Imposible presentirlo, penúltima despedida a Eduardo Semprum

Imposible presentirlo, penúltima despedida a Eduardo Semprum

Cuando se levantó ese 11 de julio, ni sombra de la idea, ni un segundo en el pensamiento de que se iba a morir. Los días anteriores habían sido tan espléndidos. La claridad de las mañanas y el ocaso metido en la piscina con su hija Andreína, el primero de junio. En mayo había asimilado el gran golpe – tal vez el mas grande de su vida- Panorama, su casa de siempre, la de su padre, la de suegro, la de sus mejores amigos, anunciaba su cierre. Debió dolerle mucho ese titular: «¡HASTA PRONTO!, última edición impresa de PANORAMA», nada que no borrara un trago de whisky y una carcajada.
… Pero, venía la sombra, fallarían las fuerzas, un mes exacto después de un 11, igual a este.
Pocos supieron de la gravedad. Había tanta fe en sus momentos de recuperaciones milagrosas, en ese torbellino de fuerzas para revivir, resurgir de los caminos nefastos.
Agosto era la puerta estrecha. La senda, el valle de la sombra de la muerte, agosto vendría con el Salmo 23: junto a aguas de reposo me pastoreará, confortará mi alma, me guiará por sendas de justicia… agosto traía tribulación. ¿Cómo presentirlo?¿Cómo saberlo?.
Esta es la penúltima vez que despido al amigo, al grande reportero…Eduardo Semprún un mes después de este día murió.
JC