El virus es un juego hasta que te enteras que alguien arrojó positivo

Crónica: El virus es un juego hasta que te enteras que alguien cercano arrojó positivo

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Imagen de Las Pulgas los primeros días de cuarentena por el virus. Foto: Gustavo Bauer

La llegada del virus covid-19 a Venezuela era inminente por la rapidez con la que se propagó en Asia y Europa, pensaba. No me equivoqué al ver que en Latinoamérica fue igual de volátil.

Ya con 76 días de confinamiento, aún recuerdo ese 13 de marzo cuando las señales de televisión nacional se cayeron y las fluctuaciones de electricidad fueron tan seguidas, como si quisieran avisarnos que había llegado nuestro turno.

A casi tres meses de decretarse la cuarentena social colectiva, hemos llegado a 1370 casos positivos de un virus invisible pero altamente peligroso, y como para algunos lo que no se ve no existe, un porcentaje de la población se encuentra renuente a seguir las medidas de prevención para intentar parar una enfermedad, que en solo 5 meses ha arropado al mundo entero.

Aunque el Zulia aún no es el estado con más infectados, la población batalla entre la diatriba de seguir la estrictas normas de seguridad e higiene o intentar mantener sus actividades cotidianas como si nada pasara, pues la realidad de quedarse en sus hogares no es la misma para todos, cuando no se tiene comida, agua, gas y electricidad.

Conseguir dinero en medio de una economía casi paralizada es otro factor que obliga al ciudadano de a pie a salir de su encierro. Pero, la realidad es que el virus está latente y Maracaibo no está a la tangente. ¿Quien diría que algunos llegaríamos a ser tan paranoicos?

 

Positivo en la primera prueba

Una noche como cualquier otra, mientras cenaba, una vecina llama a la puerta y como es de costumbre en mi barrio nunca falta la bullaranga de la gente que se reúne en las esquinas a echar cuentos.

Desde que comenzó la cuarentena entre los vecinos tratamos de ayudarnos con cuestiones de comida, traslado o agua. Esa noche fue por salud, una señora se sentía mal y tocó salir a socorrerla, pero esa petición de auxilio menor se extendió a un sentimiento de preocupación colectiva.

«Mami, a Ana (como decidimos llamarle para resguardar su identidad) le hicieron la prueba de coronavirus y salió positivo, se la llevaron esta mañana y la aislaron», comentó esa vecina refiriéndose a la señora que vive justo frente a mi casa. El barrio nunca vio la magnitud del problema hasta ese día.

Mis salidas eran muy puntuales para comprar alimentos, pero desde mi ventana veía pasar diariamente muchas personas sin tapabocas por la acera.

La mañana siguiente la calle nunca se había visto tan desolada, todos asomados desde sus cercas, saludando desde la distancia y personas desfilando con tapabocas de distintos colores, tamaños y diseños, era el panorama que observaba mientras regaba las plantas.

El día transcurrió entre murmullos y las noticias de otros aislados en el barrio se regó como pólvora. Uno en la esquina y otro en la calle del fondo, el miedo se apoderó de los vecinos y alimentó mi paranoia.

Unas horas más tarde reventó la bomba del foco de La Pulgas y el barrio se conmocionó.
Hace ya una semana que Ana está aislada y los vecinos seguimos a la incertidumbre de su paradero.

Luego de dos meses de la ruleta rusa en Maracaibo sobre las posibilidades de la existencia de personas infectadas o no, la población se relajó y los nuevos casos expuestos en la ciudad evidenciaron que el virus es un juego hasta que te enteras que alguien cercano arrojó positivo en la primera prueba.

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Any Vargas

Noticia al Día