Raiza Ruiz a casi 39 años de haber vuelto a nacer, sigue sin identidad

Raiza Ruiz a casi 39 años de haber vuelto a nacer, sigue sin identidad

Raiza Ruiz. Foto: Agencias

Este primero de septiembre se cumplirán 39 años de la tragedia del Amazonas, en la que la única sobreviviente fue la doctora Raiza Ruiz, a través de las redes recuerdan este accidente y exponen que desde ese momento esta venezolana por nacimiento, fue declarada muerta, por lo que no tiene documentos de identidad.

El Cessna 207 monomotor, pintada de amarillo fuego y con las siglas YV-244-C, debía aterrizar en San Carlos a las nueve de la mañana, pero esto no sucedió, el mal tiempo impidió que la aeronave llegara a su destino.

Abordo de la aeronave iban Rómulo Ordoñez, capitán de la nave; José Manuel Herrera, juez colombiano; Salvador Mirabal, agente policial y Raiza Josefina Ruiz Guevara, médico residente en Maroa desde el 16 de agosto de 1981, año en el que sucedió la tragedia, y próxima a recibir su título de Médico Cirujano.

El vuelo cubría la ruta Puerto Ayacucho – Maroa – San Carlos de Río Negro, al momento de reportarse su desaparición se iniciaron las labores de búsqueda. Tres días después el piloto de una ruta comercial avistó los restos de la aeronave, en medio de la selva, en los linderos del río Casiquiare, por el estado de la misma todo hacía suponer que no había sobrevivientes.

El 5 de septiembre, los supuestos restos mortales de Raiza Ruiz fueron sepultados en el Cementerio del Este, en Caracas. Mientras tanto en la selva, una mujer luchaba por su vida.

La información que se conoció después fue el agente policial Salvador Mirabal murió poco después del impacto y la explosión de la avioneta, el juez Herrera y el capitán Ordoñez sobrevivieron al igual que Raiza, pero las heridas, fracturas y quemaduras que les causó el incendio de la aeronave, no permitieron que sobrevivieran.

La doctora Raiza Ruiz enfrentó estas muertas, sabiendo que estaba sola y que todo dependía de su apego a la vida y su resistencia, pero las heridas, que inicialmente parecían menores, empeoraron al contacto con la humedad de la selva, los insectos, la intemperie. Su cuerpo comenzó a hincharse, se le dificultaba orinar, los gusanos se apropiaron de la piel quemada.

Al sexto día de deambular en la selva, con su cuerpo maltratado y herido, Raiza Ruiz se derrumbó, cayó a tierra, sin fuerzas para seguir intentando hallar la vía de escape de aquella pesadilla.

Ella confesó después que en ese momento ya no podía seguir caminando, estaba demasiado hinchada, su cuello era una masa purulenta poblada de gusanos, sus piernas ya no respondían y también estaban llenas de larvas, no soportaba el dolor y entonces pidió morir.

Sin embargo, en aquel momento Raiza pudo escuchar voces humanas que se aproximaban, rodeándola. Primero fueron niños; horas después llegaron los adultos, indígenas de la etnia Barí, quienes le prestaron auxilio.

Lo que ocurrió después, fue que estas personas curaron sus heridas, entonaron cánticos a sus dioses, para pedir la sanación de esta mujer, que para todos, ya no existía y que había sido sepultada, mientras en realidad ella se debatía entre la vida y la muerte.

El 7 de septiembre es una fecha que jamás será olvidada en el hogar de la familia Ruiz Guevara. Era el inicio del novenario, ese rito católico para rogar por las almas de quienes partieron, pidiendo para ellos “que brille la luz perpetua y descansen en paz”.

Esa noche, en medio de las letanías, se escuchó el repique del teléfono. Desde Puerto Ayacucho llegaban buenas nuevas.

Gritos de sorpresa y una voz que rasgaba el luto del momento: “¡Raicita está viva… está viva!…”, exclamaba, a punto de desmayarse, su hermana Isabela Ruiz, quien atendió la llamada.

 

Raiza está viva, pero sin identidad

 

Aunque Raiza Ruiz felizmente no murió en aquel accidente, existía un acta de defunción que certificaba su fallecimiento; la legislación venezolana no permitía corregir el equívoco. En 2006 por fin pudo demostrar legalmente que estaba viva.

Luego de una larga y dolorosa recuperación física, vino un tiempo para sanar las heridas del alma y ordenar las ideas, tras lo cual volvió al ejercicio de la medicina. «Aún recuerdo la ovación en el Aula Magna de la UCV el día de su graduación. Para ese momento seguía legalmente muerta, pues así la habían declarado», destaca un internauta.

Esta mujer de gran estatura espiritual volvió por un tiempo al Amazonas a hacer lo que sabe. Raiza Ruiz vive agradecida con el día a día, con cada respiro, aprovechando al máximo la segunda oportunidad que le dio la vida hace 39 años; lo que muchos aún llaman El Milagro del Amazonas.

 

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Noticia al Día/Con información de F. Reyes