Un 17 de octubre fallecieron Frédérick Chopin, Puyi y Celio González

Un 17 de octubre fallecieron Frédérick Chopin, Puyi y Celio González

Imágenes de Andrej Koymasky y The New York Times

(Fryderyk Franciszek Chopin; Zelazowa Wola, actual Polonia, 1810-París, 1849) Compositor y pianista polaco. Si el piano es el instrumento romántico por excelencia se debe en gran parte a la aportación de Frédéric Chopin: en el extremo opuesto del pianismo orquestal de su contemporáneo Liszt -representante de la faceta más extrovertida y apasionada, casi exhibicionista, del Romanticismo-, el compositor polaco exploró un estilo intrínsecamente poético, de un lirismo tan refinado como sutil, que aún no ha sido igualado. Pocos son los músicos que, a través de la exploración de los recursos tímbricos y dinámicos del piano, han hecho «cantar» al instrumento con la maestría con qué él lo hizo. Y es que el canto constituía precisamente la base, la esencia, de su estilo como intérprete y como compositor.

Hijo de un maestro francés emigrado a Polonia, Chopin fue un niño prodigio que desde los seis años empezó a frecuentar los grandes salones de la aristocracia y la burguesía polacas, donde suscitó el asombro de los asistentes gracias a su sorprendente talento. De esa época datan también sus primeras incursiones en la composición.

Wojciech Zywny fue su primer maestro, al que siguió Jozef Elsner, director de la Escuela de Música de Varsovia. Sus valiosas enseñanzas proporcionaron una sólida base teórica y técnica al talento del muchacho, quien desde 1829 emprendió su carrera profesional como solista con una serie de conciertos en Viena.

El fracaso de la revolución polaca de 1830 contra el poder ruso provocó su exilio en Francia, donde muy pronto se dio a conocer como pianista y compositor, hasta convertirse en el favorito de los grandes salones parisinos. En ellos conoció a algunos de los mejores compositores de su tiempo, como Berlioz, Rossini, Cherubini y Bellini, y también, en 1836, a la que había de ser uno de los grandes amores de su vida, la escritora George Sand.

Por su índole novelesco y lo incompatible de los caracteres de uno y otro, su relación se ha prestado a infinidad de interpretaciones. Se separaron en 1847. Para entonces Chopin se hallaba gravemente afectado por la tuberculosis que apenas dos años más tarde lo llevaría a la tumba. En 1848 realizó aún una última gira de conciertos por Inglaterra y Escocia, que se saldó con un extraordinario éxito.

Excepto los dos juveniles conciertos para piano y alguna otra obra concertante (Fantasía sobre aires polacos Op. 13, Krakowiak Op. 14) o camerística (Sonata para violoncelo y piano), toda la producción de Chopin está dirigida a su instrumento musical, el piano, del que fue un virtuoso incomparable. Sin embargo, su música dista de ser un mero vehículo de lucimiento para este mismo virtuosismo: en sus composiciones hay mucho de la tradición clásica, de Mozart y Beethoven, y también algo de Bach, lo que confiere a sus obras una envergadura técnica y formal que no se encuentra en otros compositores contemporáneos, más afectos a la estética de salón.

La melodía de los operistas italianos, con Bellini en primer lugar, y el folclor de su tierra natal polaca, evidente en sus series de mazurcas y polonesas, son otras influencias que otorgan a su música su peculiar e inimitable fisonomía.

A todo ello hay que añadir la propia personalidad del músico, que si bien en una primera etapa cultivó las formas clásicas (Sonata núm. 1, los dos conciertos para piano), a partir de mediados de la década de 1830 prefirió otras formas más libres y simples, como los impromptus, preludios, fantasías, scherzi y danzas.

Son obras éstas tan brillantes -si no más- como las de sus predecesores John Field y Carl Maria von Weber, pero que no buscan tanto la brillantez en sí misma como la expresión de un ideal secreto; música de salón que sobrepasa los criterios estéticos de un momento histórico determinado. Sus poéticos nocturnos constituyen una excelente prueba de ello: de exquisito refinamiento expresivo, tienen una calidad lírica difícilmente explicable con palabras.

Puyi

(o Xuantong, Mo Ti o Hsuan Teh) Último emperador de China, perteneciente a la dinastía Manchú (Pekín, 1906-1967). Era sobrino del emperador Kuang-su, al que sucedió en el Trono en 1908, cuando Pu-yi contaba sólo dos años; había sido designado sucesor por la emperatriz viuda Ts’eu-hi precisamente por su corta edad, que le permitiría a ella ejercer el poder real. Sin embargo, Ts’eu-hi murió en aquel mismo año y pasó a ejercer la regencia el padre de Pu-yi, Tch’uen.

