De cómo doce niños juegan a la vida en una casa sin techo

De cómo doce niños juegan a la vida en una casa sin techo

Foto: Gustavo Baüer

Una fachada desteñida nos hace imaginar la alegría que debió haber dentro de esa casa el día que la pintaron por última vez. Rojo y verde, ninguno de los que allí vive recuerda cuando fue.

Hasta el nombre de la calle es de novela, Nueva Venecia, ubicada muy cerca de la antigua cervecería Zulia, esta casa no es más que es otra pared que se derrumba en el barrio El Empedrao, de la parroquia Santa Lucia.

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Hasta hace aproximadamente quince días eran diez los niños que vivían en la casa marcada con el número 89/29, entonces la mamá de cinco de ellos salió al hospital a parir y regresó con gemelos. Parió la cochina, dicen en el dominó cuando sale el doble seis. Ahora son doce niños y tres adultos, quince personas en un casa que hace rato perdió las eneas que le servían de techo y donde los que allí viven andan pegados a lo que queda de paredes peleándose una sombrita mientras el sol cumple su cometido.

La vida de esta gente no cuadra con lo prometido por la revolución bonita de Hugo Chávez, ni siquiera le llega cerca al “futuro seguro” de Omar Prieto. De ser un barrio modelo Santa Lucía es ahora abrigo de vecinos solidarios donde a veces solo se tiene la compañía del otro para apaciguar el hambre y las necesidades más inmediatas, sin faltar el facineroso que solo sirve para infundir miedo, porque más terror no se puede.

Entrar en esta casa no es como abrir el closet de Narnia o atravesar el espejo de Alicia, aquí la miseria acompaña al desorden, al desgano y al sopor del que no tiene ni una pizca de esperanza. Son doce niños que juegan a la vida con el caparazón de una nevera vacía en el medio de lo que fue la sala, y se sienten Rambos cuando atraviesan el tendedero de ropa que ocupa el espacio donde una vez estuvo la cocina. En una de las dos únicas piezas con techo están los que por el día de hoy tienen comida segura: los gemelos Isaac y Oduver a quienes su madre les amamanta delante de un ventilador que sopla aire caliente y triste, hoy sólo hubo desayuno para el resto de los niños, los demás esperan lo que Dios disponga para ellos. No hay para más, las ollas negras están boca abajo.

Fotos: Gustavo Baüer

 

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Texto y fotos: Gustavo Baüer

Noticia al Día