Un año mas de La tragedia de Vargas: El día cuando la lluvia dejó de ser una bendición

Un año mas de La tragedia de Vargas: El día cuando la lluvia dejó de ser una bendición

 

No es frecuente que las lluvias se presenten a finales de año en el litoral central de Venezuela. Por lo general noviembre y diciembre son calurosos, secos y de lluvias escasas a lo largo de sus 4.5 kilómetros de costas y 32 playas. Sin embargo, el domingo el 28 de noviembre de 1999 una inusual y premonitoria llovizna comenzó a caer desde tempranas horas de la madrugada y continuó, con ritmo pertinaz, hasta el amanecer.
No solamente el estado Vargas recibió la visita inesperada de ligeras lluvias aquel 28 de noviembre de 1999. En otras regiones del centro y occidente del país, como en Yaracuy, Miranda, Aragua, Carabobo, Falcón y Zulia ese mismo visitante había hecho un inusual acto de presencia. En todos esos estados se consideró un fenómeno climático al que no se le prestó real atención, ni hubo ningún tipo de elucubraciones al respecto.
Lo que muchos no imaginaron es que el espeso nubarrón que comenzó a cubrir al litoral central desde ese 28 de noviembre, sería apenas el comienzo de una larga saga de precipitaciones interminables que dejaría una huella cruenta a las dos semanas siguientes. Eran los prolegómenos de un fatal suceso que a veinte y un años de ocurrido pocas personas desean recordarlo.
UNA INOCENTE “GARUITA”
En los últimos dos días de noviembre la llovizna era tenue, intermitente y a ratos cedía, pero se reanudaba cuando menos se esperaba. Para algunos habitantes del estado Vargas se trataba de una inocente “garuìta” que había llegado para limpiar todo lo malo que había acontecido durante el año que estaba por terminar.
Otros, en cambio, pensaron que se trataba de una inoportuna precipitación que provocaría molestias justo en el inicio de mayor actividad comercial por la temporada de navidad que apenas comenzaba. Los comerciantes estaba ansiosos por ver compradores en sus establecimientos, por lo que el advenimiento de una lluvia no era para ellos ninguna bendición.
Al El Rey del Pescado, un establecimiento de venta de comida y víveres de larga data que funciona en la avenida Boulevard de Naiguatá, los clientes llegaban para realizar sus compras, unos ataviados con sobretodos impermeables y otros llevando sus paraguas. Una vez en el interior del local, ya resguardados de la lluvia y con sus ropas pringadas de agua, comentaban con desagrado la molestia de caminar o conducir sus vehículos de un sitio a otro por calles anegadas.
El sol no brilló en esos dos días, como tampoco lo haría durante los 17 días siguientes, pues unas nubes calamitosas pasaron a dominar el cielo del estado Vargas desde Macuto a Naiguatá, desde Catia La Mar a Maiquetía. En la primera semana de diciembre la caída del agua apartó su intermitente ritmo para precipitarse en forma más intensa. Los amantes del sol playero sentían que sus intenciones de pasar la navidad con los rostros y cuerpos broceados podrían quedar frustradas.
El domingo 5 las lluvias arrecian y, al filo de la tarde, se reporta un deslizamiento de tierra en la autopista de Maiquetía que provocó el derrumbe de 220 viviendas y el fallecimiento de tres menores que mueren tapiados. Defensa Civil ante esta situación declara el Estado de Emergencia en el área, no obstante las autoridades oficiales hacen caso omiso al alerta del mencionado organismo.
El lunes 6 de diciembre, el Servicio de Meteorología de la Fuerza Aérea de Venezuela abría la semana emitiendo su acostumbrado boletín, tal y como lo venía haciendo desde el comienzo de las lluvias. “Con base a los análisis de las diferentes cartas e imágenes satelitales – indicó ese día – una situación meteorológica adversa afecta el Litoral central por el desplazamiento de una línea nubosa en el área norte costera del país, producto de una dorsal anticiclónica que ayudó al ascenso del aire y obligó al aire húmedo a ascender”.
El mencionado servicio de la Fuerza Aérea Venezolana agrega en su boletín, que en el estado Vargas las precipitaciones habían alcanzado ese 6 diciembre un acumulado de 250 mm, sin embargo, olvida mencionar que faltaban solamente 30 mm para alcanzar el máximo nivel histórico.
Transcurre esa semana y las lluvias siguen constantes y con los mismos fuertes signos de intensidad de la semana anterior. Si bien la situación era casi idéntica en Zulia, Falcón, Aragua, Carabobo, Miranda y Yaracuy, en el estado Vargas estaba causando enorme preocupación y estragos en zonas pobladas. Nada más en Maiquetía había caído 293 mm de lluvia hasta el lunes 13 de diciembre.
En el Palacio de Miraflores, el presidente Hugo Chávez – quien cumplía ese diciembre apenas un año en el ejercicio de su cargo – sentía inquietud por los reportes que llegaban a sus manos en torno a esa suerte de diluvio tropical que estaban anegando a más de siete estados del país. No obstante, su mayor preocupación era la convocatoria del referéndum aprobatorio de la Constitución de 1999 que había impulsado y que debía realizarse el miércoles 15.
