Sexo y masculinidad tóxica en '365 días', la pélicula como 50 sombras

Sexo y masculinidad tóxica en ‘365 días’, la película comparada con 50 sombras de Grey

365 días

365 días. Agencias

Ni ‘Strangers Things’, ni ‘Peaky Blinders’, ni ‘La casa de papel’. Lo más visto por los españoles en Netflix según el top 10 que muestra la plataforma al navegar por sus contenidos es una película polaca. Ni su directora, Barbara Bialowas, ni sus protagonistas, el italiano Michele Morrone y la actriz y cantante Anna Maria Sieklucka, son conocidos. Sin embargo, dos poderosos factores han servido de acicate para que el filme 365 días acapare protagonismo en las redes sociales: algunas de las peores críticas del año y unas escenas de porno soft que han llevado a que sea comparada con ’50 sombras de Grey’.

En la base de IMDB recibe un 3,6 sobre 10. «Su torpeza mayúscula a veces resulta graciosa, pero es tan seductora como el manual de una lavadora»; «un maratón de sexo absolutamente terrible, políticamente cuestionable y ocasionalmente hilarante»; «denigraciones, machismo y Síndrome de Estocolmo, si no tiene nada que hacer, no se ponga a ver ‘365 días’; «quiere ser la ’50 sombras de Grey’ polaca y es lo suficientemente mala como para ganarse la comparación». Son algunas de las críticas en medios que ha recibido una cinta de dos horas que se hacen eternas y que transcurre en un universo de mansiones al borde del Mediterráneo, reservados vips de discotecas, spas y hoteles de lujo. Su escena cumbre, de más de cinco minutos, es un polvo gimnástico en todos los rincones de un yate en alta mar.

«Hijo, debes tener cuidado. Las bellas son el paraíso de los ojos y el infierno del alma», alecciona un capo de la mafia siciliana a su hijo en los primeros compases del filme, mientras la cámara montada en dron sobrevuela Lampedusa. Massimo (Michele Morrone, con una única expresión en todo el metraje) verá como su padre muere asesinado en sus brazos por una bala que también le envía a él al hospital. En ese duermevela entre la vida y la muerte soñará con la mujer que ha visto poco antes, Laura (Anna Maria Sieklucka). Cuando vuelve a encontrase con ella la secuestrará en una imponente casa-fortaleza. «Te daré la oportunidad de enamorarte de mí en un año», le espeta. Cualquier parecido con ‘Átame’, ‘El coleccionista’, ‘La Bella y la Bestia’ y ‘Siete novias para siete hermanos’, que partían de un argumento parecido, es pura coincidencia.

La directora retrata a Massimo como un hombre de principios, que ejecuta a quienes trafican con niñas porque ensucian el nombre de la familia. Su libido le lleva a someter a una azafata en un vuelo privado para que le practique una felación, mientras en un montaje paralelo la mujer de su vida se masturba en su casa con un vibrador. De tan grotesco resulta hilarante, aunque no hay el más mínimo ápice de ironía en la dirección de Sieklucka. A las apariciones fantasmales del protagonista, casi siempre sin camiseta, se suman los diálogos de traca: «¿Te has perdido pequeña?» o «Tienes mucho temperamento. ¿Cómo es que no eres italiana?», son algunos ejemplos de una historia estirada y mal contada, con canciones pop introducidas a destiempo a la manera de sonrojantes videoclips.

No hay un gramo de verdad ni de química en el retrato de la pareja. Tras vencer la incredulidad de que la secuestrada, después de todo, no está tan mal en su cautiverio se sucede un juego de calentamiento y provocación mutuo entre los protagonistas. A la manera de ‘Pretty Woman’, ella se deja ir de compras por tiendas de lujo mientras él espera y los guardaespaldas llevan las bolsas. Poco a poco, la presunta víctima entiende que, oye, no está tan mal con el mafioso cachas, que la lleva en jet privado a fiestas exclusivas. Hasta se pone celosa de sus antiguas novias. Como es un caballero no la forzará hasta que ella quiera. «Te voy a follar tan fuerte que te oirán gritar hasta en Varsovia», amenaza el semental.

Una novela de Blanka Lipińska, primer tomo de una trilogía, inspira el guion de la película, que se estrenó en los cines polacos el pasado febrero recaudando casi 10 millones de dólares, sin sospechar que arrasaría en Netflix en países como Arabia Saudí, Países Bajos, Alemania, Suecia y Turquía. Si el retrato de Massimo cae en la caricatura, el de Laura no va mucho más allá. Ejecutiva de grandes hoteles, la directora la dibuja como una mujer fuerte al inicio, para después descubrir que su novio le pone los cuernos y lo que en realidad quiere es un hombre que la someta. Todas las escenas con su amiga y los preparativos de la boda (sí, hasta pretende casarse con el capo) son dignas de un reality de Telecinco. Mientras, las almas cándidas que no deben consumir porno se han lanzado a parodiar las acrobáticas escenas de sexo (no se ven genitales) en TikTok con la etiqueta #365days. Acumulan más de 200 millones de reproducciones.

Pro Empower, una organización de estudiantes británica centrada en la conducta sexual inapropiada en la educación superior, ha pedido a Netflix que considere retirar ‘365 días’ o al menos ponga un aviso «advirtiendo que la película podría alimentar la cultura de la violación». Que la plataforma la encuadre bajo el género romántico con los epígrafes de «hermosos paisajes, actores y riqueza ilimitada» también es un desvarío para la ONG: «Lo que encontramos realmente en la película son actos de abuso sexual, control coercitivo, masculinidad tóxica y Síndrome de Estocolmo». La actriz Anna Maria Sieklucka ha confirmado que el año que viene rodarán la secuela.

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Agencias