Corrupción sin frenos en cuatro ruedas (Javier Sánchez)

Corrupción sin frenos en cuatro ruedas (Javier Sánchez)

¿Que si me gustaría tener un carro de lujo? ¡Claro que sí! ¿A quién no?
Siempre desde adolescente tuve sueños repetidos de que era dueño de carros espectaculares con las máquinas más complejas que fueran la envidia del barrio. Crecí, fui profesional y cada día me hacía más feliz manejar mi automóvil con mi esposa e hijos a bordo, aunque era apenas un «malibusito» que fue lo que pude adquirir, siempre me inspiraba ir a trabajar con la posibilidad de comprar un Mercedez Benz, sueño que nunca se cumplió porque no dieron los números.

El tener un vehículo como una necesidad para el transporte es lo que nos motiva a superarnos profesionalmente; adquirir lo necesario para vivir cómodo que incluye además de carro, casa y bienes en general, pero observamos que la corrupción actual, sobretodo la que se ve a simple vista en las distintas dependencias gubernamentales, permite que cualquiera que esté «enchufado» a pesar de no contar con ingresos que así lo demuestren, se desespera en un principio por andar en «cuatro ruedas millonarias».

Los psicólogos tienen una explicación sobre ello y dicen que este tipo de bien les da estatus, prestigio y poder social sobretodo al que nunca ha tenido nada.
Al amigo lector le pregunto: ¿Realmente crees que existe una diferencia insuperable entre tú y los 81 que están en el listado de estos carros último modelo? La verdad yo creo que no, pues
muchos hombres y mujeres en el mundo trabajaron muy duro para levantar sus imperios empresariales y poder adquirir las cosas que más querían, incluyendo automóviles únicos, sin necesidad de pertenecer a ningún partido político ni desbancar puestos gubernamentales con jaladera de mecate, después que pedían un «empujoncito» o «cola» en plena autopista para llegar al trabajo.

La clase media, que se resiste a hundirse en la pobreza, le queda la opción de los vehículos de segunda mano, si es que puede, porque comprar uno nuevo último modelo se le hace más difícil que hacer gárgaras boca abajo.

Las investigaciones realizadas sobre el tema estiman que 60% del parque automotor de Venezuela está compuesto por vehículos ensamblados antes de 2006 y que aproximadamente hay dos millones de unidades con más de 15 años a cuestas que, a duras penas, siguen circulando dada la escasez de repuestos y el bajo poder de compra de la población como parte de la crisis económica que vive el país hace más de cinco años que se ha sentido una escasez en muchos rubros de la economía, entre ellos la de vehículos y repuestos.

Los conductores de este país han tenido que dejar el carro parado por meses y años en sus estacionamientos porque no consiguen los repuestos importados que son muy costosos pues está todo dolarizado, sin embargo, en este país de contrastes, unos
81 últimos modelos esperaban la orden de salida de un puerto de U.S.A para llegar a Venezuela y levantar el ego a un número similar de personas que de seguro no recuerdan aquella frase del ex presidente Hugo Chávez cuando dijo: «ser rico es malo».

Muchos somos los conductores que nos encontramos en situación de «pelando el pedal» pero los 81 a quienes no se les cumplió el sueño, y estaban en la lista de los vehículos de lujo que fueron incautados por las autoridades del Gobierno de Estados Unidos el pasado 8 de julio en el puerto de Fort Lauderdale Florida y que fueron adquiridos supuestamente por el gobierno venezolano para ser enviados a nuestro país, también pelaron, se les trancaron las crucetas y perdieron los frenos.

Sería interesante conocer quienes tendrían la dicha de andar por las autopistas y avenidas de la segunda Haití del mundo, con su automóvil último modelo exclusivo del año, que de seguro, nunca se verían en colas para echar gasolina, ni mucho menos en la de los peajes y pasajeros si llegaran a pisar tierra venezolana.
Mientras esto sucede, seguiré mirando por el retrovisor de mi carrito que lleva dos años parado en el estacionamiento en cuidados intensivos con diagnóstico reservado, con el motor dañado, sin ,sin bateria y en cuatro bloques.