Filosofía del Dr. José Gregorio Hernández (Nirso Varela)

Filosofía del Dr. José Gregorio Hernández (Nirso Varela)

En Caracas, enero de 1912, salió de la imprenta “El Cojo Ilustrado” un libro escrito por el Dr. José Gregorio Hernández (1864-1919)“Elementos de Filosofía”, todo un éxito editorial.Cuarenta y siete años después, el sacerdote Pedro Pablo Barnola, hizo un exhaustivo análisis de la obra, en el prólogo de la reimpresión publicada en 1959. Para la fecha, Rector de la Universidad Católica Andrés Bello y Miembro de Número de la Academia Venezolana de la Lengua.
El Dr. Barnola enfatizó la capacidad intelectual del Dr. José Gregorio Hernández, endirecta conexión con su Filosofía, definida por el autor en las páginas preliminares. Se refirió a la composición del texto, a su lenguaje sencillo y exacto, a “su contenido con tono tan moderado y de altura eminentemente científica conque, no solo expone su doctrina, sino que critica o refuta los sistemas, teorías o tesis contrarias. Jamás escribe una frase despectiva, destemplada o acaso polémica, (…) Nada está dicho ni con acritud ni con aspereza sino con aquella serenidad y comprensión propias de quien posee la verdad”. Nada refirió el Padre Barnola sobre la santidad atribuida al ilustre médico, docente e investigador.
Subrayóel hecho que el tiraje de 1912 se agotó en muy poco tiempo y, en el mismo año de su lanzamiento, surgió una nueva edición corregida y aumentada. El Dr. José Gregorio Hernández poseía una calificada reputación como autor, de al menos, 10 ensayosmédico-científicos. Acumulaba en 1912, 21 años de abnegada labor docente en la Universidad Central de Venezuela, UCV, de los 28 que dedicó a la enseñanza universitaria, alternando dicha actividad, con la práctica de la medicina en consultorio y a domicilio, tanto a pobres como a ricos. Fue miembro fundador de la Academia Venezolana de Medicina en 1904.
El texto sorprendió a los entendidos de la ciencia filosófica y a los humanistas en general, tanto como a todos los que conocían al Dr. Hernández, acostumbrados a leer sus tratadoscientíficos relativos al área de la medicina. El libro,al parecer, fue el fruto de sus reflexiones pedagógicas reunidas en más de dos décadas de ejercicio docente, para exponer“…el estudio racional del alma, del mundo, de Dios y de sus relaciones”.
El Dr. José Gregorio Hernández Cisneros nació el 26 de octubre de 1864 en los Estados Unidos de Venezuela, Oriundo del medio rural andino, pueblos de arraigadas costumbres y estilos de vida cuasi medievales, plenos de pobreza, desnutrición, analfabetismo, insalubridad y epidemias. Vivió 36 años en el siglo XIX pero fue un hombre del siglo XX. Transitó, igual que Juan José Pocaterra (1889-1955),la época más decadente de la historia venezolana, es decir, las cruentas dictaduras de Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez. Pero nunca se metió en política. Su lucha por Venezuela la libró en las aulas de clase, en el laboratorio de investigación y en los lechos de enfermos.
Egresó como médico de la Universidad Central de Venezuela, UCV, en 1888. Rechazó proposiciones para montar consultorio en Caracas y decidió regresar a su pueblo natal para ejercer la medicina en forma independiente. Recorrió en 7 meses, diversos caseríos aledaños a su natal Isnotú, antes de regresar a Caracas en 1889, al ser seleccionado por el gobierno de Raimundo Andueza Palacios, para estudiar postgrado en París, debido a su alto rendimiento académico.
Estudia 2 años en París y Berlín. A su regreso en 1891, comienza a ejercer cátedras en la UCV e instala el primer laboratorio de microbiología en el hospital Vargas de Caracas. Durante el ejercicio de su profesión médica, trabajó al unísono 21 años como docente en la UCV, desde 1891 hasta 1912, año en que el régimen de Gómez clausuró la universidad. No obstante, buscó la forma de dictar clases a estudiantesen instituciones privadas, sin recibir paga, hasta 1916 cuando fueron restablecidos los estudios oficiales de medicina. Viajó a Nueva York y Madrid en 1917 donde cursó estudios de especialización. Volvió a sus labores habituales en 1918, el año de la pandemia“Gripe Española” pero no alcanzó a integrar la Junta de Socorro Central presidida por el médico Luis Razetti (1862-1932). En 1919lo alcanzó la muerte trágicamente, en las apacibles calles Caracas, a edad de 54 años.
Edificó un estilo de vida inclinado al conocimiento, el misticismo y la oración, siguiendo los dictados de su Filosofía. En 1908 decidió renunciar a todo cuanto había alcanzado para entregarse al servicio de Dios en la Cartuja de Farneta de Lucca, Italia. Pero hubo de regresar en 1909, aquejado de una enfermedad que le impidió continuar su vocación religiosa, el mismo año que el científico Rafael Rangel, padre de la Parasitología en Venezuela, se quitaba la vida por una dura depresión. Diríase que Dios requería al Dr. Hernández aliviando enfermos y formando nuevos espíritus en las aulas universitarias de la convulsa Venezuela. Retoma en 1909 sus actividades y en 1912 sorprende al círculo médico y a la intelectualidad en general, con la publicación del citado tratado científico, “Elementos de Filosofía”, donde hace gala de una excelsa erudición fuera del específico campo de la medicina.
Su vida social fuera de la academia, la consulta y la investigación, se desenvolvió en el ámbito de la elite intelectual caraqueña. Lejos del ambiente político. Hombre de flux, chaleco, corbata, pañuelo en solapa, sombrero y regio bigote, de quien se sabe, asistía eventualmente a fiestas y gustaba bailar. Como arte, sin frivolidades. Más las orientaciones rectoras de su filosofía le habían llevado también a ejecutar el piano, el violín, dominar al menos 5 idiomas, publicar artículos en la revista “El Cojo Ilustrado”, incursionar en el campo literario con énfasis en la narrativa y practicar la fe católica con entrega y devoción.
A juzgar por su intensa actividad intelectual, su vida privada se infiere austera, de absoluta entrega a la lectura, meditación, reflexión, oración y escritura. Su familia estaba constituida por 11 hermanos a quienes trajo desde la cordillera a Caracas. No se casó ni se le conoció compañera. Tampoco pudo entregarse al servicio de Dios en un monasterio, como fue su gran deseo, a pesar de haberlo intentado dos veces, 1908 y 1913, con decidida convicción. Aun así, su vida fue la de un Santo. Un auténtico Siervo de Dios. (Dedicado a mi hija, Dra. Pierina Varela, asilada en España).
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