El presidente abrigaba temores pues, de persistir la rebeldía de las lluvias, como en efecto estaba ocurriendo, impedirían que la participación a la consulta electoral no contara con el suficiente número de votantes para una legitimación verdadera.
«Si la naturaleza se opone, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca”, dijo el fallecido presidente Chávez parafraseando a Simón Bolívar el día previo a la mencionada convocatoria electoral, la cual fue finalmente aprobada pero con una abstención del 56,5 por ciento.
Ya en la víspera del referéndum, el ministro del Interior, Ignacio Luis Arcaya, manejaba cifras alarmantes acerca de los efectos que estaban dejando las lluvias a su paso. Destacó que hasta ese momento había un número parcial de 18 muertos en todo el país, 5.000 damnificados y 50.000 personas afectadas directamente por las lluvias. Defensa Civil, por su parte, aseguraba que ocho estados del país estaban en situación de emergencia, mientras que en el estado Vargas se había registrado más de 10 muertos tras una semana de lluvia.
EN VARGAS LAS PIEDRAS SE HICIERON RIO
El miércoles 15 de diciembre, el Consejo de Ministro declara ante del mediodía el Estado de Emergencia en el Estado Vargas. En horas de la noche, poco antes de que el presidente Chávez anunciara el resultado del referéndum constitucional, el suelo de la serranía del Litoral, debilitadas por la erosión, no resiste el embate continuo del agua y empieza a abrir sus fauces. Las piedras y las rocas se desprenden con facilidad por los efectos de la crecida de los 22 ríos y 30 riachuelos. Algunas de esas rocas y piedras habían estado inmóviles durante cientos de años.
A este aluvión de piedras y rocas enormes se unen gruesas masas de lodos que en conjunto comienzan a descender con velocidad irrefrenable por las estrechas quebradas y laderas. La fuerza del aluvión produce un sonido vibrante, casi ensordecedor, el cual anuncia de manera pavorosa a los pobladores que habitan en los alrededores que ya no pudo resistir más la furia de las impetuosas aguas. El sonido se produce por la velocidad del alud cuando a su paso arrastra con la vegetación, desperdicios metálicos, enseres domésticos desechados y objetos de plásticos contaminantes que encuentra a su paso y que estaban en los lechos de los ríos. Toda la serranía tiembla por la presión inaudita del agua.
La furiosa corriente al desembocar en las playas destruye en pocas horas edificaciones y arrastra árboles, carros, autobuses. Las casas quedan a merced de la corriente y el lodo las cubre hasta los techos. La población de Carmen de Uria es una de la más afectada, toda vez que en esa primera noche la furia de la montaña se llevó más de 200 casas consolidadas y cerca de 500 ranchos. Las calles desaparecieron y un manto de lodo marrón cubrió toda la zona poblacional. Debajo de los escombros y de la tierra, que en el momento de la tragedia se había convertido en lodo, se encontraba, y aún es posible que se encuentre, un número incontable de personas que quizás no pudieron salir de sus hogares. 
Al amanecer del 16 de diciembre la claridad de un sol que finalmente se asoma, desvela un panorama desolador en gran parte del estado Vargas. Desde Carayaca hasta Caruao se observan los estragos de la vaguada. En unas poblaciones el impacto ha sido menor, pero en otras, como el caso de Carmen de Uria, los efectos son sumamente terribles. Ese mismo jueves 16 de diciembre se produce un segundo derrumbe y la vaguada embiste de nuevo contra Carmen de Uria para asestarle una estocada final, pero también entierra con piedras y lodo a otras poblaciones como Cerro Grande, en Tanaguarenas y a Los Corales, dejando igualmente cifras lamentables de muertos y desaparecidos.
El sábado 18 de diciembre las lluvias comienzan a disminuir y se van extinguiendo en la medida que la luz sol comienza a envolver los nubarrones grises. El siniestro saldo dejado por la vaguada es de 3.700 hectáreas afectadas por la gran avalancha de lodo, piedra y sedimentos producidos.
Hasta la fecha no se ha precisado con exactitud las cifras de muertes que dejó la tragedia de Vargas. Se suele asegurar que “entre 7.000 y 30.000 personas perdieron la vida en el desastre natural, pero organizaciones internacionales afirman que la cantidad es el triple de la mostrada.”(1). Lo cierto es que muchas personas aún continúan desaparecidas, seguramente sus cuerpos se perdieron en el mar o yacen bajo los suelos de las urbanizaciones de Los Corales, Macuto o Carmen de Uria.
CEPAL-PNUD: Los efectos socioeconómicos de las inundaciones y deslizamientos en Venezuela en 1999, Sede subregional de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), México, D. F. 2000.

Vinicio Díaz Añez