La sonrisa de Miguel Pirona y toda una vida en la basura

La sonrisa de Miguel Pirona y toda una vida en la basura

Foto: Any Vargas

Ni el ardiente sol, ni los pasos cansados de un día ajetreado, por largos recorridos, desvanecen la sonrisa de Miguel Pirona, un hombre que ha vivido de la basura por más de 40 años.

Cerca de las 8:00 de la mañana, el visaje de un caminante se abre paso por las calles desoladas de la barriada de Cuatricentenario, un hombre de tez morena con contextura delgada transita su recorrido diario en busca de lo que para él será el sustento del día, su labor no es extraordinaria, pero su corazón enmarca un espíritu de lucha, constancia y necesidad.

El día de Miguel se basa en paradas continuas y un recorrido constante por los basureros a cielo abierto que proliferan en el sector, saliendo desde la casa donde vive con su hermana, uno de sus cinco hijos y cuatro nietos, cerca del materno de Cuatricentenario. Su jornada se extiende hasta las 6:00 de la tarde, cuando bota la basura de su hogar y hace la última ronda.

Una bicicleta remendada lo acompaña y el tintineo de las botellas, que chocan como quien brinda con copas, advierten la presencia del recolector; estás son su mayor tesoro, no busca nada más que esos recipientes de vidrio.

2.000 bolívares por cada botella guardada es la recompensa de Miguel. En una jornada buena ha logrado recolectar hasta 60 botellas. Quién lo observa en el basurero piensa que compite con los demás recolectores que abundan en las calles, pero para él es distinto, no es el plástico ni el aluminio lo que quiere.

Con clientela fija, Miguel selecciona sus artículos, lo que es basura para algunos, para él es un tesoro. Hurgando entre los desechos consigue frascos de todos los tamaños, los grandes se los compran para el cocuy, los pequeños para el picante, afirma el caminante.

La labor de recolector es algo que Miguel conoce desde siempre, en su juventud fue trabajador del aseo urbano por más de 20 años, pero por cambios de gestión fue liquidado. Con avanzada edad decidió seguir haciendo lo que sabía y hasta el sol de hoy pasa todo el día yendo y viniendo en su ruta por los vertederos.

Algunas veces Miguel consigue más de lo que busca. Ropa, artefactos que sirven de repuesto o cosas que otros quieren y que él ofrece  como trueque por comida o servicios. Por otro lado el abuelo reune cuadernos o juguetes que sirven de pasatiempo para sus nietos.

La sonrisa de Miguel

Un día como cualquier otro, salí a hacer mis compras de la semana.  A un costado de la frutería se encontraba un señor escarbando en la basura, la gente que esperaba en la cola para entrar miraba con desprecio a un grupo de cinco recolectores que rompían las bolsas buscando plástico y comida.

Mi atención se posó sobre el señor de mayor edad, que llevaba un pantalón de vestir  arremangado y una camisa medio abotonada, se veía fatigado por el sol del mediodía, me sorprendió que luego de un rato escudriñando el paisaje salió con las manos vacías.

Como quien siente la fijación de alguien, el señor se volteó y cruzamos miradas, ya de regreso de su jornada, él (Miguel) pasó por mi costado, me miró fijamente, dijo buenos días y expresó una sonrisa que me llenó el alma, una sonrisa pura con ojos brillantes como quien se siente feliz y agradecido con la vida, mi mente se inundó de buenos pensamientos.

Una sonrisa lo delató y en esta historia, el señor Miguel Pirona demostró ser ejemplo de constancia y dedicación, ni la tempestad del día hace que el experimentado recolector desprecie la simpleza de ser amable con la vida. Y así termina su faena, de regreso a casa con su bicicleta llena de vivencias.

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Any Vargas

Noticia al Día

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