De Interés:  Broncemia (María Araujo)

De Interés:  Broncemia (María Araujo)

Etimológicamente broncemia  significa «acumulación de bronce en la sangre” y las personas que la padecen, a medida que pasan los años, se invaden con bronce, se creen próceres y sueñan con su estatua instalada en el patio de alguna plaza o sitio público. Así  conceptualiza el doctor Dr. Enrique Sicardi Aragón, este término que suena y se lee como un tanto extraño para el dialecto común y corriente de los hablantes hispanos.

Llama también la atención que la susodicha “enfermedad” es bastante vieja si tomamos en cuenta a quienes la han padecido desde centurias atrás. Refiere Wikipedia que:  “Broncemia” no es una nueva enfermedad sino un nuevo nombre con el que se conoce a una dolencia que existe desde el inicio de la historia. Un personaje que la padeció y que destaca en las páginas bíblicas es Nabucodonosor, rey de Babilonia.

Refiere el escritor Octavi Pereña: La Biblia nos da un esbozo de su enfermedad: “Paseando (Nabucodonosor) en el palacio real de Babilonia, habló el rey y dijo: ¿No es esta la gran Babilonia que yo edifiqué para casa real con la fuerza de mi poder, y para gloria de mi majestad?” (Daniel 4:29,30). Parece que este histórico personaje tipificó la broncemia en su estado más puro, en contraste con la humildad que al parecer desconoció cuando vivió.

Esta conducta altiva fue bautizada como broncemia por el doctor en medicina y cirugía Francisco Occhiuzi. Cuenta el escritor antes referido que Occhiuzi describe este padecimiento mental como una patología que se manifiesta de manera notoria en los distintos ámbitos de poder: Quien padece “broncemia” o síndrome de creerse ser el número “1”, manifiesta el deseo de hablar mucho de sí mismo, escucharse sus excelencias que le hacer sobresalir de entre los demás. En su engreimiento no escucha porque se cree poseedor de toda la verdad. Esta divinidad encarnada, ¿por qué debe escuchar si ya lo sabe todo?

Pero la cuestión parece empezó desde mucho más atrás. Según la Ley de la Creación, la actitud o enfermedad inició cuando Adán y Eva quisieron ser iguales que Dios. Claro, en ese momento no se conocía con ese nombre. Podríamos especular que más bien se le conoció como pecado original, el pecado de la soberbia.

Cita el médico Miguel Ángel Santos Guerra: Aunque el doctor Occhiuzzi piensa que la edad más propicia para contraer la enfermedad se sitúa más allá de los cincuenta años, “he visto jóvenes profesores y jóvenes médicos, entre otros profesionales, con un proceso broncémico avanzado. Mirando a los demás por encima del hombro piensan que son más altos que nadie. Sí estoy de acuerdo con Occhiuzzi en que, aunque durante mucho tiempo la broncemia ha sido una enfermedad propia de varones, los avances indiscutibles del feminismo han propiciado que algunas mujeres se contagien con facilidad”.

Hace referencia a las etapas: Una ,“la importantitis” que lleva al broncémico a pensar que nadie hay superior a él y otra “la inmortalitis” que hace que se considere merecedor de tener una estatua de bronce que haga eterna su memoria.

Se han visto y se ven casos. Fernanda Alvares, escribió en Diario El Popular, de Argentina, que en una charla ofrecida por el médico Occhiuzzi  hizo referencia que no todo está perdido para quienes están afectados por esta enfermedad cuyo concepto no aparece en los diccionarios: El tratamiento de la broncemia es difícil, hasta dicen que es incurable. Pero poder darte cuenta ya es un paso. Que los aplausos no te sumen gramos de bronce adentro, que no te envanezcas ni te vuelvas narcisista porque te aplaudan. Se puede lograr con gente joven.

Pero la enfermedad no solo afecta a colegas del médico, según sentencia de la articulista que lo entrevista luego de su charla. “Si el lector llegó a esta altura de la nota y cree que esto le afecta solo a los médicos, está equivocado. Muy equivocado. La broncemia afecta a intelectuales, empresarios, políticos, abogados. Y, por supuesto, a los periodistas”. Sin nada que agregar.

María Elena Araujo Torres