dónde vienen, que son parias y que no tienen tierras. Ahí vi que podría ubicar a un personaje de aquí y a uno de allá», recordó.

Muchos años después, de ser testigo de los que significó esta novela en su prolífica carrera, Gaitán agregó: «Café es una historia tradicional, si se quiere la de una cenicienta, que fue importante por el manejo del contexto y del personaje femenino, una mujer que maneja su vida por iniciativa propia. Su horizonte va más allá del amor, no como otras que tienen como fin la aparición del amor y del galán que la rescata. Gaviota era una mujer de los 90: bien si aparece el tipo chévere, o si no, voy a surgir igualmente».

Si hubiera que encontrar un rasgo característico en la narrativa televisiva de los personajes de Gaitán, ese sin duda fue la manera como reflejó el universo femenino, tan poderoso en su pluma.

‘Gaviota’, la recolectora de café que se robó el corazón de los colombianos, rompía el estereotipo tradicional de la mujer de telenovela “llorando frente a un lavadero”.
“Ella era una berraca, trabajadora, que pensaba que si el tipo funciona, bien; o si no, hasta luego”, contaba Gaitán.

Y agregó: «Cuando ‘Café’ estaba al aire también lo estaba ‘Señora Isabel’, de Mónica Agudelo, una libretista, la mejor, con la que tenemos factores comunes horribles. Mi historia contaba la de hombres atemorizados por las mujeres y la de ella era la historia de mujeres atemorizadas por sus hombres. Mónica cuenta las historias desde adentro y yo también, porque los hombres ven mis novelas».

Cuando este diario le preguntó, en una conversación en 1998, si vislumbraba una segunda parte de esta telenovela, el libretista dijo: “Fernando Gaitán tiene a Café como su apellido de casado. Tengo una lápida encima. La gente piensa, cuando escribo una historia, en otra similar y esa es una historia que nunca voy a repetir. Muchos libretistas me dicen que esa historia la debí haber escrito a los 60, pero tengo 38 y me falta mucho por hacer. Superar Café no es mi intención. Esa es la hija mayor que se graduó y se fue de la casa. Cuando la miro, ya no la siento ni mía”.

Colombia transitaba entonces una época marcada por el terrorismo y claro, Gaitán tenía claro que ese era un tema que se podía trabajar en este formato.

“Yo soy una analista juicioso de la violencia en Colombia y es innegable que el país esta atravesando una situación bastante dura, por eso es hora de mostrar otra alternativa y vernos en ese otro espejo que también somos: dilemas con la profesión, con la familia, con el amor. Nosotros los colombianos seguimos llevando una vida por encima de la violencia. Igual pienso que la TV debe mantener un nivel de denuncia permanente”.

Amor y humor: ingredientes centrales de una buena historia

Al hablar de su oficio, Gaitán no dudó en poner el “amor” y el “humor” por encima de cualquier ingrediente adicional para “echar un buen cuento”.

“Una buena historia se presta para todo, pero lo básico es contar una de amor. Debe haber divertimento, su dosis de humor, para mí es inconcebible que los personajes no tengan humor y, obvio, un conflicto porque perdería su carácter de telenovela. Quiero que la gente asista con mis historias a un espectáculo donde la gente ría y sufra, como en un parque de diversiones”, contaba.

Por el contrario, el libretista decía que no le gustaban muchos las historias “depresivas, oscuras y sombrías”. “Mis historias siempre tendrán esa luz”, recalcaba.

Sobre otra de sus «hijas más entrañables», Beatriz Pinzón Solano dijo: «Betty es el juego de la vanidad femenina a través de una muchacha fea que trabaja en una empresa. Esta vez el tema es la vanidad de las mujeres».

 

 

El Tiempo