La farsa del 6 de diciembre y el rol de los estudiantes (Por María Elena Parra)

La farsa del 6 de diciembre y el rol de los estudiantes (Por María Elena Parra)

Desde el 2017, con el quiebre inminente del orden constitucional en nuestro país, los jóvenes venezolanos entendimos que ya no existe ruta electoral posible. Desde ese momento hasta la fecha nos hemos articulado para luchar contra una dictadura que ha secuestrado todas nuestras instituciones; que ha secuestrado el presente y el futuro de Venezuela.

Es una realidad que la bancada opositora cometió errores, unos más garrafales que otros, pero desde la elección de 2015, cuando los venezolanos decidimos salir del Socialismo del Siglo XXI usando el poder legislativo como arma, el parlamento fue asaltado por el Tribunal Supremo de Justicia, quien asumió prácticamente todas sus competencias o boicoteó la mayoría de sus decisiones quebrantando el Estado de derecho y desvirtuando todo el aparataje público del país.

Ahora, en 2020, el país se agita ante una contienda electoral. Esa, la del 6 de diciembre donde se pretende renovar el poder legislativo, a través de un proceso fraudulento y con candidatos que están totalmente desconectados de la realidad de nuestro país y de las necesidades actuales de nuestra gente.

Además, donde los partidos presuntamente opositores que van a participar no responden al génesis de su función, sino que solo le buscan dar un cheque en blanco al régimen.

De más está decir que vivimos en una dictadura donde se violentan todos los derechos humanos y donde día a día mueren miles de personas por culpa de la negligencia o las decisiones política del régimen. También es verdad que tenemos un sistema electoral fraudulento, donde la trampa está a la orden del día y los derechos políticos de nuestros ciudadanos son altamente vulnerados por quienes nos oprimen.

No existe ruta electoral posible porque en Venezuela no hay democracia, ni derechos, ni libertades, ni gobierno, ni legitimidad; solo tenemos una cantidad enorme de activistas, de defensores de derechos humanos y de ciudadanos tratando de sobrevivir, con jóvenes que hemos entregado nuestra vida a recuperar la nación. Algunos incluso murieron en el proceso y los llevaremos por siempre en nuestros corazones.

El país adolece y nuestros ciudadanos mueren. El país se sumerge en la inseguridad y la desesperanza y nuestras universidades cierran. Venezuela perderá la única institución legítima que la queda y la comunidad internacional guarda silencio diplomático.

Pero no todo es gris. Aunque perdamos completamente la legitimidad institucional, veo cómo la sociedad se agita para una transición democrática, donde los estudiantes vuelven a tener un papel histórico, donde la iglesia comienza a fijar posiciones más firmes y donde las universidades empiezan a ser luz para toda Venezuela.

No somos un país de guerra. Somos un país de ciudadanos en condiciones deplorables, con servicios públicos carentes y sin garantías de nada. Los defensores de derechos humanos, los académicos y los líderes genuinos somos el verdadero peligro para la dictadura porque tenemos el valor de levantar nuestra voz y denunciar aunque nuestras vidas estén en riesgo cada día.

El rol del movimiento estudiantil sigue su curso para que nuestros jóvenes caídos en cada protesta por fin puedan conseguir la paz y para que no muera ni un estudiante más; ese estudiante que va a luchar por reconstruir una nación para todos con igualdad de condiciones.

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María Elena Parra