El paciente del piso 6, cama 9 (Cuento, Josué Carrillo)

El paciente del piso 6, cama 9 (Cuento, Josué Carrillo)

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El Comercio

Era definitivo. El resultado de la prueba fue concluyente: José María Barrios Gonzalez,venezolano, de 43 años era positivo de Coronavirus. Los síntomas no eran tan crudos. Una carraspera en la garganta, dolorcito en los huesos, cansancio. Podía caminar, hacer todos los oficios como carpintero. El jueves, por la tarde se puso un tiempo de lluvia. Había frío, sintió calor, Carmen – su mujer – le tocó la frente. “Tiene fiebre”, José María, le dijo. El viernes no tuvo ganas de levantarse de la cama. Tenía una tos con eco de bahúl. Lo llevaron al hospital Centinela. Pincharon el brazo una media docena de veces para consignarlo en la cama 9 del piso 6. Las horas pasaron. Comenzó a tener dificultad para respirar. Se abrió la puerta, una claridad lo bañó por completo. Vio entrar al médico como una revelación. “Me voy a morir”, creyó pensar en silencio, “No se va a morir”, le dijo el hombre de blanco, guantes azules, una máscara que apenas dejaba ver unos ojos grandes, vivos, compasivos. Ordenó ajustarle un respirador. “Respire despacio, tenga paciencia, medite, piense en cosas bonitas y espere que ocurra el milagro”, le dijo, mientras dejaba en su frente una toallita alcholada.

Por las noches su respirar arrastrado se sumaba al concierto de otros pacientes. El llanto irrumpía al final del pasillo cada cierto tiempo. Escuchaba, entonces, el arrastrar de la camilla. Así iban restándose los piticos, las gargantas con silbidos hirientes por falta de aire.

Puntual a las 3 de la tarde de cada tarde llegaba el doctor. Tomaba su pulso. Le enjugaba la frente con la toallita húmeda. Evaluaba su temperatura. En 22 días le retiraron el respirador. Setenta y dos horas estaba en  su casa contando haber sobrevivido al Covi19.

El día cuando se dio la noticia de la beatificación de San José Gregorio Hernández, a José María algo se le movió por dentro, recordó al doctor Martín,su salvador. “Vamos al hospital a llevarle un presente al doctor, Martín”,dijo a su mujer. Compró frutas frescas. Lo buscaron en la sala de descanso, en la oficina de personal, en la emergencia. Nadie supo decir dónde estaba el doctor, Martín.

Resignados en regresar sin poder hallarle, una enfermera le dijo “¿busca al doctor, Martín?, “si, dónde está”, “piso 6, cama 9,no diga que yo le dije”. José María fue apresurado al piso 6, cama 9 donde había estado recluido. Pensaba encontrar al doctor, Martín pasando revista, cuidando de un paciente con el mismo cariño y compasión que con él había tenido. Dos médicos que no conocía retiraban el respirador a un paciente. “¿Está el doctor, Martín?”, preguntó José María desde la puerta respetando el distanciamiento. “El doctor, Martín acaba de morir”, dijo una de las doctoras, con lágrimas en los ojos, dejando sobre su frente una toallita húmeda.

A diario mueren médicos y enfermeras quienes dan sus vidas por salvar las de sus pacientes… eso nunca lo olvidará, José María el paciente del piso 6, cama 9.

Josué Carrillo

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