¿Quién es Carlos Lehder? Testigo viviente del emporio de terror de Pablo Escobar

¿Quién es Carlos Lehder? Testigo viviente del emporio de terror de Pablo Escobar

Carlos Lehder testigo narco

Pablo Escobar junto al narco Carlos Lehder. Foto: Agencias

Quizá no hay un narco extraditado que regrese tanto a escena como Carlos Lehder. Después de la muerte de Popeye, el año pasado, este hombre es tal vez el principal testigo viviente de lo que fue el emporio de terror de Pablo Escobar y la estela de crímenes, excesos y lujuria que dejó a su pasó.

Lehder, quien estuvo por décadas incomunicado, en la celda de una cárcel de los Estados Unidos, suele ser noticia cada tanto. Antes de la pandemia este año, el Gobierno anunció que las tierras que habían sido de su propiedad, entre ellas la Posada Alemana, podrían convertirse en un enorme parque temático del mismo estilo de la Hacienda Nápoles del capo Pablo Escobar.

Carlos Lehder es uno de los narcotraficantes míticos de la historia negra del Cartel de Medellín. Es un personaje obligado de todas las novelas, libros e historias que se tejen alrededor de la vida de Pablo Escobar. El narcotraficante fue uno de los pintorescos protagonistas de la década de los 80, cuando el dinero de las mafias casi que había arrodillado al Estado.

 

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Hoy es noticia nuevamente, luego que se conociera su excarcelación en Estados Unidos y su deportación a Alemania, pero ¿quién es Carlos Lehder?, el loco, peligroso y simpático narco que estuvo al servicio de Escobar.

Según registra un perfil de SEMANA en 1987, “Carlos Lehder Rivas es quizás el único de los grandes jefes de la mafia colombiana que más que empleados, ha tenido seguidores”. Quienes lo conocían lo describían como un hombre encarretador, mesiánico y obsesivo.

Un perfil del exdirector del diario ‘El País‘, Antonio Caño, escrito en 1984 en ese diario, fue titulado “Carlos Lehder: un mafioso simpático”. El periodista español lo describió como: “Loco, peligroso, atractivo”. En el mundo de la mafia lo conocían como el ‘Loco‘ Lehder, y lo cierto es que su vida estaba llena de anécdotas para merecer ese apodo.

Lehder era el hijo de la unión de un alemán y una colombiana. Según cuentan los perfiles que se han escrito sobre él, su padre era implacable y su madre sufría por esa realidad. Tanto así que cuando él tenía cuatro años se separaron. Otro artículo del diario ‘El País‘ cuenta que “Al cumplir 14 años, su madre lo llevó a Detroit y lo dejó en manos de unos familiares. Bajo su cuidado sufrió el primer gran trauma de su vida: un tío abusó de él sexualmente y la experiencia lo marcó para siempre”.

 

Su experiencia en la Gran Manzana lo marcó en muchos sentidos. “Yo viví en Nueva York y conocí de joven la persecución contra el latino y contra el ilegal. Muchos años después estuve en una cárcel norteamericana. Vi muchos colombianos que estaban presos allí por drogas y supe que no lo habían hecho por hacer el mal, sino por necesidad. Luego tuve mi isla, que 15 años antes era utilizada para que aviones de la CIA despegaran hacia Cuba a regar sus plantaciones de fósforo y a envenenar sus ríos. La suerte quiso que cuando yo llegué a ella fuera utilizada por muchos latinoamericanos que aprovechaban la bonanza de la marihuana y la cocaína para llevarlas a Estados Unidos. Eso me enseñó que ningún crimen del imperialismo queda impune», le dijo al diario español. Su odio por Estados Unidos era tal, que en una entrevista a SEMANA en la década de los 80 dijo que «si tuviera el dinero que dicen que tengo, le giraría un cheque a Daniel Ortega para que se defendiera del imperialismo».

Vivir en ese país le dio a Lehder el toque multicultural que no tenían los otros narcos. Hablaba inglés y alemán muy bien, y muchos destacan que es un hombre con una inteligencia superior al promedio. Sin embargo, en el momento en que tuvo que elegir entre hacer su vida al estilo del sueño americano, con dedicación y sacrificio, o tener dinero rápido con una actividad criminal, prefirió lo segundo. Se convirtió en un jalador de carros profesional y por cuenta de esa actividad terminó preso en una cárcel americana. Allí compartió patio con uno de los protagonistas del escándalo del Watergate que le costó la presidencia a Nixon.

Según un artículo de SEMANA, “no se sabe muy bien cómo dio el salto de los carros robados a la droga… Al parecer, Lehder se inició en este nuevo negocio como distribuidor de cierta categoría. Su primera captura por este motivo le implicó una condena de cuatro años que solo se cumplió parcialmente, pues escapó de la prisión. Al volver a la calle, pareció decidido a conocer todos los secretos del tráfico de marihuana, no solo en Estados Unidos, sino en lo referente a las rutas que partían de Colombia con los cargamentos que, por esos años, estaban dando inicio a la bonanza marimbera”.

En poco tiempo, Lehder ya se había convertido en uno de los grandes capos colombianos. Manejaba aviones para transportar los cargamentos, los compraba viejos, los reparaba y los mandaba al aire. Así logró hacerse a una flota. Hizo tanto dinero, que compró su propia isla en Bahamas, hecho por el cual logró un escaño importante en el mundo de la mafia. Con esa isla pasó a las grandes ligas del negocio del narcotráfico. Una de las frases que más se recuerdan de él es que decía que “la marihuana es para el pueblo y la cocaína para sacarles plata a los ricos», y que por eso le gustaba más la primera que la segunda.

En 1987 su leyenda se acabó. Las autoridades dieron con su paradero en un espectacular operativo de captura. Lo encontraron en los alrededores de la finca Berracal, vereda Los Toldos, en el municipio antioqueño de Guarne. Como él mismo contó en la carta, fue extraditado y en Estados Unidos fue sentenciado a cadena perpetua más 135 años por negociar más de 2.000 kilos de cocaína. Después de cerca de tres décadas en una de las prisiones más duras de los Estados Unidos, con más 70 años, el hombre que algún día fue parte de la leyenda de la mafia volvió a los titulares de prensa por supuestamente haber logrado lo que era su único deseo: morir fuera de esa prisión. Todo parece indicar que no será en Colombia, como el mismo lo había pedido.

 

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