Recomiendan ver la película ¿Qué le pasó a Lunes?

Recomiendan la película ¿Qué le pasó a Lunes? En un futuro distópico no se puede tener más de un hijo. Alguien no cumple y se viene la persecución.

Un thriller futurista, una actriz (Noomi Rapace) que se multiplica por siete, Willem Dafoe, Glenn Close y un director que viene ganando adeptos es un combo como para sentarse ante la pantalla que sea y entusiasmarse.

 ¿Qué le pasó a Lunes? es un filme que empieza bien arriba y se desdibuja hacia el desenlace. Fue estrenada en el 2017, pero aún está entre las favoritas de la plataforma Netflix.

Por 2043 hay una explosión demográfica: cada 4 días nace un millón de personas, en 50 años se duplicó la población y declaran a casi toda Sudamérica zona de desastre, por el calentamiento global, entre otras cuestiones. Hay mucha gente y muy poca comida para todos.

Hay nacimientos múltiples y defectos genéticos, por lo que una activista (Glenn Close, que a sus 70 años y a 30 de Atracción fatal pone la peor cara de malvada que le sale, menos paródica que Cruella de Vil) pidió imponer por ley que haya un hijo por pareja. Así, los hermanos concebidos ilegalmente irán a una criocongelación obligatoria.

“Criosueño, despierta en un mundo mejor”, se vende el asunto. Y se impone ante la “necesidad”. Alguien no cumple, tiene siete hijas mellizas, fallece en los partos y es su abuelo (Dafoe) el encargado de encubrirlo. No se sabe quién es el padre.

Pasan 30 años, la Ley de asignación filial es moneda corriente, todos deambulan con un brazalete. Entre ellos, Karen Settman (Noomi Rapace), un nombre que utilizan las siete hermanas que viven escondidas. Cada una sale un día a la semana, porque el abuelo las ha nombrado con los días: Lunes, Martes… hasta llegar a domingo.

No pueden salir juntas nunca. Todo lo que hacen, afecta a las otras. Si les sale un granito, si se lastiman un dedo… Para que la cosa se complique, el guión hace que una de ellas no regrese del trabajo. Y obliga a las otras seis a investigar… y salir como si fueran Karen, en un ambiente de represión y vigilancia constante.

El director Tommy Wirkola no se ha caracterizado, en el pasado, por la sutileza (Hansel & Gretel: Cazadores de brujas), pero sí por cierto buen manejo del suspenso. Aquí el noruego dosifica datos, no ensucia la narración con personajes superfluos y le da a cada hermana una característica saliente, por lo que son fáciles de identificar.

Donde la pifia Wirkola es en los últimos 15 minutos. Y se sabe que lo que suele quedar en el recuerdo del espectador son precisamente esos últimos instantes, que pesan a la hora de la evaluación final de una película. No vamos a spoilear, no es la vuelta de tuerca. Es otra cosa, y lo advertirán ni bien aparezca.

 

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El Clarín.com