De Interés: transformar la incertidumbre (María Elena Araujo Torres)

De Interés: transformar la incertidumbre (María Elena Araujo Torres)

La incertidumbre se ha convertido en una forma de vida. Aunque siempre ha existido en cualquier situación cotidiana, hoy es la regla. Ocurre precisamente por la sucesión acelerada de eventos que no sólo afectan regiones sino al mundo entero, hoy unido por entornos sanitarios y políticas inesperadas.
La sensación de no saber que esperar, de desconocer el futuro, también ha existido desde que el mundo es mundo. Sin embargo, cuando se tienen conocimientos sobre eventos similares ocurridos con anterioridad o elementos que permiten predecir con alto porcentaje de aproximación qué ocurrirá, de alguna manera genera sosiego.
Cuando se tiene precisamente la certeza de que algo resultara como lo estimamos entonces la salud mental permite de alguna manera sobrellevar las dificultades de un nuevo modo de vida para la mayoría de la gente.
El común de las personas, quienes viven en casas o apartamentos modestos, con toda la familia incluida, todos los días, todas las semanas, tienen que ingeniárselas para ocupar espacios antes copados por el trajín diario de levantarse; comer; asearse; salir a estudiar, a trabajar, hacer diligencias; lidiar con el tráfico o caminar hacia los sitios de actividades; ir al gimnasio; confeccionar las comidas, en fin, la vida a la que la mayoría de las personas estaban acostumbradas.
Está también la minoría, pero no por ello también numerosa, con viviendas más amplias, lujosas, grandes terrenos con piscina, juegos para adultos y niños, es decir, la tradicionalmente llamada clase privilegiada que sin salir de sus viviendas pueden realizar múltiples actividades por los grandes espacios donde viven.
Hoy en día, la mayoría de personas, sean de cualquier estrato social, sienten -y así lo manifiestan- permanentemente la incertidumbre ante el entorno, un entorno que por cotidiano generó apego en todos. Todos los días teníamos la certidumbre de lo que ocurriría desde que despertábamos, la rutina o no, con ciertas variantes y en ocasiones con situaciones difíciles e inesperadas, pero sin ser la regla.
Hoy, esa certidumbre, de la vida acostumbrada, de la rutina, con variantes que no alteraban mucho el cotidiano, ya no existe. Hoy reina la incertidumbre, que si no se aprende a resolver entonces puede generar daños de poco o gran alcance en la salud física y mental de las personas, pues el modo de vida cambió radicalmente para todos. Para la gran mayoría.
Expertos en comportamiento humano recomiendan ante la incertidumbre evitar aferrarse a la posibilidad de un futuro inmediato negativo, con situaciones dañinas para la familia, para la gente que nos rodea. Apegarse a la creencia de un futuro plagado de dolor es generarse daños innecesarios. Es ocupar la mente en pensamientos que no forman parte de la realidad pero que si insistimos en recrearlos pueden llevar hasta el pánico y desasosiego.
El futuro nadie lo conoce, puede haber aproximaciones, pero nadie lo sabe. Hay mucha gente sembrando situaciones positivas para generar buenos frutos, gente trabajando por encontrar la forma de resolver las dificultades. Si cada uno, desde su espacio, siembra causas justas, sin duda los resultados serán positivos. Suele decirse que la familia es el núcleo de la sociedad y es de allí de donde deben salir los resultados para la próxima forma de vida. Hasta quienes aún tienen la poca fortuna de carecer de un grupo familiar, pueden salir favorecidos si insistimos día a día en reforzar los valores de solidaridad, generosidad, tolerancia. En donde estemos debemos practicar estas virtudes con el mayor optimismo por un mundo mejor, porque resulta que el mundo somos nosotros y si somos mayoría no hay incertidumbre que derrote al amor.
María Elena Araujo Torres

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