Zulia: la tristeza de no poder velar a un ser querido en tiempos de cuarentena

Zulia: la tristeza de no poder velar a un ser querido en tiempos de cuarentena

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Zulia: la tristeza de no poder velar a un ser querido en tiempos de cuarentena. Foto: José López

En una región tan arraigada a sus costumbres como lo es el Zulia, resulta difícil para la población no poder dar el último adiós a un ser querido como es debido, por causa de la cuarentena social.

La historia de Teresita (nombre que utilizaremos para resguardar la identidad de la persona real) es bastante conmovedora pues, a pesar de ser el pilar de una familia numerosa, que la amaba y la consideraba la reina de su hogar, hace poco fue llevada a su última morada con apenas seis miembros de su familia, tras fallecer por causas naturales.

Como se recordará, desde el pasado 19 de marzo, entre las medidas decretadas por las autoridades gubernamentales, se prohíbe la realización de actos velatorios y a los entierros solo pueden asistir entre 7 y 10 deudos, como máximo, para evitar la concentración de personas, pues esto podría generar un foco de propagación del virus que ha causado grandes estragos en la humanidad durante estos últimos tiempos.

Teresita residió durante gran parte de su vida en la Villa del Rosario, zona perijanera, en sus 64 años cumplidos procreó 9 hijos, 5 mujeres y 4 varones, y entre sus ascendentes suman 24 nietos y 4 bisnietos, que fueron su adoración y que pasaron a ser su «todo» desde el momento que enviudó; contaba con 53 años de edad en ese entonces.

Ella se fue por un tiempo a Colombia y recientemente decidió regresar a Venezuela, tenía ocho días de haber llegado de la nación neogranadina. Sus consanguíneos estaban regocijados con su retorno y durante los días que permaneció de visita, como una típica familia zuliana, no cesaban las atenciones y las bromas para con ella.

Sus dolientes afirman que, a modo de broma, le pedían que no se les acercara porque recién había retornado del extranjero y a lo mejor era portadora del coronavirus y los iba a contagiar, pero ella con sus papeles en orden siempre les sacaba a relucir los estudios médicos que le realizaron antes de salir de la patria vecina, donde estaba claramente asentado que dio negativo en todas las pruebas que le realizaron.

Lo cierto es que al octavo día de su regreso a Venezuela, una mañana como cualquier otra, el hijo de Teresita se despertó bien tempranito para prepararle café a su progenitora, a quién tenía tiempo sin ver, pero la sorpresa más grande se la llevó él, cuando notó que pasadas las ocho de la mañana su madre, madrugadora nata, no había asomado de la habitación.

Extrañado por este hecho inusual, «Chúo» fue a despertar a su mamá, pero la halló muerta. Ella estaba rígida y con sus manos a la altura del corazón; a primera vista aparentemente había sufrido un infarto, hecho que fue certificado posteriormente por un médico.

Despedida en soledad

Comienza el agetreo, ‘Los actos fúnebres están totalmente prohibidos así que, con todo respeto se los digo, no se pongan a inventar’ fue la primera advertencia que arrojó un representante del gobierno municipal, cuando los dolientes de la sexagenaria acudieron a realizar los trámites de rigor.

Caminando o en motocicleta, los familiares debieron recorrer largos trayectos para realizar las gestiones correspondientes para darle cristiana sepultura a su ser querido.

La impresión que les causó el conocer los altos costos de los servicios fúnebres fue grande y esto además representó un ‘duro golpe’ al bolsillo para esta familia de bajos recursos, quienes gastaron aproximadamente 450 dólares para darle un sepelio digno a su familiar. Afortunadamente, algunos de sus parientes que se encuentran en el exterior pudieron ayudarles a cubrir los gastos, pero no todas las familias venezolanas corren con la misma suerte.

 

Honores bajo riesgo

Solucionado el asunto de los gastos del servicio funerario, en medio de la sala de una humilde vivienda fue dispuesto el ataúd donde reposaban los restos de ‘Teresita’; rodeado de flores, candelabros, un cuadro con su imagen y al fondo una enorme base tallada en madera con unas cortinas color vinotinto.
Pasadas las 5:00 de la tarde de un día martes, con la puerta de par en par, los deudos de la mujer se arriesgaron, fueron contra la ley y dieron inicio a los actos fúnebres como se acostumbra hacerlo en la región zuliana, aunque temerosos de que llegaran las autoridades en todo momento.

Lo que quedaba de la tarde y durante la noche de aquel día, familiares y allegados entraban y salían del lugar, algunos haciendo uso de tapabocas, otros sin las debidas medidas de protección ante el riesgo de contagio del COVID-19, unos lloraban y sollozaban, mientras otros, agrupados, conversaban y compartían anécdotas entre café y panecillos, lo único que alcanzaron a comprar para consumir, a diferencia de épocas anteriores donde se servían variedades de aperitivos durante las honras fúnebres de alguna persona, como una manera de brindar buena receptividad a los presentes, según las tradiciones.

Pasaron las horas y llegó la mañana del miércoles, se aproximaba el momento de partir al cementerio ¿quiénes acompañarán el féretro?, era ‘la pregunta del millón’ entre el gran número de familiares presentes.

Tocó echar a suerte esta decisión y, entre decenas de dolientes, solo seis se trasladaron hasta el camposanto y aprovecharon para ‘acomodarse’ todos en el carro fúnebre porque gasolina no había, ni para las motocicletas.

Una vez que recorrieron más de 20 kilómetros para llegar a la última morada, la tristeza y desolación en el lugar generaba una sensación de desconsuelo.

Finalmente, culminado el entierro, tocó regresar a casa y fue entonces cuando inició la otra travesía: volver caminando hasta el hogar, el trayecto de 20 kilómetros esta vez se tornó ‘pesado’ para los dolientes y ni un conductor que pudiera darles el aventón pasaba por la vía.

A pesar del agotamiento y del riesgo legal que corrieron, los familiares de la mujer, como buenos zulianos, no tardaron en decir ‘lo importante es que cumplimos con nuestra madre y la honramos hasta el último minuto que la tuvimos con nosotros’.

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M. Farías

Foto: José López

Noticia al Día 

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