Orlando Atique, actor redivivo

Orlando Atique, actor redivivo

 
 
Orlando Atique. Gran Actor, pero sobre todo una gran persona que tuvimos la suerte de conocerlo y compartir con el, su gran amigo Alexis Blanco, le dedica esté escrito.
 
Azuladas pupilas en las últimas líneas del tercer acto enfocadas…Rostro hace dos horas pertinente maquillado frente al espejo siempre ávido en su revisarse. “En escena el hábito sí hace al monje” y mientras la forma se uniforma la sustancia, gestos y palabras, adquiere resonancia de fulgurantes sesiones de meticulosas repitencias. Es una disciplinada renacencia de cada letra en escena para que relumbre la persistencia de la perfección. Ensayo permanente del quehacer en cada escena, incluso antes y después de mostrarse en ella.
Todas estas letras que desde este instante asoman a su vida revivida permitirán al eximio maestro Orlando José Atique Flefil expresar su voluntad crítica hacia El Método de Actuación de Constantin Stanislavsky y sus meandros estéticos. Siendo que fue la poética del actor su inspiración crasa para componer sus distintos roles interpretativos bajo la dirección de Enrique León y como parte del gran elenco que llevó el nombre de Maracaibo hacia el Olimpo de los hacedores del oficio teatral. lLa Sociedad Dramática de Aficionados. Atique, sofisticado obrero de la otredad, Orlando nos regaló su vida hecha arte y juicio actoral. También forjado en la dialéctica del tigre y la exquisita juglaría urbana encajaría perfecto en personajes clave dentro de la poética teatral de León, La Poetización de Maracaibo.
Maestro de un selecto crisol de talento para la interpretación escénica, gente que lo recuerda con profundo afecto, ora en los liceos Yepes, Padilla o Guzmán Blanco, ora en los talleres de la misma SDAM, también en sus insólitos cursos de oratoria dictados para abogados y afines.
En escena sudaba y sudaba, luciéndose siempre con sus giros y salidas. En Picardías de Scapin, nuestro último montaje, tablado quedaba resbaladizo y generaba según decía un “efecto de atención agregada “ al que todos sus compañeros celebrábamos con júbilo en los camerinos.
Para mí es una canción conspicua porque nuestras rumbas se pasaban de teatrales porque no había otro tema de conversación que no fuese el teatro. Todo el teatro. Del bodevil al teatro de sordos o de sombras, de la Comedia del Arte al Gran Guignol, de Brecht a Pinter o a Pirandello o Strehlet. Del teatro iniciativo antiguo a las ceremonias de Grotowski, del Circo del Sol a la semántica de Cabrujas o Santana…Atique perfiló el personaje avatar de Aquiles Nazoa. Y el público reía y reía con sus gaga “marxistas” (más bien Grouchoskianos) en El Médico a Palos de Moliere o en aquella serie de TV Por puesto que escribía junto con Beto Parra para Nctv..
Mi gran compinche y cómplice perfecto, Orlando El Dulce después quizás El Furioso…In actor que se preparaba para siempre entrar en escena como una tromba, como un rayo esclarecido.El colega Humberto Márquez contaba la historia que yo mismo viví con Orlando, aun después de su último suspiro, una broma del teatro negro, un guiño inteligentísimo desde los brazos de La Parca..Escribí, en Facebook, a propósito de la fotografía que Lisbeth Becerra nos hizo, luego de un ensayo de Severa Vigilancia, la obra de Jean Genet que él nos ayudó a montar hace unos cuarenta años atrás…Entonces les dije que publiqué y Humberto recitó en Ciudad Caracas: “El llanto vino porque cuelga Alexis el performance del maestro nacido en Belén: “El día que falleció, a las 6 de mañana, supongo, un cuarto de hora después sonó mi celular. Cuando respondí, una cálida voz de mujer madura da los buenos días y pregunta: ‘¿es usted Alexis Blanco?’ y tras la afirmación pastosa prosigue, con premura profesional: Mi nombre es…., jefa de enfermeras del Hospital Universitario de Carabobo… Le estoy llamando de parte del señor Orlando Atique, hermano del director doctor José”, y me emocioné, le pregunto que cómo está mi cómplice actor durante más de dos décadas entonces, Orlando.
Pero no hubo respuesta del palestino porque siguió la voz de la enfermera: “El señor Orlando acaba de morir. Pero durante días me rogó que dijera, a quien estuviera de guardia, que una vez sucediera su último suspiro esperara 15 minutos exactos y marcáramos este número que, a la hora que fuera, usted iba a atender. Que le dijéramos que lo amaba mucho y que desde donde estuviera siempre tendría una historia para brindar con usted”. Tras terminar de leer la esquela, aguardó con solemnidad y respetó mi vastísimo silencio, y colgó, dejándome en un estado de coma emocional que aún no supero sino muy poco….”
Pero imagínenselo así: cara de loco archiconcentrado, profesional y ético con su oficio artístico, El Gran Maestro OJAF, bello en todas estas fotos que Juan Carlos Quintino me ha convidado para que las presente. Imagínenlo cómo Vicente Huidobro ebrio de luna por ese lago que adoptó como suyo azulada mente enfocado, lleno de público, respetable público, de esa forma muy por él mismo honrado y respetado. Un caballero del oficio sagrado de la actuación, otra luz de Belén que nos llegó para habitarnos….Ambos tuvimos ese maestro compinche, el poeta Blas Perozo Naveda, quien nos instigaba con sus traducciones del francés de las Letanías de Baudelaire que nosotros grabábamos , ebrios de vida.
Alexis Blanco