“Esta cola es para el pueblo y aquí no entra más nadie”: un grito

“Esta cola es para el pueblo y aquí no entra más nadie”: un grito de honestidad que por fin se escuchó en una estación de servicio

Cuando te comienzan a contar historias de cómo se está manejando el despacho de gasolina en el Zulia, se te apaga primero el ánimo que el carro. Hoy en día, surtir gasolina en cualquier estación de servicio, es una tarea que pudiera llamarse titanica.

Pero la necesidad tiene cara de perro, dice un refrán popular y hay quienes por urgencia se aventuran a gastar tiempo y dinero para que su auto no se convierta en adorno de un estacionamiento.

En estos difíciles tiempo de pandemia y crisis, a este periodista le tocó ir hacia el municipio Miranda para realizar una serie de reportajes. Sería algo rápido y todo estaba precisado. Las entrevistas fueron realizadas y al retornar algo le falló al auto. Una avería en una manguera de gasolina nos hizo una mala jugada. Pensamos que ese pudiera ser el problema. A punto de quedarnos, observamos que a la salida de Los Puertos de Altagracia una estación de servicio estaba despachando.

La cola era extensa pero ordenada. Me bajé del auto y atravesé la avenida para llegar a la entrada de la estación de servicio. Allí le pregunté a un funcionario de la GNB, quién estaba al mando. Me respondió que un teniente de apellido Pérez. “Él está muy lejos….enumerando los vehículos”, dijo el militar al tiempo que señalaba el sentido hacia donde tenía que tomar para localizarlo.

Hacia allá me dirigí pensando que estaba cerca. No fue así. El teniente caminó el trecho que forman 100 vehículos en cola. Lo encontré, pero era el centro de atención de decenas de personas que trataban de hablar con él al mismo tiempo. Quise conversar con él pero me fue difícil. Parecía estar concentrado en las charlas que le daba a la gente. Cuando intenté de nuevo dirigirle la palabra, ya estaba montado en la parrilla de una moto para retornar a la bomba. Entre tanta gente quedé en medio de la nada. Pero como en Miranda sobran hombres de buena voluntad, un motorizado no se negó cuando le pedí me dejara en la estación de servicio.

De esa manera llegué otra vez a las puertas de la bomba. Ya el teniente se observaba menos atareado. Fue entonces cuando me escuchó. Me identifique y le dije lo que le tenía que decir. Sin ningún protocolo entendió la situación y comparó el esfuerzo que hacen los periodistas con el que realizan los militares, “algo serio y arriesgado”, sentenció. Por ello entendió que era un asunto priorizado y con amabilidad me dijo que pasara hacia la parte trasera de la bomba que al poder me ayudaría.

Fueron dos horas que estuve allí y les aseguró que no fue pérdida de tiempo. Me convertí en un espectador de lo que ocurría en la estación de servicio. Notaba que un hombre con una gorra negra y letras amarillas, con carpeta en mano, dominaba la situación junto al teniente. Lo hacía coordinadamente. Controlaba el acceso de los casos priorizados y su voz se hacía sentir. Y retumbó aún más cuando observó que en la cola de carros enumerados, había tres vehículos que no lo estaban. “Esta cola es para el pueblo y aquí no entra más nadie”, gritó para dejar claro que algo no estaba bien. Por fin pude escuchar un gesto de honestidad en una estación de servicio.

Su mandato fue acatado por funcionarios y quienes de alguna manera se habían infiltrado en la cola, tuvieron que salir. Por un momento pensé que aquel hombre que imponía orden, se trataba de un alto jefe de la DGECIM, pero al cabo de una hora, me acerque a donde se encontraba en compañía del incansable teniente Pérez y descubrí que no era precisamente un militar. Se trataba del director de la alcaldía del municipio Miranda, al juzgar por lo que estaba escrito en su sweter. Sandrea o director, lo llamaban algunos de quienes supuse eran sus colaboradores.

A los pocos minutos me le presente. Al parecer se sintió complacido con mi presencia. Simplemente porque sin que él me relatara los acontecimientos, yo había sido testigo del funcionamiento de esa estación de servicio. No hizo falta que me explicara la buena organización que allí imperaba porque lo presencié. Guardia Nacional Bolivariana, Alcaldía de Miranda y el pueblo, hacían cada quien lo suyo para que las cosas se mantuvieran en orden.

Me corroboró que era el director de la alcaldía de Miranda y que gracias a la gestión del alcalde Tiberio Bermúdez y al apoyó de la GNB, a los 32 mil litros de gasolina que arriban a ese importante zona zuliana, se le da un uso transparente para bien de la comunidad mirandina

Finalmente salí de allí con un aire de satisfacción, pensando que todo no está perdido y deseando que la mayoría de la estaciones de servicio del Zulia, funcionen como la estación de servicio “Los Haticos” en Los Puertos de Altagracia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Mervin Fuenmayor/Noticia al Día

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