El maracuchismo leninismo de Blas Perozo Naveda (Por Julio César Reyes)

El maracuchismo leninismo de Blas Perozo Naveda (Por Julio César Reyes)

Conocí a Blas Perozo Naveda por iniciativa de mi amigo el poeta Douglas Gutiérrez, quien me lo presentó a mediados de los años ochenta siendo yo dirigente estudiantil de la Faculta de Humanidades de LUZ y él profesor titular de la escuela de letras. En ese entonces Blas regresaba decepcionado de su experiencia como profesor de la Universidad de Los Andes, dónde su irreverencia intelectual no fue bien recibida y mucho menos comprendida. Venía dispuesto a optar por un cargo como profesor de planta en la Facultad de Humanidades, justo cuando se acababan de abrir varios concursos de oposición.

La intención del poeta Douglas era pedirnos a un grupo de estudiantiles que vigiláramos celosamente el concurso donde participaría Blas para que los demonios de la inquisición no se confabularan para evitar su ingreso a LUZ.

Acordamos vernos en el pasillo central, frente al bloque B, donde funcionaba la escuela de letras, para luego acompañarlo a la entrega de credenciales en la secretaría del consejo de facultad. Nunca se me olvidará esa imagen de Blas caminando con una sonrisa traviesa, arrastrando una maleta de viajero que literalmente contenía sus credenciales. Jamás había visto a alguien aspirar a un cargo de profesor con semejante currículum a cuesta, dejando claro que en esa época la calidad de los docentes universitarios de LUZ registraba estándares muy elevados. Ante la carcajada de los presentes, Blas, con toda seriedad, abrió la maleta y mostró cada uno de los libros que había publicado, que para entonces ya eran más de diez, entre los que recuerdo Maracaibo City, Caín y Babilonia. No nos habló de su doctorado en la Sorbona de Paris ni de su experiencia como docente en la ULA, credenciales suficientes para ganar cualquier concurso en LUZ o en la universidad que a bien deseara.

Sin embargo, estaba empeñado en ser profesor en la Universidad que lo graduó de Licenciado en Letras y sobre todo donde compartía con Douglas Gutiérrez un movimiento literario llamado Maracuchismo Leninismo, que no era otra cosa que utilizar la jerga zuliana para enfrentar la ignorancia y los despropósitos, en una época en la que la irreverencia no estaba de moda.

Fueron Blas y Douglas quienes me hablaron por primera vez de participar en el único sindicato en el que hasta el sol de hoy estoy dispuesto a formar parte: el sindicato de la inteligencia. Eran estrictos a la hora de aceptar miembros, sobre todo cuando venían del ámbito político. Escucharlos hablar del sindicato era una verdadera gozadera porque la conversa no tenía desperdicio entre las ocurrencias sobre los requisitos y el manejo exquisito del lenguaje maracucho.

Finalmente, Blas ganó su concurso sin la más mínima ayuda de nosotros los estudiantes, ya que registró la puntuación más alta que para entonces se había alcanzado en una prueba de credenciales. Las demás pruebas para él fueron pan comido.

El pasado 13 de julio, se fue sin despedirse, pero dejándonos un legado literario que aún merece mucho de qué hablar. Blas “Date por vivo que sóis un hombre mollejúo”.

 

Julio César Reyes

Quien fue tu alumno en la mejor cátedra de la Facultad: la del pasillo del Bloque B.

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