“Con Dios todo es posible” para no morir intentando echar una gota

“Con Dios todo es posible” para no morir intentando echar una gota de gasolina

Cuando algo es escaso, preciado y todos lo quieren, son muchas las situaciones por las que puede pasar el ser humando para obtenerlo, a veces, se tira por la borda los principios y  se enfrentan lo íntegro y lo material.

El caso de la gasolina, que hoy se le niega a Venezuela, es un vivo ejemplo de ello. Allí se ha desatado toda una especie de rebatiña entre quienes desean conseguirla y aquellos que tienen la responsabilidad de surtirla.

Es una tarea difícil. Una prueba de fuego entre el querer tener y el querer ser, y se resume en dos cosas: la corrupción y la solidaridad. En la primera, se pisotea la honestidad, se pierden los verdaderos valores humanos y con ello se golpea la transparencia del gobierno. En la segunda, se tiende una mano a los verdaderos necesitados y se fortalece la grandeza humana.

En cada estación de servicio en Venezuela se presenta una pugna entre estos dos polos, pero al juzgar por los comentarios de  muchos que han fracasado en el intento de llenar los tanques de sus autos con gasolina, pareciera que la corrupción supera a la solidaridad.

Este periodista de NAD en su afán por recabar informaciones y mantener a la comunidad informada, realizó un extenuante recorrido en Cabimas para conseguir combustible y constató una serie de irregularidades que hizo desistir de su intento.

En mi trayecto a casa, observaba a mujeres, hombres y niños caminando sin poder tomar transporte. Deseaba tener un bus para llevarlos a todo. Se me partía el alma viendo las calamidades por las que pasa nuestro pueblo. Mis pensamientos me retumbaban en la cabeza y formaban una dramática crónica de esas andanzas.

Sentí más que nunca que no debería quedarme paralizado. No podía detener mí trabajo periodístico. En ese momento pensé en los Puertos de Altagracia. Como no  recordarlo antes. Me habían rescatado de un naufragio vial al quedarme por combustible. Allí hubo un hombre que me tendió una mano generosa.

Llegue a mi casa y atrás se quedó el desasosiego. Tomé lo que queda de teléfono y me senté. No quise llamar para no importunar. En el directorio no conseguí a ningún Sandrea y recuerdo que en esa oportunidad grabé su número. La idea de no poderle escribirle a aquel hombre, quien sin saber que era un periodista, me ayudó en esa ocasión desinteresadamente, me acongojaba. Mirando al cielo rebobinaba mi cerebro y luego revisaba el celular. Por fin lo hallé. Lo tenía grabado como “Buena Gente” porque no recordé su nombre en ese instante.

Finalmente le escribí un pequeño texto y al rato recibí una repuesta. Al leerla, recordé porque había escrito “Buena Gente” y sentí que las buenas causas aún no están perdidas. “Con Dios todo es posible” me respondió el director de la alcaldía del municipio Miranda, de quien además de remembrar que se apellida Sandrea, descubrí por sus acciones, que la corrupción no ha desplazado su solidaridad al igual que un capitán de la GNB, que más que su apellido Ortega, recuerdo su acento andino que inmediatamente lo asocié con rectitud, al juzgar por la disciplina y el orden que mantenía a su paso en la estación de servicio.

Después de leer aquella frase, “Con Dios todo es posible”, el tener la posibilidad de echar gasolina pareció haber quedado en un segundo plano.  Su palabra, más que leerla, la sentí como una palmada en el hombro, como un abrazo solidario.

No sé cuándo llegaré hasta ese municipio Miranda que pareciera bendecir a sus hombres. Pero ya puedo dormir más tranquilo porque sé que todavía existen personas comprometidas con la integridad y la honestidad. Ahora creo no morir intentando echar una gota de gasolina, y me siento más cerca de poder ver a mi vieja, a quien Dios le ha permitido cumplir 94 años de vida y de poder seguir con mis cotidianas andanzas como reportero.

Mervin Fuenmayor/Noticia al Día

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