¿Qué le echan los zulianos al arroz si no se puede comprar carne ni granos?

¿Qué le echan los zulianos al arroz si no se puede comprar carne ni granos?

Foto: Julia Corona

La mayoría de los venezolanos pasa hambre brava debido a la devastadora crisis económica que atraviesa el país. En los hogares ya nadie se sienta a compartir como antes y los platos lucen tristes, muy tristes: apenas un poquito de arroz con lo que Dios disponga para ese día.

La demoledora situación hace que el mal comer sea «el pan nuestro de cada día». Lo peor y más frustrante es que por más que se trabaje, quienes habitan la fértil tierra del oro negro, no logran vencer la crisis.

El desafío de todos los días es poner la cabeza a pensar qué se le echará al arrocito, pues la mayoría solo puede adquirir este cereal para un solo bocado al día. «¿Cómo es posible que trabajando, en Venezuela no se pueda comer bien? ¿De qué vale tanto esfuerzo?», se preguntan a diario los nacidos en la tierra millonaria.

¿A cuánto subirá el dólar el día de hoy?, un factor qué determinará cuánto dinero hace falta para adquirir los  alimentos. Con el correr de los días el dólar sigue su ascenso a las nubes, mientras que los ingresos de los venezolanos van en descenso, lo que nos hace vivir entre la angustia y la depresión. Con esta alza desmedida del dólar, automáticamente todo sube de precio.

Por ejemplo, si antes se podía consumir 1 o 2 veces por semana carne, pollo o pescado, ante esta regular subida de “los billetes verdes”, los zulianos se convertirán en fieles consumidores de nada, pues ya no es posible sustituir proteínas por vegetales o granos por tubérculos y mucho menos consumir frutas, por sus altos costos. En pocas palabras, darse un “gustico” de vez en cuando, pasó a la historia.

Para nadie es un secreto, que esta crítica situación ha empobrecido a más de la mitad de la población, y muchas familias en su mayoría solo tienen para comer un plato de arroz.

«Si compro arroz, no me alcanza para comprar las verduras y si compro las verduras, no las tenemos que comer solas. Por la bondad de mis vecinos, por lo menos puedo preparar una salsita para echarle al arroz, porque ni un platanito nos podemos llevar a la boca», así lo señala Deisy de Ríos, ama de casa de la parroquia Bolívar, desesperada por la precaria situación que la rodea.

En esta crisis, con esta constante inflación, se hace necesario reinventarse en la cocina. No es fácil, pero de acuerdo a las posibilidades de cada quién, en vez de carne o pollo, se puede preparar una buena sopa de verduras acompañada de arroz o una suculenta ensalada con pasta, que si bien no sustituye a la proteína, por lo menos para “llenar la barriga”, es una solución.

La señora Mireya Parra, jubilada, asevera que en su hogar el consumo de proteínas es cada 15 días: «¿cómo voy a comer carne con lo que me pagan de pensión si ese monto es una miseria?; si pagaran en dólares la cosa cambiaría. Si no fuera por mis hijos, ya me hubiera muerto de hambre», recalcó la señora con tono de frustación.

Bajo este contexto, sin duda alguna, la vida del zuliano y de todos los venezolanos es una constante lucha ante el alza del dólar y de los desmedidos precios que cada día golpean más el poder adquisitivo de los ciudadanos. Los días pasan y se vislumbra un panorama poco alentador, aunado a la pandemia que nos amenaza.

 

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Julia Corona/Pasante