Cambalache por agua: el trueque es la solución para la necesidad en Maracaibo

Cambalache por agua: el trueque es la solución para la necesidad en Maracaibo

Foto: Any Vargas / NAD

Cuando la necesidad llega a la puerta se pierde la pena y se hace lo que sea para subsistir, esta es la historia de Daniel Fernández, un maracaibero que le tocó emprender en el negocio del cambalache de productos por uno de los servicios más preciados en la ciudad, el agua.

Han pasado 47 días desde que Daniel y su esposa dejaron de trabajar como comerciantes informales en el centro de Maracaibo, la venta de plátanos era su sustento y la llegada repentina de la cuarentena les dificultó las condiciones para laborar.

Fernández, lleva la cuenta de los días que tiene parado y los más de 300 dólares perdidos entre mercancía podrida y deudas por pagar. El inicio de la cuarentena marcó un punto en la vida de Daniel, su jornada laboral en el casco central se vio paralizado, el libre tránsito fue restringido y una gran cantidad de su mercancía se les fue pudriendo, tuvieron que rematar una parte, luego volvieron a invertir y cuando lograron entender que no sería lo mismo, según comenta el joven, se vieron en pérdida.

 

Foto: NAD / Any Vargas

 

Su ritmo de trabajo cambió, los primeros días les tocó trasladarse a pie desde Cuatricentenario hasta el centro por la falta de transporte público. Cuando trabajaban anteriormente se bandeaban y les alcanzaba para todo, no les preocupaba nada, alega Daniel, sin embargo, tuvo que cambiar de trabajo y hoy sale a la calle a carretear agua para lograr el sustento de su familia. “Hoy salimos a hacer esto y que Dios nos provea…El cambio es pa´ volverse loco”, comentó.

“Estamos viviendo de la misericordia de Dios”, dijo Fernández, pues con ayuda de sus familiares han logrado salir adelante, aunque les han ayudado con la comida, Daniel no se siente cómodo quedándose en casa con los brazos cruzados.

 

Un nuevo comienzo para avanzar

Foto: NAD / Any Vargas

 

“Apenas vamos comenzando con esto por la necesidad del agua”, alega Daniel. Con ayuda de un hermano de su iglesia, consiguieron un carrito, similar a los de compra y una pipa vacía, que lo acompañan en su jornada bajo el inclemente sol maracaibero, desde una toma de agua clandestina en la Circunvalación 3 hasta los barrios aledaños que tiene más de un año sin percibir el servicio.

“La gente compra la pipa entre 70 y 80 mil bolívares en efectivo a los cisternas y por transferencia sale más caro, entonces uno llena la pipa, lo lleva hasta la casa de los que lo necesitan y hacen un cambalache por un producto”, explicó Daniel.

Dos pipas por producto, es la cuota inicial de estos agüeros, pues el joven comenta que son aproximadamente una docena de personas quienes están incursionando en el negocio de llevar agua a las comunidades que lo necesitan. Dependiendo del tipo de producto determinan la cantidad de agua, tres pipas por un aceite o jabón en polvo y dos por arroz o harina.

 

Foto: NAD / Any Vargas

 

Diariamente camina más de 15 calles con la pipa llena, San Miguel, San Rafael , Rey de Reyes y El Despertar, son las zonas dónde distribuye. “Para esa zona no les llega el agua, muchas de esas personas no tienen tanques y lo que poseen son dos o tres pipas y lo que les dura son máximo seis días y vuelven a necesitar”, añadió Fernández.

Su clientela se ha hecho en la medida que se corre la voz de los agüeros, la gente los ve por la calle y por curiosidad preguntan el valor del agua y los métodos de apago.

“Las jornadas de trabajo dependen de hasta dónde te llegue el cuerpo y hasta dónde te llegue la necesidad”, afirma Daniel. “Depende si te levantas con ánimo, porque esto nos ha llevado a todos el ánimo al piso y a otros nos ha impulsado a perder la pena, a hacer cosas que nunca habíamos hecho”, añadió.

Su horario va desde las 8:00 de la mañana 5:30 de la tarde, varía según la capacidad, la distancia de los viajes, el sol y la condición física, la fuerza de voluntad y la necesidad son la mayor motivación.

 

Foto: NAD / Any Vargas

 

El agua: negocio redondo

Fernández comenta que carretear agua no es solo el negocio principal, muchos actores influyen desde el llenado hasta el traslado. “El que llega primero a la toma, coloca una bomba y cobra 20 mil bolívares por llenar la pipa, aparte hay que hacer cola, todo es una necesidad, todo es un trabajo. Gana el que pone la bomba de primero, o el que está llenando. Tampoco es fácil ser el de la bomba porque tiene que estar llevando sol”, dijo.

Igualmente hay muchos agüeros que les toca alquilar la carreta, dos productos por día es la cuota a pagar de los que no tienen vehículo propio.

 

Adiós a la pena cuando lo que hay es hambre

“El primer día fue: “no me mires ni me digas nada, cierras los ojos porque pa´ lante es pa´ allá, no mires a nadie, porque a la final todo el mundo te critica”, dijo Daniel con ojos aguarapados y la piel tostados, comentó que recibió muchas críticas por comercializar con el agua. Sin embargo, relata que le tocó perder la pena para salir con el carrito.

Las prioridades cambiaron también para la familia, Fernández reflexiona que los productos de aseo personal, que son de primera necesidad pasaron a segundo plano, cuando la prioridad es comer, con 8 bocas que mantener, cinco niños, y tres adultos, Daniel comenta entre lágrimas que nunca había vivido una situación así, sin embargo, se siente tranquilo porque gracias a Dios en todos estos días no les ha faltado el alimento en su hogar, al menos dos buenas comidas los acompañan a la hora de dormir.

Confirma que le da miedo salir por la pandemia y porque le toca interactuar con muchas personas, pero reafirma su fe en Dios y dice que sale prevenido. “Dios no le va a poner una carga a alguien que no la pueda llevar y Dios sabe lo que hace”.

 

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Any Vargas
Noticia al Día

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