Nosotros y las guayas del Puente (Javier Sánchez)

Nosotros y las guayas del Puente (Javier Sánchez)

 

La capacidad física que posee un cuerpo para soportar durante un tiempo, la mayoría de las veces largo período determinado, es lo que podemos definir como  «resistencia». En muchas  actividades, entre las que destacan las deportivas como el atletismo,es común resaltar dicha definición, al igual que aplicamos el término cuando vemos que una persona, un conglomerado, un pueblo, o un animal de competencia, etc,  se resisten ante las adversidades.
Ahora bien, muchos nos preguntamos en este momento: ¿los zulianos tenemos resistencia?. Claro que sí. Eso está más que demostrado a todos los niveles,y no le cabe duda al chófer de Veritas que cambia una «chiva» a la una de la tarde a 42° de temperatura en Maracaibo en plena  vía pública porqué se le espicho un  caucho por la cantidad de huecos que  tuvo
que sortear, ni a Doña Carmen González que vende empanadas en pleno sol en la avenida Libertador hasta las 12 del mediodía antes que lleguen los efectivos militares y desalojen el lugar, ni al
Dr Julio Mijares , el médico del barrio que se va a pie para el hospital a cumplir con su juramento, en tiempos de Coronavirus,por falta de transporte público y la imposibilidad de adquirir un vehículo en este momento de crisis sanitaria, política y social que azota al país.
Esta «resistencia»no es sólo de los zulianos que permanecen en su tierra negándose a huir, sino de todos los venezolanos que aún permanecen firmes, en pié, esperanzados,cargados de fe,  de constancia y por supuesto, de esa resistencia tan fuerte, que los marabinos la comparan con las guayas del colosal Puente Sobre el Lago, que llegan a soportar más de 80 toneladas por cada paso vehicular, de acuerdo a lo que siempre han señalado los  expertos en construcción de obras de ésta naturaleza.
Los zulianos llevamos más de veinte años con la cruz a cuesta, prácticamente como si estuviéramos colgando de tensores semejantes, atravesando todo tipo de dificultades, desde  apagones generales con daños de equipos electrónicos y electro domésticos, pasando por fuerte escasez de agua,gas doméstico, sin servicio de aseo urbano en la mayoría de los sectores , un servicio de transporte público reducido casi en un 90 por ciento, precios dolarizados de la comida y productos básicos, el amanecer en inmensas colas para comprar gasolina cuando el gobierno la trae de otros países y
ahora por si fuera poco, se debe enfrentar al Coronavirus que azota al mundo y que ha venido a infectarnos con pronósticos no muy buenos, porque todos sabemos en qué condiciones está el sector salud en Venezuela, con hospitales, que lo único que dan es lástima y medicinas sin acceso a la mayoría de los habitantes por su alto precio.
Al igual que en otras regiones del mundo estamos viviendo confinados en las casas desde hace más de tres meses,sin contar incluso, con servicios de televisión por cable como el caso de DirecTV.
La capacidad de resistencia de los zulianos es en verdad comparable con esos tirantes de acero del llamado «colosal» , porque aún, sin el mantenimiento adecuado que necesitan los equipos de una obra de esta naturaleza, éstan firme, imponente, cumpliendo su objetivo de  mantener en pie la orgullosa obra, tal cual como el zuliano que soporta las inclemencias  de un país desasistido,pero a parte de esto, soporta también temperaturas hasta de 50 grados, que lleva a muchas personas a los hospitales en busca de una asistencia que la mayoría de las veces no recibe mientras se le queman sus aparatos de aire acondicionado y ventiladores producto de los bajones y apagones eléctricos que a diario soporta.
El maracucho se quita la gorra,se sacude su franela, se seca el sudor de su frente con su dedo índice y mira al cielo, pide paciencia ,reza por una nueva Venezuela o busca una explicación de porque está viviendo este momento.
Sigue adelante sin rendirse, soportando todo lo que el cuerpo aguante, así como esas guayas que se tambalean día y noche al paso del tránsito automotor y siguen resistiendo a la indolencia gubernamental hasta ahora.
Pero esto es hasta que el cuerpo aguante como dice el dicho,porque hay que recordar que en el año 1979 se reventaron esas guayas por el exceso de corrosión e indolencia y falta de mantenimiento por parte del gobierno de turno y causaron un grave daño a la economía nacional. «No hay mal que dure 100 años ni cuerpo que lo resista».

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