Muy Noble y Leal: el adiós de Maracaibo (Nirso Varela)

Muy Noble y Leal: el adiós de Maracaibo (Nirso Varela)

El cambio del escudo de Maracaibo responde a un imperativo histórico. Marcará pedagógicamente, el antes y el después de dos realidades claramente diferentes. El nuevo escudo será para las futuras generaciones, el punto de llegada y extinción, de la experiencia republicana iniciada en 1831; y el punto de partida y consolidación, de la Maracaibo actual, la que percibimos y habitamos en estos momentos, un amasijo de calamidades indescriptible, invivible y sin solución.

El texto Muy Noble y Leal del escudo de Maracaibo creado en 1965, fue el símbolo de identidad de Maracaibo ante el centralismo caraqueño. No las mediocres disquisiciones de quienes aúpan el cambio de escudo con discursos guerreristas y llenos de odio. No es una reminiscencia realista. Maracaibo adoptó sin complejos ni resentimientos, su herencia e identidad española. Nunca denigró de la memoria histórica y el pasado de 300 años como dignos súbditos del Rey. Lleva con orgullo sus raíces indígenas y su sangre africana, pero en ese mestizaje, los distintos tipos raciales no están reñidos entre sí, como pretenden en sus revoltijos ideológicos, los comunistoides que alientan esos odios.

El odio colectivo contra España se inició con los mantuanos caraqueños promotores del movimiento 19 de abril de 1810. Fue continuado y exacerbado por los independentistas en el transcurso de la guerra, quienes lo trasegaron como estrategia a sus discursos, para fundamentar la doctrina de Guerra a Muerte. Porque sencillamente, la mayoría de la población venezolana era adicta a España y la monarquía. “Dios y el Rey” era la consigna de lealtad que los súbditos del rey llevaban incrustada afectivamente en el imaginario. ¿Mera ignorancia del pueblo llano e “instrumento ciego de su propia destrucción?

Los ejércitos republicanos en Venezuela fueron formados mayoritariamente por gente del pueblo llano, “ignorante”, reclutada contra su voluntad, obligada a combatir contra otros ejércitos donde eventualmente, era probable enfrentar en el otro lado a sus propios parientes, por una causa que desconocían y por la cual,

perdían la vida en los campos de batalla. Cuando las Cortes de Cádiz le otorgaron a Maracaibo el reconocimiento de Muy Noble y Leal en 1813, en el resto del país se desataba una guerra fratricida, de exterminio y sin cuartel. Y era apenas el comienzo: vendría el terrible año 1814.

Los independentistas quisieron mantener vivo el odio contra España después de la guerra, para justificar la destrucción del país a cambio de nada, desde el punto de vista social. La esclavitud y la discriminación social continuaron incólumes después de instaurada la república de Colombia en 1821 y la república de Venezuela en 1830. Pero ese odio se desvaneció con el transcurrir del tiempo, porque ya no eran españoles los que dirigían el destino de Venezuela, sino los libertadores, y aun así, hubo guerras internas (Oriente 1831), revueltas (Maracaibo 1834), golpe de Estado (Caracas 1835) siguieron las guerrillas, el caudillismo regional y una nueva guerra destructiva y fratricida de venezolanos contra venezolanos (1858-1863). En esas circunstancias, la herencia cultural española y la Historia Colonial, no era causa de vergüenza étnica de ninguna índole y fue digna de ser preservada y difundida sin retaliación ni resentimientos.

Después de la guerra e iniciado el periodo republicano, para los maracaiberos quedó claro que ni España ni los españoles fueron sus detractores, sino Caracas, que nunca perdonó a Maracaibo haber seguido su propio rumbo histórico después del 19 abril de 1810. Maracaibo no apoyó el ambiguo movimiento que creó la Junta Suprema de Caracas y dio la espalda a la Madre Patria cuando clamaba desde Cádiz, solidaridad de sus hijos americanos para continuar la resistencia contra el invasor francés. Maracaibo sí respondió al pedido de ayuda, envió diputado a las Cortes de Cádiz en 1812 y en 1814, el Reino de España alcanzó su independencia tras 8 años de guerra contra Francia. En ese triunfo, Maracaibo aportó su granito de arena, moral y material. Y fue Muy Noble y Leal.

Tampoco perdonó Caracas a Maracaibo su tardía incorporación a las filas republicanas con el pronunciamiento del 28 de enero de 1821, después de 10 años de guerra. Ese pronunciamiento propició, sin dudas, la liberación de Coro y facilitó el camino al campo de Carabobo el 24 de junio de 1821, con cuyo triunfo,

por fin quedó libre de españoles la ciudad de Caracas. En esa ocasión, Maracaibo se separó de una España que había cambiado su fisonomía, se debatía en terribles conflictos internos y dejó a sus huestes en Venezuela, a su propia suerte.

Tampoco perdonó Caracas a Maracaibo no haber apoyado La Cosiata en el año 1827, un movimiento de insurrección contra Simón Bolívar, Colombia y la Constitución de Cúcuta de 1821. Esta vez Maracaibo fue Muy Noble y Leal a Bolívar, quien instaló en Maracaibo su Cuartel General para organizar la arremetida contra José Antonio Páez y las provincial alzadas, que al final, se postraron de rodillas ante la presencia de Bolívar en Puerto Cabello.

Y luego, el tardío pronunciamiento de Maracaibo en enero 1830 a favor de Venezuela, cuando Colombia se desintegraba irremediablemente. El pronunciamiento fue definitivo para que Bolívar desistiera de sus planes de someter a Venezuela por la fuerza, según lo refiere Rafael Urdaneta en sus “Apuntamientos”. Luego de arduos debates en 1829 y 1830, Maracaibo tuvo que optar entre Colombia y Venezuela; decidió ser Muy Noble y Leal al país que perteneció desde 1777. Bolívar al saber la noticia, desistió de viajar a la frontera.

