La verdadera historia del anillo de compromiso de Lady Diana

La verdadera historia del anillo de compromiso de Lady Diana y su protagonismo en ‘The Crown’

Foto: Getty Images

Una fría y luminosa mañana de febrero, Lady Diana Spencer y el príncipe Carlos de Inglaterra protagonizan un momento incómodo al conocerse en la Casa Amor del reality de citas Love Island, una especie de precursor británico de La isla de las tentaciones. Esta escena surrealista de charla forzada entre ambos royals está a años luz de la jerga incomprensible que suele pronunciarse en el programa.

Pero, claro está, no es que sus auténticas majestades hayan viajado milagrosamente en el tiempo, sino que se trata de los actores Emma Corrin y Josh O’Connor que, caracterizados como Carlos y Lady Diana para la cuarta temporada de The Crown, se dedican a entretener a todo el equipo entre toma y toma con una parodia en clave principesca del reality.

 

Foto: Des Willie / Netflix

 

Ambos intérpretes, junto con Olivia Colman en el papel de la reina Isabel II, se dieron cita en la Burghley House de Lincolnshire para rodar la escena en que Diana elige su anillo de compromiso. La pieza de Garrard & Co, con orla de diamantes y zafiro central de Ceilán de 12 quilates, acabaría convirtiéndose en el anillo de pedida más famoso de la historia, dando lugar a incontables imitaciones tan pronto como el mundo cayó rendido a los pies de la joven aspirante a princesa.

 

Foto: Tim Graham

 

Ya en el set, el vestuario de la pareja real está (de nuevo) a años luz de los diminutos biquinis y polos ‘petados’ de Love Island. Corrin lleva un look que podríamos calificar como de la primera época de Diana, su clásica combinación de blusa blanca con lazo al cuello, suéter azul, unos sencillos pendientes de aro en oro amarillo y un manguito de pelo para entrar en calor entre toma y toma. O’Connor va de traje, bien abrochado, con el anillo sello de Carlos y un reloj como únicos accesorios. Colman, con el bolso pegado al brazo a la manera de la reina, sale hacia al set desde su caravana con una redecilla en el pelo para preservar intacto el insigne cardado real.


La Burghley House, la localización del rodaje de hoy, es una colosal mansión estilo Tudor, residencia ancestral de la familia Exeter, aún en nuestros días. Su Heaven Room, con sus opulentos techos decorados con frescos barrocos, hace las veces del Castillo de Windsor, donde el príncipe Carlos pidió matrimonio a Lady Di en febrero de 1981. Como en toda la serie, la escena en cuestión se guionizó tras meses de incansable investigación a cargo de Annie Sulzberger (jefa de documentación de The Crown) y su equipo. Finalmente, clavaron la sensación de incomodidad de una relación que fue problemática desde el principio.

 

Foto: Des Willie / Netflix

 

Según la dramatización, no es Carlos el que busca un momento romántico de intimidad para entregarle a su prometida el anillo que ha elegido con mimo… sino su madre. La reina le ofrece a Lady Diana “una caja de bombones un tanto especial” que no es otra cosa que la selección de anillos que le presenta William Summers, el Joyero Real de entonces y director de Garrard, la joyería londinense que prestó servicio a la familia real británica desde 1843 hasta 2007. En la sala, la tensión se corta con un cuchillo cuando Diana pasa de largo el rubí Burmese que ya pertenece a la familia real y se fija en cambio en el anillo de zafiro que Garrard tiene a la venta en su propia colección.

“Se cuenta que Isabel arqueó las cejas ante su decisión”, dice Sulzberger. Mucho se especuló en su día sobre el precio del anillo, pero si hasta las estimaciones más bajas hablaban de unas 28.500 libras de la época, hoy se correspondería con un palo de 123.000 libras (unos 137.000 euros). “Hay varias teorías de por qué Diana eligió ese anillo: porque el color hacia juego con sus ojos, que lo eligió en realidad la reina o que, como dijo supuestamente la propia Diana, ‘era el más grande’. Otros defienden que simplemente le recordó al anillo de compromiso de su madre”, cuenta Sulzberger.

Fuera cual fuera la verdadera razón, la elección, según la especialista en historia de la joyería y escritora Vivienne Becker, fue de lo más típica por parte de la aristócrata adolescente. “Encajaba totalmente con su estilo, era la Sloane Ranger por antonomasia de la época”, dice Becker. Lo cierto es que el clásico modelo en orla se hizo popular gracias a otra boda real, pero 150 años antes.

El príncipe Alberto diseñó un broche con diamantes en orla y zafiro central como regalo de bodas para su joven prometida, la princesa Victoria, en 1840 (también obra de Garrard). Si avanzamos hasta Diana, las orlas con zafiro eran muy habituales en la alta joyería de los años 80 que, añade Becker, “se limitaba prácticamente a las tres grandes gemas (zafiro, rubí y esmeralda), rodeadas de una orla de diamantes”. Dado que la alta joyería barajaba precios tan altos y su fin era pasar de generación en generación, se presuponía que debía ceñirse a diseños clásicos. Tuvieron que llegar los 90 para que cambiara el panorama y los diseñadores de las joyas más valiosas del mundo dejaran volar por fin su imaginación.

Para los creadores de la serie, la escena permite mostrar que la relación entre Carlos y Diana ya presentaba grietas desde el principio. Cuando Lady Diana dice que el anillo es del mismo color que sus ojos, Carlos, en pie detrás de su futura esposa, le lanza una doble pulla vacilando entre que son marrones o verdes. También se atisban ya las futuras tensiones con la reina. Cuando esta pregunta, apartando la mirada, por qué Diana ha elegido ese anillo en particular, Carlos ironiza: “Es el más caro”.

En la vida real, el anillo se convirtió de inmediato en símbolo de su unión y se imitó hasta la saciedad en todo el mundo. “Es curioso que a un anillo tan tradicional y convencional se haya envuelto de tanto significado”, dice Becker. En los años subsiguientes, Lady Diana se adaptó a su papel institucional y desarrolló un estilo propio e inimitable que lejos de ceñirse a las convenciones abría camino en la moda. Aun así, jamás faltó el anillo, incluso después de separarse del príncipe Carlos en 1992. “Si lo hubiese elegido 10 años después seguro que se habría decantado por un anillo muy diferente”, añade Becker.

 

Foto: Chris Jackson

 

A día de hoy, la pieza sigue igual de presente en la mano de la duquesa de Cambridge, que lo aceptó por su compromiso. El príncipe Guillermo pidió su mano con el famoso anillo después de que el príncipe Harry –que se lo había quedado como recuerdo de su madre, tras la muerte de esta en 1997–, se lo ofreciera a su hermano mayor para la ocasión. “Me pareció muy bonito porque, obviamente, ella no va a poder estar allí para compartir toda la diversión y la ilusión”, dijo Guillermo recordando a su madre cuando se comprometió con Kate Middleton en 2011. “Fue mi manera de seguir teniéndola cerca de todo”. Tras décadas de especulaciones, puede que por fin estemos más cerca que nunca de entender cómo llegó el famoso anillo a las manos de la Princesa del Pueblo.

 

Foto: Agencias

 

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Vogue (España)