Así muere un emprendimiento en Maracaibo: La cuarentena en primera persona

Así muere un emprendimiento en Maracaibo: La cuarentena en primera persona

Están de moda dos palabritas: emprendimiento y empoderadas. Tienen que ver casi que con lo mismo. Salir de la pobreza, tomar el control de la vida y dejar atrás el mundo de la sumisión,o por falta de dinero, o por falta de carácter. Esta vez le contaremos la historia de Carlitos, un joven maracucho de grandes sueños, pero, cundido de adversidades.
Días antes de la pesadilla del Coronavirus -cuenta Carlitos- tomó la iniciativa de vender hielo. Compró las bolsitas plásticas especiales para tal fin. El agua cristalina que purificó en la estufa matando cualquier germen. Llena las bolsitas las metió al congelador. Al día siguiente deberían estar congeladas. Durante la noche se fortalecería el hielo. Solamente, había que esperar que viniera un día caluroso para que el producto saliera como pan caliente.
En ese emprendimiento estaba, Carlitos cuando lo sorprendió la cuarentena y comenzaron los bajones de electricidad. Las bolsitas congeladas se fueron derritiendo con el impredecible corte de electricidad. El golpe fatal … «la nevera se echó tres con el apagón de anoche, vecina», dijo Carlitos.
Después de los apagones, se fue el servicio de agua por tubería. Estaba a merced de los cisterneros que cobraban la pipa de agua a como les diera la gana y, en muchos casos, no dispensaban el servicio en cantidades modestas sino a quienes tuviesen tanques de mil litros en adelante.
Carlitos se vio en casa sin dinero y sin agua.
Al tercer día sin asearse, comenzó a picarle el sucio en la piel y detrás de las orejas.
Se mecía en la hamaca cuando le vino la brillante idea: fue a la nevera, tomó las bolsitas de hielo descongelado y con el agua se bañó.
Y así se murió el emprendimiento de Carlitos.