El centralismo caraqueño se manifestó por primera vez en las deliberaciones del Congreso Constituyente de 1830 en Valencia, al negarse a discutir las peticiones de los diputados por Maracaibo en nombre de la entidad. Desde entonces, Caracas impuso su voluntad para su propio beneficio, anuló a Maracaibo y la obligó por la fuerza a mantenerse en la unión republicana en 1835 y en 1848, tras infringirle sendas y humillantes derrotas militares.

Maracaibo continuó considerándose una colonia que en lo sucesivo declaró varias veces su independencia de Venezuela en la década de 1860 (63, 68 y 69) más por estrategias, miras y ambiciones personales de los díscolos líderes que la llevaron a cabo, que con posibilidades ciertas de concretar una acción. Pero las Proclamas en sus contenidos, llevan implícitas el espíritu de inconformismo y el deseo de autonomía de los maracaiberos. Fue una manifiesta manipulación de los sentimientos y resentimientos de los maracaiberos.

Más adelante Caracas convirtió a Maracaibo en “playa de pescadores” y borró al Zulia del mapa, al conformar en 1881, el estado Falcón-Zulia con capital en Capatarida. En 1904 el centralismo despojó a Maracaibo de su universidad y cerró tradicionales industrias; y a partir de 1922 comenzó a extraer del subsuelo lacustre, el petróleo que transformó a Caracas en la capital más espléndida de América Latina en la década de 1950, mientras Maracaibo continuó siendo una ranchería de techos rojos y un lago contaminado.

Cuando la municipalidad de Maracaibo rescató en 1965 el símbolo Muy Noble y Leal en su escudo, lo hizo para patentizar su solicitud de autonomía y expresar su carácter discordante con el centralismo caraqueño. Fue la carta de presentación, de resistencia y lucha, que sirvió para integrar la muy diferente historia del Zulia, a la del resto de Venezuela.

Maracaibo Muy Noble y Leal, fue la punta de lanza de la “República del Zulia” en la década de 1960. Aquella visión estuvo en la mente de muchos maracaiberos y fue motivo de preocupación del Estado Central. El Zulia tenía perfil de república, no solo por su historia particular y las peculiaridades de su cultura y su población, sino por su entorno geográfico, por la variedad, fertilidad y productividad de sus suelos, por su riqueza petrolera, por la calidad y cantidad de rubros alimenticios que proveía al resto de Venezuela. Y por la rivalidad histórica con Caracas.

El Zulia era autosuficiente en la producción agrícola, pecuaria, pesca, manufacturas, artesanía, industria, transporte y comercio. Poseía una universidad casi centenaria, un sistema hospitalario de primer orden, una población con autoestima vernácula a todo dar, vocación autonomista, un aeropuerto internacional donde llegaban vuelos de todos los continentes, una ciudad puerto como capital, y el lago que la comunicaba fácilmente con aguas internacionales. Tenía variada vida cultural, recreacional y hasta una liga occidental de béisbol. Todo lo alcanzó por impulso propio, sin planes nacionales de desarrollo.

En el Zulia hacían vida connotados, valientes y decididos dirigentes y personajes públicos, entre los cuales había intelectuales, locutores, sacerdotes, artistas,

poetas, gaiteros, comerciantes, ganaderos, gremialistas, periodistas, militares, profesores y miles de estudiantes universitarios y de educación media, luchando para alcanzar derechos constitucionales. Cada uno con su tono. No existían otros fines. Los comunistas entonces, eran serios, pero una minoría mal vista.

La huelga del Aseo Urbano en marzo 1968 fue un detonante de ese espíritu de inconformismo del zuliano en general. Las protestas rebasaron las solicitudes laborales. Los discursos iban contra el centralismo y fue Caracas quien tuvo que sofocar la huelga, con saldo de muertos y heridos. En las elecciones de diciembre quedó demostrado, con asistencia masiva a las urnas electorales, que en lo básico, el zuliano no deseaba dejar de ser venezolano, sino ser parte integrante y esencial de Venezuela, con autonomía para inducir el desarrollo regional.

No en balde después de la huelga del 68, Caracas adoptó un tratamiento más cónsono con las exigencias zulianas. Máxime que el Zulia fue quien decidió el inicio del bipartidismo en las elecciones presidenciales de 1968. Y aunque ese espíritu secesionista se extinguió en la década de 1970, el símbolo del escudo de Maracaibo siguió representando la protesta permanente y la presencia de Maracaibo en el ámbito nacional. La rivalidad Caracas-Maracaibo se fue apagando y sobrevino una hermandad de respeto, tolerancia, reconocimiento y buen humor.

En la década de 1980, dirigentes zulianos de varias toldas políticas, exigieron el aumento del Situado Constitucional, la promulgación de leyes especiales para los estados petroleros y el manejo autónomo de los puertos y aeropuertos. Estas reivindicaciones se concretaron hacia los años 90, coincidiendo con la Ley de Descentralización que creo municipios y alcaldías. El Zulia comenzó a disfrutar de bienestar y progreso, mejorando la calidad de vida de todos los ciudadanos.

Todo eso llegó a su final. Maracaibo Muy Noble y Leal pasará dignamente a la historia. Su escudo fue un simbolo de idiosincrasia, de firmeza contra el centralismo. Un símbolo de diferenciación con el resto del país. Un símbolo que representó el reclamo de los zulianos por sus derechos de igualdad con los estados del centro y un símbolo, sí, del digno pasado español de Maracaibo.

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