La Milán-San Remo, un deseo veraniego para esprínteres y especialistas

La Milán-San Remo, un deseo veraniego para esprínteres y especialistas

Milán-San Remo

La Milán-San Remo empieza con cinco meses de atraso. Foto: Agencias

La Milán-San Remo, la primera gran clásica de la temporada ciclista, se ofrece el sábado 8 de agosto al apetito de los especialistas en clásicas y a los esprínteres en una edición 111 retrasada cinco meses y con un recorrido nuevo y un clima diferente.

El recorrido y la meteorología: los grandes cambios

30 grados, eso es lo que le espera al pelotón de 27 equipos, dos más de lo habitual aunque con un corredor menos por formación. «Las temperaturas serán mucho más elevadas que en marzo», apunta Valerio Piva, director deportivo del CCC, quien avisa: «Los ciclistas solo tienen unos días de carrera en las piernas, por lo que una prueba de 300 kilómetros será muy exigente».

Con 305 km tras un cambio de trazado de última hora el viernes por perturbaciones meteorológicas, el recorrido sigue una línea más al oeste que el trazado tradicional. Llega a la costa a 36 kilómetros de meta para un final idéntico con las dos últimas subidas, la Cipressa y el Poggio, dos colinas que dominan el litoral.

¿Fiesta para los esprínteres?

¿Quién gana con el cambio? Más que el recorrido, lo que puede influir más en el resultado final es el factor climático, y los esprínteres, que no ganan en esta clásica desde que lo hiciera Arnaud Démare en 2016, tendrán algo que decir pese a contar con un compañero menos para ayudarles. Como el australiano Caleb Ewan, muy ambicioso («estoy con confianza»).

Pero el subcampeón de la edición de 2018 recela del viento favorable, que estropearía sus planes, todo lo contrario que a su compañero Philippe Gilbert, quien ha ganado a lo largo de su carrera cuatro de los cinco ‘Monumentos’. Al belga, precisamente, solo le falta la ‘classicissima’.

El francés Démare, en un gran estado de forma como demostró en su esprint del miércoles en la Milán-Turín, rebosa también confianza cuatro años después de su triunfo. Y aunque actualmente ofrecen menos garantías, habrá que prestar atención al colombiano Fernando Gaviria, al irlandés Sam Bennett, al italiano Elia Viviani o al australiano Michael Matthews. Y aún más al belga Wout Van Aert, flamante campeón de la Strade Bianche el pasado sábado.

«Si llegamos en un grupo pequeño o grande a San Remo sé que no debería tener miedo al esprint», celebró Van Aert después de su tercer lugar en la Milán-Turín, su primer esprint masivo desde su triunfo en Albi en el pasado Tour de Francia.

La esperanza de los atacantes

El italiano Vincenzo Nibali demostró en la edición 2018 de la Milán-San Remo que la victoria, por inesperada que sea, suele caer en manos de los que atacan. Para triunfar hacen falta unos segundos de ventaja en la cumbre del Poggio, a unos 5 km de meta. A no ser que se domine el descenso, como bien sabe el esloveno Matej Mohoric (4º en 2019).

Un póker de ases podría atacar y esperar a ver qué pasa: el polaco Michal Kwiatkowski, el neerlandés Mathieu van der Poel, cuyo hándicap es que no conoce la prueba; el eslovaco Peter Sagan, subcampeón en 2013 y 2017, y Julian Alaphilippe, el vigente campeón.

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«No estoy ni con el mismo ánimo ni con el mismo estado de forma», advierte sin embargo el francés, bajando las expectativas.

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AFP