Y esta es La SOLEDAD que nos habita: Maracaibo es un angustioso SILENCIO

Y esta es La SOLEDAD que nos habita: Maracaibo, un angustioso SILENCIO

Los ejes de la carreta de Agustín, platanero de toda la vida, suenan, retumban en los callejones y pasillos de Las Pulgas, Centro Comercial La Redoma y C.C San Felipe. Si a él le gusta que suenen pa’ que los quiere engrasados. En realidad han hecho ruido toda la vida, pero, hoy a Maracaibo la habita La SOLEDAD y un angustiante silencio que corroe los huesos.

Dos visiones se pasearon por la ciudad, dos miradas: la primera de una experta, nuestra reportera gráfica, Xiomara Solano, andan en batallas periodísticas de enorme exigencia, el suceso, el drama policial, la palpitante ciudad arrolladora y arrulladora y, el segundo, es un observador crítico, el médico cirujano plástico, Mauricio Villalobos, quien fotografía una ausencia de gente, de ruido, de calor humano abismal.
Cuatro ojos y, ahora, los suyos hurgan estas esquinas deshabitadas. A partir de las 2 pm el Gobierno ha ordenado un toque de queda. No sale nadie a menos que pueda justificarlo: comprar alimentos, medicinas, artículos de aseo personal. De los profesionales pueden transitar: médicos, policías y periodistas.
Entonces se apagó el bullicio. Murió el grito del maracucho, la algarabía de la ciudad donde sofocan los colores y el sol y hasta los perros ladran distinto.
Xiomara Solano lo expresa tan nítidamente «eso parte el alma», Mauricio Villalobos comenta «increíble, no hay un carro en las calles».
La SOLEDAD que nos habita se va metiendo en la vida. No se queda afuera, se mete, es que no hay ánimos de levantar la voz y reír se nos hace tan difícil.
Aquí que escuchamos música para que el vecino se entere que nos gusta Diomedes y Residente, que no podemos escuchar una gaita bajito porque así no se disfruta una gaita. Somos puro grito, pero, La SOLEDAD que nos habita no está dejando los labios sin gritos, nos va borrando la risa.
Agustín con su carreta parece caminar por las calles de un pueblo fantasma. Las casas muertas son tan reales ahora.
¿Dónde están todos? Resguardados, escondidos de un enemigo invisible cuyas malignas acciones las vemos estupefactos en la televisón…más de un millón de contagiados y pasan de 30 mil los muertos.
Y desvestidas de gente las calles del mercado muestran cicatrices. Descubres que el lugar donde caminas apretujado, llevado por el codazo, el empujón del otro, con manos que se extienden y el buhonero que grita, el terreno es feo, aparece el charco como una mancha del ayer. Te da una vaina en el estómago. Si vas por Paseo Ciencias y no ves el vendedor de guarapo de panela, el limpia botas, la señora de los pastelitos, la tienda de piñatas, se te presenta al final San Juan de Dios con sus torres, su reloj y sus campanas tristes, entonces, sientes ganas de llorar, y te da miedo, y piensa en el fin del mundo, porque La SOLEDAD te habita y te destruye.
En las calles se pierden los pasos y ha dejado de correr como muchacha hermosa, la alegría.
TC