¿Están desfasados los Nobel frente a la ciencia moderna colectiva?

¿Están desfasados los Nobel frente a la ciencia moderna colectiva?

¿Están desfasados los Nobel frente a la ciencia moderna colectiva?. Foto: Jonathan NACKSTRAND / AFP

Con el anuncio de los Premios Nobel esta semana, vuelve a surgir una cuestión recurrente: ¿quedaron desfasadas las recompensas más prestigiosas del mundo en física, química y medicina, habida cuenta de que la ciencia moderna se lleva a cabo sobre todo de forma colectiva?

Estos premios datan de 1901, periodo en el que la mayoría de hallazgos tenían lugar en la mente o el laboratorio de un solo individuo.

Pero actualmente la mayoría de hitos científicos se logran mediante colaboraciones en que participan decenas o centenares de investigadores, que trabajan en campos diferentes pero interconectados.

Por ejemplo, dos equipos de 1.500 científicos descubrieron este año un agujero negro de masa intermedia.

Además, los grandes progresos de la ciencia dependen cada vez más de la tecnología, utilizada a veces — sobre todo en física — para comprobar fenómenos teorizados incluso antes de que nacieran los investigadores contemporáneos.

«La negativa del Comité del Nobel a recompensar a más de tres personas ha provocado injusticias manifiestas», indica a la AFP Martin Rees, expresidente de la Royal Society de Londres y Astrónomo Real británico.

Así, destacan varios casos de un cuarto hombre o mujer que se quedó sin el premio, pese a haberlo merecido. Rees cita por ejemplo a Tom Kibble, por su trabajo sobre la partícula subatómica conocida como bosón de Higgs.

Otros lamentan que no se reconociera al virólogo estadounidense Robert Gallo por su contribución en el hallazgo del virus del sida, a la británica Rosalind Franklin por su trabajo pionero sobre el ADN y al físico italiano Adalberto Giazotto por su papel en la detección de las ondas gravitacionales.

 

– Ámbitos excluidos –

 

Esta limitación también «ha dado una impresión errónea de cómo avanza la ciencia», añade Rees, subrayando que los Nobel excluyen «grandes ámbitos», como las matemáticas y las ciencias medioambientales.

Incluso los mayores defensores de estas recompensas reconocen que la ciencia cambió radicalmente desde la era de nombres como Albert Einstein y de Pierre y Marie Curie.

«Es cierto que la ciencia moderna se lleva a cabo a menudo entre grandes grupos de personas que interactúan», admite a la AFP Erling Norrby, virólogo sueco, que ha participado durante décadas en la atribución de los Nobel científicos.

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«Pero la cuestión es si podemos identificar a uno o dos líderes y creo que podemos saber quién llevó la iniciativa», argumenta.

Además, tanto el Instituto Karolisnka, que atribuye el Nobel de Medicina, como la Academia Real Sueca, responsable de los ámbitos de física y química, evolucionaron con el tiempo.

Entre 1920 y 1930, 23 de los 30 premios fueron concedidos a científicos individuales y en la década posterior a la Segunda Guerra Mundial la cifra se redujo a 19. En los primeros 20 años de este siglo, esto solo sucedió en cuatro ocasiones.

 

– Premios más «justos» –

 

La regla de tres fue establecida en 1934 para el de Medicina, en 1946 para el de Química y en 1956 para el de Física.

Norrby reconoce que el Centro Europeo de Investigación Nuclear (CERN) — que entre otras cosas condujo experimentos para detectar el bosón de Higgs –, podría haber compartido el Nobel si no existiera esa limitación, como es el caso para el Premio de la Paz.

Rees aplaude en cambio otras recompensas científicas más recientes. «Los premios Breaktrough y Gruber — que galardonaron el hallazgo de las ondas gravitacionales antes de que lo hiciera el Comité del Nobel — fueron más justos, al destacar a los líderes pero reconociendo de forma explícita a todo el equipo», incluso económicamente, destaca.

«Desde luego es difícil identificar a los autores clave de estas redes globales,» dice a la AFP Stavros Katsanevas, director del Observatorio Europeo Gravitacional, que tuvo un papel clave en el premio Nobel de Física de 2017.

«Pero me temo que si solo se da el premio a un experimento y a la persona que lo lideró en ese momento, se diluye el impacto».

Pero Katsanevas también defiende que la ciencia del siglo XXI no solo requiere un gran intelecto, sino también visión, valentía y aptitudes de organización.

«Cuando uno trata algo nuevo, se le considera un desertor en su campo y un intruso en el nuevo», afirma este investigador, que ha navegado toda su carrera entre la física de partículas y la astrofísica.

«El hecho de que alguien decida dar un paso adelante cuando otros no lo hacen, debe seguir siendo reconocido».

 

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AFP