La cara triste de centro de Maracaibo: sin compradores, ni ambiente festivo

La cara triste de centro de Maracaibo: sin compradores, ni ambiente festivo

Foto: José López / Noticia al Día

Para este tiempo, años atrás, la ciudad de Maracaibo era alegre y bulliciosa; la semana en honor a la Virgen de Chiquinquirá servía de excusa para iniciar de manera anticipada la Navidad. El pago de aguinaldos a los trabajadores hacía que la actividad comercial se incrementara y los compradores llenaban los centros comerciales y el casco central de la ciudad. Hoy, la historia es muy diferente.

Estamos en semana de flexibilización de la cuarentena para prevenir el COVID-19, pero el centro de Maracaibo luce desolado.

Noticia al Día visitó el Casco Central pudiendo constatar que, aunque la mayor parte de los comercios han abierto sus puertas, son pocos los compradores.

 

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Los marabinos que pudimos abordar durante el recorrido realizado argumentan no tener capacidad adquisitiva para comprar ropa o adornos navideños. “Lo poco que gano es para comer”, respondió –tajante- Mileida Boscán.

 

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Jhonatan vende ropa íntima femenina en la Plaza Baralt y espera, que en los días por venir, el negocio mejore. No se queja, piensa que la pandemia y la situación económica han afectado las ventas, pero se apunta al optimismo mientras atiende a unas damas que se acercan a consultar los precios de la prenda de moda: el bralette. “Dos dólares”, les responde y las mujeres se encojen de hombros y siguen su camino.

 

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Más allá está Minerva, quien desde hace 10 años vende de ropa en el centro. Cuenta que vive en El Gaitero y debe caminar hasta el distribuidor Maisanta, donde toma transporte hasta Las Playitas, pagando un pasaje de 150 mil bolívares. Para ella, todo es desolación. “El negocio está muy mal, nadie compra”, asegura.

Entre tanto, se acerca Teresa quien vive en Cañada Honda y es la encargada de una venta de vestidos de gala. A sus 74 años años llega caminando al que ha sido su empleo por más de 20 años, por compromiso, por vocación, porque son muy escasas las veces que llega un cliente con intención de comprar. Lo poco que percibe le alcanza para medio comer.

 

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Dice que tal es la situación de los comerciantes del centro de la ciudad, que las autoridades deberían ofrecerles algún subsidio o mercados populares para ayudarles.

Los Quiñonez desde hace 34 años venden adornos de navidad en la Plaza Baralt. Día tras día ven pasar los transeúntes que en ocasiones se detienen y preguntan, para luego seguir su camino.

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En el Callejón de los Pobres conversamos con Frexy Amaya, toda su vida ha estado ligado al lugar ya que su padre fue uno de los fundadores del otrora popular sitio de compras de la ciudad. “Esto está dolarizado, pero aun así hago buenas ventas”. Refiere que su secreto está en no querer ganar más allá de lo razonable. Su rubro es la ropa infantil y señala que un conjunto para varón puede costar entre 11 y 24 dólares.

 

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Lejos de la agitación y la muchedumbre el Callejón de los Pobres luce despejado, se puede transitar sin dificultad, sin tropezar con nadie. Cada quien en su puesto esperando que alguien llegue aunque sea a preguntar precios.

 

Foto: José López / Noticia al Día

 

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El resto de los vendedores consultados lamentaron la falta de clientes y manifestaron añoranza por otros tiempos en los que, sin distingo de posición social, el marabino se volcaba a buscar las ofertas para adquirir los estrenos de diciembre.

 

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El mercado Las Pulgas cuenta otra historia. Los buhoneros vuelven a ocupar con sus mercancías los pasillos, ofreciendo productos de la cesta básica a bajos precios, sólo en efectivo.

 

Foto: José López / Noticia al Día

 

Dicen que las autoridades los desalojan a diario, pero ellos vuelven a colocarse. “Tenemos que llevar el sustento a nuestros hijos y ofrecemos mejores precios… no entendemos por qué nos persiguen”, dice Wilmer, quien tiene una mesita con harina de maíz, arroz y margarina.

Los compradores hacen el esfuerzo para comprar los alimentos, aunque no siempre pueden llevar todo lo que necesitan. Bien por los precios o la falta de afectivo. También es triste volver a la casa con las manos vacías.

 

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F. Reyes

Fotos: José López

Noticia al Día