El día que nos quedamos sin gasolina

CUANDO nos quedamos sin gasolina

Foto: Guatavo Baüer / Archivo NAD

Faltan pocas horas para el 2021, al momento de escribir esto. No sé si el 2020 solo fue un tráiler de lo que será el nuevo año. ¡No quiero imaginarlo! Espero que no. Quienes hemos sobrevivido al COVID-19 seguimos a la espera de una vacuna, alguna solución que nos dé inmunidad, mientras otro virus comienza a hacer estragos y estamos inmóviles de pasarlo en familia como antes, porque… no hay gasolina.

La gente ya no anda a un metro de distancia, los negativos salen en banda como en familia. Los más fuertes protegen a los más débiles del virus o cualquier otra cosa. Caminan ciudades enteras cuando salen a hacer recorridos en búsqueda de alimentos. Lo poco que quedó, pues la industria se detuvo… no hay gasolina.

Algunos consiguen puntos de cosecha, que no es más que verduras amontonadas en lugares inhóspitos que llevan días allí y que dejaron algunos agricultores al no poder salir a despacharla. Ahora solo cultivan pequeños huertos, para ellos y su familia, porque… no hay gasolina

La ciudad luce fantasmal, parece que una guerra hubiera pasado por el aire y lo contaminó de olvidó, de orfandad y silencio. Las calles tienen tiempo llenas de polvo y carros abandonados, muchos de ellos en fila frente a las estaciones de servicio. Parece que nunca el asfalto hubiera existido y desde lo alto de los edificios parecen las calles parecen las raíces de un árbol seco. La arena ni siquiera se atreve a rememorar las huellas que dejó tanto transitar porque… no hay gasolina.

 

Foto: Gustavo Baüer / Archivo NAD

 

Desde la costa o la montaña los enfermos descienden en sillas de ruedas. Luchan cada respiro mientras, vienen aguantando las ganas de no morirse en el intento de llegar a un hospital, por si alguno de los médicos que sobrevivieron a la peste le atienda su mal. Esperan correr con la suerte de que el sanador también haya podido llegar a la emergencia porque… no hay gasolina.

El peligro nos ha prohibido siquiera movernos el tapabocas, ese del que tanto nos quejamos usar y que era hasta entonces un salvavidas. Cuando activan las pocas horas de electricidad al día es el momento de recargar todo lo posible para iluminarnos en la noche. Las plantas dejaron de sonar porque… no hay gasolina.

Muchos ya huelen el final y abren los ojos para ver la historia o cerrarlos para llevarse un bonito recuerdo del pasado a la tumba. Lo que vivimos es lo mismo que en su momento hacía agonizar a Maracaibo, no nos atrevimos a escuchar ¡El futuro no lo imaginamos así!.

 

 

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Género: Suelto o glosa

Luis Fernando Herrera

Noticia al Día

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