Un día como hoy murió Miguel Otero Silva, escritor y periodista

Un día como hoy murió Miguel Otero Silva, escritor y periodista

Ilustración: Jairo García

Miguel Otero Silva nació el 26 de octubre de 1908 en Barcelona, Venezuela. Fue un poeta, novelista y periodista; se le considera como uno de los máximos exponentes de la literatura social en el país.

Participó activamente en las revueltas estudiantiles de febrero de 1928 y también en la conspiración militar del 7 de abril de ese año y la aventura, al año siguiente, de una proyectada invasión por las costas de Falcón. Estos fueron los síntomas anunciadores de lo que iba a ser su actitud vital más constante: una pasión genuina por la justicia social, la insumisión ante las tiranías, la fe en las

Su padre, Henrique Otero Vizcarrondo, pertenecía a una familia de hacendados que se enriqueció al descubrirse que sus tierras atesoraban asfalto y petróleo. Cuando tenía seis años, Miguel se trasladó a Caracas con su familia, que se instaló en el barrio de La Pastora. Cursó estudios en el San José de Los Teques y en el Liceo Caracas, que dirigían Luis Ezpelosín y Rómulo Gallegos. En las aulasde este plantel coincidió con un grupo de jóvenes estudiantes que iban a constituir la élite intelectual y política del país después de la muerte de Juan Vicente Gómez: Rómulo Betancourt, Jóvito Villalba, Isaac J. Pardo, Rafael Vegas.

En 1924, con quince años, Otero Silva había concluido sus estudios de bachillerato, y su padre, alentado por el talento matemático del hijo, lo instó a que estudiara ingeniería civil. Ese mismo año se inscribió para cursar esta carrera en la Universidad Central de Venezuela, y efectivamente la cursó hasta el final. Pero ya sus intereses eran otros, y Miguel Otero no se molestó siquiera en recoger su título de ingeniero. Había empezado a escribir y, sobre todo, había descubierto el periodismo, que será, con la política y la literatura, su otra actividad constante. Con el seudónimo Miotsis dio sus primeros brochazos humorísticos en las páginas del periódico Fantoches y la revista Caricaturas.

A partir de la década de 1950, ya asentada su carrera periodística, Otero Silva se dedicó de lleno a la literaria. Comenzó desligándose del Partido Comunista de Venezuela y se instaló en tierras llaneras, en el estado Guárico, donde investigó el auge del pueblo de Ortiz y su casi total extinción debido a las fiebres palúdicas, para verter luego sus observaciones en su segunda novela, Casas muertas, publicada en Buenos Aires en 1955 y por la que recibió el Premio Arístides Rojas y el Nacional deLiteratura. “No obstante el aporte de Fiebre a la contemporaneidad del género (prosigue Garmendia) la más popular de las novelas de Otero Silva sigue siendo Casas muertas, por la madurez del estilo, la persistencia del humor, aun dentro del tono elegíaco que envuelve la agonía y desaparición del pueblo de Ortiz y el éxodo de sus moradores, y en especial el sabor y color costumbrista que mantienen la simpatía y el regocijo del lector, entre coloridas descripciones y anécdotas de la vida rural.”

miguel_otero_silva_gbSus simpatías declaradas por la revolución cubana le granjearon la enemistad del gobierno de Rómulo Betancourt, que hizo presión para que dejara la dirección del periódico, lo que acabó efectivamente logrando. En 1961 publicó la novela Oficina n.º 1, escrita en su villa de Arezzo, que Gabriel García Márquez inmortalizó en un relato de fantasmas, publicado en 12 cuentos peregrinos. En Oficina n.º 1 auscultó la Venezuela petrolera, y en su siguiente novela, La muerte de Honorio (1963), retrató las luchas políticas contra el régimen de Pérez Jiménez.

En 1965, junto a su retorno a la poesía con La mar que es el morir, publicó uno de sus libros de versos satíricos más populares, Las celestiales, en el que atacó cruda y jocosamente a la Iglesia, con el seudónimo Iñaqui de Errandonea. Su última novela centrada en acontecimientospolíticos del país, Cuando quiero llorar no lloro (1970), se convirtió en una obra mítica para la generación que vivió los movimientos de guerrilla de la década de 1960, y tres años después fue llevada al cine por Mauricio Wallerstein.

Los últimos quince años de su vida los dedicó Miguel Otero a dos de sus grandes pasiones, el coleccionismo de arte (en su casa de Caracas, bautizada Macondo en homenaje a su amigo García Márquez, llegó a atesorar, entre otras piezas de gran valor, un ejemplar de la efigie de Balzac, deAuguste Rodin, y una de las más importantes colecciones privadas de iconos sagrados rusos), y el humorismo, con el estreno de una versión hilarante de Romeo y Julieta (1975), y a escribir dos novelas históricas: Lope de Aguirre, príncipe de la libertad (1971) y La piedra que era Cristo, publicada en 1984, un año antes de su muerte.

Miguel Otero Silva falleció en Caracas el 28 de agosto de 1985. Dejó a su muerte un amplio legado literario que abarca desde obras de teatro hasta poemas, legado que ha merecido la admiración de autores tan conocidos como Pablo Neruda y Gabriel García Márquez.

Agencias

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