Éste, vinculado al partido tradicionalista, detuvo el proceso de reformas que habían iniciado sus antecesores. El inmovilismo imperial acrecentó el descontento y permitió el triunfo de la revolución nacionalista encabezada por Sun Yat-sen, que proclamó la República en 1911 y forzó la abdicación de Pu-yi en 1912. No obstante, se le permitió seguir viviendo en Pekín, en la residencia tradicional de la corte imperial, la Ciudad Prohibida.

En 1917, durante el periodo de anarquía y de luchas civiles entre los señores de la guerra, un partido monárquico restableció a Pu-yi en el Trono por el breve espacio de doce días. En 1924 tuvo que escapar de los señores de la guerra y se refugió en la colonia japonesa de Tientsín. Cuando los japoneses invadieron la región china de Manchuria en 1931, crearon sobre aquel territorio el Estado títere del Manchukúo, a la cabeza del cual pusieron a Pu-yi como jefe de Estado (1932) y más tarde emperador (1934). Su poder era ilusorio, si bien pretendió en algún momento obtener de los japoneses una cierta autonomía política.

Al terminar la Segunda Guerra Mundial (1939-45) con la derrota del Japón, Manchuria fue ocupada por el ejército soviético, que capturó a Pu-yi y lo entregó a los comunistas chinos. Éstos internaron al ex emperador en un campo de prisioneros, donde sufrió un proceso de los llamados de «reeducación». Fue liberado en 1959 y pasó a trabajar en el Jardín Botánico de Pekín y, más tarde, de archivero en la Biblioteca Nacional, al tiempo que escribía sus memorias. La película El último emperador (1987), de Bernardo Bertolucci, se basó en su vida.

Celio González

Celio Adán González Ascencio (*Camajuaní, Cuba), 29 de enero de 1924 – † Ciudad de México, 17 de octubre de2004). Destacado cantante cubano, conocido en el ambiente musical como «El Satanás de Cuba», «El Flaco de Oro». Su época más prodigiosa fue con la Sonora Matancera.

Sus inicios artísticos fueron estimulados por su madre, ya que lo protegía por la enfermedad hereditaria denominada focomelia, que le provocó nacer sin dos dedos de la mano y de los pies. De niño ayudaba a su madre a la venta de artículos de artesanía.

Participó en el concurso de La Corte Suprema del Arte realizado en Sancti Spíritus. Residió algún tiempo enCamagüey y allí, con diecisiete años de edad, trabajó en la orquesta de Joaquín Mendivel, así como en elConjunto Camacho. Fundó el Trío Nacional. Se trasladó a La Habana donde se empleó como cantante de los conjuntos Los Jóvenes del Cayo de Alfonsín Quintana, el de Luis Santí y el Conjunto Casino.

Su época de oro empezó el 23 de mayo de 1956, con la Sonora Matancera, dirigida a la sazón por Rogelio Martínez. Fue cantante de planta de la orquesta en sustitución de Bienvenido Granda y Laíto Sureda.

La primera canción que grabó fue el bolero-rítmico «Quémame los ojos», su primer gran éxito, y luego otros como «Total», «Amor sin Esperanza«, «Y no me engañes Más«, «Besito de Coco«.

En 1959 ya Fidel Castro gobernaba la isla, cuando Celio regresaba de una gira, cuando se dio con la desagradable sorpresa que le habían confiscado todos su bienes, y al verse en la desesperación, viajo a Ciudad de México junto a su esposa Martha Torres y sus hijos Celio Lázaro y Linda Elisa. contratado por la empresa de discos Orfeón, y fijó su residencia en ese país. En 1962 retornó a la Sonora Matancera y nuevamente firmó para Seeco Records, quedándose hasta 1965. Se añadieron nuevos éxitos «Yo soy el Son Cubano«, «Vámonos de Fiesta«, «Nobleza«, «Noche de Farra«.

Actuó en radio, televisión, teatro, centros nocturnos y grabó varios discos de larga duración. Se destacó en el bolero, aunque interpretó casi todos los ritmos. Entre sus grabaciones más recordadas está el bolero de José Dolores Quiñones «Vendaval sin rumbo». Se le conoció bajo el epiteto de «El flaco de oro». En México se publicó un libro sobre su vida y obra. En el 2003 participó en un homenaje póstumo a Celia Cruz. Falleció de un paro respiratorio. Antes de su fallecimiento logró grabar un disco de boleros en homenaje a José Antonio Méndez.

Varias Fuentes