“Es peor que una cárcel”: Describe una zuliana su calvario en un hotel de aislamiento

“Es peor que una cárcel”: Zuliana describe el drama que vivió en un hotel de aislamiento

Foto: AFP

Maracaibo tiene casi dos mil personas recluidas en hoteles de aislamiento esperando por los resultados de las pruebas PCR

49 días han pasado desde que Ana (Seudónimo) está en aislamiento, aunque lleva una semana confinada en su casa, contó a NAD el calvario de una verdadera cuarentena recluida en uno de los 15 hoteles de aislamiento en la ciudad.

«Mandé ha hacer unas pruebas rápidas de despistaje de covid-19 a mi grupo de trabajo, y de todos fui la única que dio positivo, aunque yo no sentía nada», explicó Ana, quien a las 8:00 de la noche de ese viernes fue trasladada a un CDI para colocarla en observación.

Ana cuenta que luego de dos días, la llevaron a La Montaña, un hotel ubicado en la parroquia Francisco Eugenio Bustamante, allí le aplicaron otra prueba al entrar, pero esta vez salió negativa, a la señora de cuatro décadas le explicaron que en la tarde la darían de alta, sin embargo, eso no pasó.

«Me asignaron una habitación para mi sola, al lado tenía una familia completa en un solo cuarto», comentó

Allí comenzó su espera por los resultados de la prueba de PCR que llegaría la siguiente semana desde Caracas.

Los resultados perdidos

«Yo veo que llegan y llegan resultados y a mi nada que me llaman. Pasan varios días y me dio por preguntar qué había pasado, me dijeron que mis resultados se habían extraviado y que tenía que esperar unas semana más para ver si me dejaban salir», dijo Ana.

Una semana después llegan sus resultados con un segundo lote al hotel, esta vez, los de ella sí estaban, pero, la doctora que los atendía le comentó que su PCR, arrojó negativo pero dudoso. Desde ese momento se sumaron unos días más a su confinamiento, tuvieron que repetirle de nuevo la prueba.

Ana llevaba casi 15 días de encierro en un lugar que según ella era un aposento increíble, pero que aunque tenía una cama matrimonial para ella sola, aire condicionado y un baño privado, era peor que una cárcel porque los trataban como delincuentes.

«Nos prohibían salir de la habitación por el riesgo al contagio, pero yo sentía que me iba a volver loca encerrada mirando al techo, aunque no tenía ningún síntoma, nadie sabía si estaba contagiados o no. Yo a veces salía en la mañana a la puerta de entrada de mi habitación a tomar sol y muchas veces me tocó salir corriendo de regreso cuando veía que venía un guardia porque sino me regañaban», dijo.

Comida de contrabando

El contacto con su familia a través del teléfono celular era lo único que la mantenía alejada de la depresión, el encierro le provocaba ansiedad y desgano. Ana cuenta que dentro del hotel obtuvo ayuda psicológica por parte de la alcaldía de Maracaibo, allí expresó su descontento por estar más de 15 días encerrada sin respuesta clara del porqué seguía allí.

El servicio en el hotel de los aislados fue desmejorando con los días, aunque las tres papas estaban garantizadas, la maracaibera cuenta que comían a deshora y que muchas veces era incomible. «El desayuno los daban a la una la tarde, el almuerzo como a las cinco y la cena a las 10 u 11 de la noche, nos tomábamos un tratamiento, que nos duró cinco días, en la mañana, sin nada en el estómago, nos daban una jarra de agua con las comidas, a veces venía caliente», alegó Ana.

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Como mercancía de contrabando, los familiares que estaban fuera del recinto intentaban llevarle comida a sus allegados, pero los esfuerzos eran en vano,  se la decomisaban o la devolvían al pasar la puerta. «Algunas personas con escaleras trepaban la cerca para pasar chuchería, comida, toallas sanitarias o lo que fuera, nos sentíamos como delincuentes pero la única forma comer algo distinto», dijo la mujer.

Añadió que los vecinos del sector denunciaron los actos fortuitos. Los guardias les advirtieron a los pacientes que si seguían promoviendo eso, pasarían su cuarentena recluidos en la verdadera cárcel.

Rumbo al alta

Ana llevaba un mes internada en el hotel, rumbo a su cuarta prueba rápida para salir, ella relata que pasó días viendo cómo la gente salía por sus respectivas «palancas». «Yo solamente escuchaba decir: te salváis porque tenéis una púa», mientras observaba cómo algunas personas que tenían menos tiempo que ella salían por el portón principal.

Días antes de su salida, Ana describe que los ánimos estaban a flor de piel, dos personas se desplomaron ante sus ojos y fueron sacados en ambulancia hacia un centro de salud.

«Por los pasillos decían que los señores eran hipertensos y que no tomaban sus medicinas. No sé que pasó con ellos»

Ana, quien sufre de problemas con la vesícula y  los riñones explicó que no muchos podían cumplir sus tratamientos y que el menú determinado de las comidas no cumplía con variaciones para las personas que tenían dietas específicas por las patologías que padecían. Ella comenzó a sufrir ataques de pánico y un cuadro de hipoglicemia.

En casa

Ana contaba los días, y no fue sino hasta el día 42 que logró salir de su cárcel hipotética, cambio su celda (cuarto de hotel) por arresto domiciliario, pues la condición para salir fue quedarse encerrada en casa bajo amenaza de volverla a recluir si se asomaba a la esquina de su cuadra.

Hoy Ana cumple un poco más de una semana sola en su hogar a la espera de una última prueba que la declare sana para volver a su vida normal, pero aún en cuarentena. «Yo me sigo sintiendo bien, como el primer día, pero es un alivio estar en mi casa, no le deseo a nadie estar en esa situación», finalizó la usuaria que cumplió literalmente una cuarentena completa en los hoteles hospitalarios de Maracaibo.

Aunque ella se queja por la experiencia que tuvo que pasar en su aislamiento, comentó que eso solo pasaba en ese hotel, pues conocía a varias personas que estaban recluidas en otras posadas y expresaban que el trato era excelente.

Como es el caso de José (seudónimo) , quien actualmente lleva más de dos semanas aislado en el hotel Oasis, al oeste de la ciudad, él comentó que no se puede quejar de su estadía en el recinto, cuándo llegó recibió un kit de aseo personal y obtiene las tres comidas del día sin demora, dijo que en las mañanas hace ejercicio para no aburrirse y fielmente espera por los resultados de la prueba PCR que viene de Caracas.

A pesar de que su primera prueba rápida dio positivo, él alega que no siente ninguna sintomatología y que confía en Dios en que todo saldrá bien, para poder regresar a su hogar.

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A. Vargas

Noticia al Día