No son postales. Es el hastío: Alejandro Vásquez Escalona

No son postales. Es el hastío: Alejandro Vásquez Escalona

En una fotografía de la portada de Crónicas de Motel, a la izquierda una versión de vaquero trajeadode negro con una botella de cola o cerveza en la mano a la altura del ombligo, mira la cámara. Es
Sam Shepard, su autor. Del lado opuesto, se ve un auto negro de los años veinte, matricula AA-77 de Texas. Al fondo una especie de cantina. Es sepia. Aún no tiene hongos. Después de un año o más, un hombre moreno. Delgado como un suspiro de tallo de trigo, inicia su lectura por tercera vez. Está desnudo. Aún no ha desayunado. Es la cuarta edición de 1985.

Ayer terminó de leer otra vez más, De Que Hablo Cuando Hablo de Escribir de Haruki Murakami. Desde el interior de la tapa del libro, el escritor japonés en plano americano mira a su izquierda. El fotógrafo como que simulara hacer un retrato cándido del escritor. Murakami sonríe levemente, puede que de la ingenuidad del operator visual. Después de los disparos, seguramente compartieron una cerveza. Aunque Haruki casi siempre está solo cuando abre su nevera y saca una birra para tomarla. Eso dice cuando escribe de su oficio.

De su vida

Está mañana el hombre como suspiro de tallo de trigo tomó un café. Piernas cruzadas como siempre, posteó en su Instagram un texto ajeno: “…te sientes tan impregnado por la vida que de esas criaturas imaginarias que para ti no existe el tiempo, ni la decadencia, ni tu propia mortalidad. También eres eterno cuando inventas historias. Uno escribe siempre contra la muerte…”. Alguien preguntará de quién es el texto. O no. De alguna manera son especie de migajas que dejas en el camino de lo hiperreal. O que sigue hacia ningún sitio. Ahora, sentado frente a su ordenador corrige el tropel de frases, de un relato suyo recién escrito. Los bellos abundantes de sus piernas casi han desaparecido en las zonas de roce del cruzado. Con sus dedos índice y pulgar estira reiteradamente los pelos del bigote y barba como si deshojara hilos del ovillo de la espera. Como dudando de su escritura para asentar la ilusión vital.

Alejandro Vásquez Escalona

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