La pareja que volvió a abrazarse con el Mundial de Tango de Buenos Aires

La pareja que volvió a abrazarse con el Mundial de Tango de Buenos Aires

La pareja que volvió a abrazarse con el Mundial de Tango de Buenos Aires. Foto: Ronaldo SCHEMIDT / AFP

Virtual y con la exigencia de barbijo, el Mundial de Tango de Buenos Aires fue este año de pandemia un incentivo para que Verónica Pascual y Sergio Saucet, pareja sentimental y a la vez de baile, se reencontraran en el abrazo.

El Mundial de Tango que se celebra cada agosto en Buenos Aires, con charlas, clases y conciertos además del baile de las parejas concursantes, se lleva a cabo esta semana solo en versión on line, en medio de las restricciones sanitarias por la covid-19, lo que generó críticas de un sector de los tangueros.

Pero para Verónica y Sergio, encerrados en su casa, fue la ocasión para detener la rutina y sentir de nuevo el placer de esa danza a la que caracteriza el abrazo.

«Fue una experiencia de incentivarnos a nosotros mismos, de volvernos a abrazar, porque como convivimos tenemos muchas cosas que atender en la casa y entonces nos habíamos olvidado del tango», dice Sergio, de 47 años.

«Nosotros no estamos ensayando constantemente. Era un desafío y nos hizo mucho bien bailarlo», lo secunda Verónica, de 49 años, quien también es profesora de tango.

 

Veronica Pascual  y Sergio Saucet bailan tango en su casa en Buenos Aires. Foto: Ronaldo SCHEMIDT / AFP

 

El domingo se anunciarán los ganadores del Mundial a partir de los videos enviados, una circunstancia muy diferente a la habitual en la que las parejas se medían en la pista con los demás concursantes.

«En el Mundial tenés otra adrenalina», afirma Sergio en referencia a su experiencia en anteriores ediciones de este festival de tango.

«Tenés otras parejas que están compitiendo con vos en la misma ronda. Te subís al escenario y te encontrás con amigos y con compañeros que están en la misma situación», agrega Verónica.

Pero enfatiza que esta modalidad on line «fue un aprendizaje para todos. Creo que de cada situación hay que sacar las cosas favorables».

En esta edición concursan unas 200 parejas, frente a las 500 del año pasado.

 

– Mayor escrutinio –

 

Luego de mucho dudar, Sergio y Verónica decidieron grabar su video y participar por tercera vez consecutiva en el Mundial. Aunque no tiene el espacio deseado, escogieron el comedor de su casa como escenario, por los pisos de madera y la pared de ladrillo.

A quienes critican que con un video grabado es más fácil hacerlo bien, Verónica responde tajante que, por el contrario, esa modalidad permite un mayor escrutinio.

«Pienso que el hecho de que esté en un video permite que el jurado pueda darse cuenta de errores: ‘Ah, mirá, puso el piecito torcido, reboviná'», refiere esta tanguera.

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Los preparativos para el Mundial que usualmente se desarrollaban en las milongas también quedaron anulados por las medidas de aislamiento que rigen desde marzo.

«Uno extraña. Cuando vamos a la milonga bailamos con muchos amigos y con gente nueva. Somos muy sociables. Pero hoy en día, con esto de que no podemos hacer nada, nos conectamos vía Facebook, Zoom, Skype y tratamos de incentivarlos para que no pierdan esto de estar en contacto con el tango», sostiene Sergio.

 

– Fuera de competición –

 

Dedicado este año a la mujer, la orquesta La Rantifusa, que integran nueve mujeres, iba a ser una de las estrellas del Mundial de Tango. Pero a último momento, y después de una asamblea con colectivos del sector, decidió marginarse del evento.

«Si bien ni las condiciones técnicas ni las económicas eran buenas, habíamos decidido participar porque nos parecía bien ocupar ese espacio para las mujeres y para nuestra propuesta artística», refiere la cantante Natalia Martínez, al explicar que se retiraron en solidaridad con las exigencias de otros grupos que piden un presupuesto extraordinario al gobierno para todos los que se han visto impedidos de trabajar en la cuarentena.

«La pandemia nos afecta desde todo lugar. En lo económico, pero sobre todo en nuestra manifestación artística. No poder juntarnos para crear es algo terrible, muy difícil para nosotras», dice.

Julio Bazán, bailarín de la Asociación de Organizadores de Milongas de Buenos Aires, critica lo que considera un «festival improvisado» en un momento en el que el sector necesita «el apoyo y la protección del ministerio de la Cultura».

«Tiene que haber una ayuda. Nosotros mantenemos al tango vivo, lo llevamos por todo el mundo», reclama Bazán.

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AFP

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