Río Yangtsé, símbolo del renacer de Wuhan

Río Yangtsé, símbolo del renacer de Wuhan

Bajo un cálido sol vespertino, Chen Enting tomó una foto del boleto para su primer viaje en ferry por el río Yangtsé después de 76 días de cuarentena en la ciudad donde comenzó la pandemia del coronavirus.

La reapertura del servicio de ferries del Yangtsé, recurso vital de Wuhan durante dos milenios, fue un importante paso simbólico en la reanudación de actividades en esta ciudad de 11 millones de habitantes.

Chen lucía gafas para nadar, un barbijo de fabricación casera y una gabardina negra. Guardias de seguridad con uniformes protectores revisaron su boleto, que costó el equivalente a 20 centavos de dólar. Subió con una docena de pasajeros, algunos de ellos con patinetas eléctricas, y encontró asiento al frente del ferry, junto a una bandera roja con una hoz amarilla. Roció el asiento con desinfectante antes de sentarse.

“El ferry del río Yangtsé es un símbolo del pueblo de Wuhan”, afirmó Chen, un ingeniero de 34 años y miembro del Partido Comunista chino.

“Las aguas agitadas del río simbolizan la fuerza de la vida”, agregó. “Wuhan pasó por este calvario, pero se irá igual que el río y recibirá una exuberante vitalidad”.

Wuhan fue uno de los centros comerciales más importantes bajo dinastías poco interesadas en el comercio exterior, que usaban la vasta red de ríos de China para manejar la economía y la política locales.

La ciudad fue relegada por el explosivo crecimiento de Shanghai, Hong Kong y otras urbes costeras luego de que el PC impulsase un boom comercial lanzando reformas económicas de mercado en 1979.

Hoy Wuhan recupera su papel como motor económico en momentos en que los líderes chinos dejan de poner tanto énfasis en las exportaciones y se enfocan en generar un crecimiento sustentable a partir del consumo interno. La municipalidad dice que 300 de las 500 empresas más grandes del mundo tienen operaciones en Wuhan, que les dan acceso al enorme mercado del centro de China.

La metrópolis es producto de una fusión de tres antiguas ciudades — Wuchang, Hankou y Hanyang — en la confluencia de los ríos Yangtsé y Han.

El emperador Kublai Khan visitó Wuhan en el siglo 13, cuando China era parte del imperio mongol y Shanghai era un pueblo pesquero con pocos miles de habitantes.

A mediados del siglo 19, Wuhan pasó a ser junto con Shanghai, Tianjin y Qingdao uno de una serie de puertos en que los gobernantes manchúes de China debieron ceder privilegios comerciales a potencias occidentales.

El 11 de octubre de 1911 estalló en Wuhan una rebelión que se propagó a todo el país y dio paso a la disolución del imperio manchú y a la creación de la República de China bajo el presidente Sun Yat-sen.

El agua del Yangtsé es “muy dulce”, dijo el líder comunista Mao Zedong después de tragar un poco de agua mientras nadaba allí en la década de 1950, según un informe de entonces de la Associated Press.

El Yangtsé tiene una extensión de 6.300 kilómetros (3.900 millas), desde las Montañas de Tanggula en el Tíbet hasta el Mar de la China Oriental. Es el río más largo de Asia y el tercero más largo del mundo.

El Yangtsé y el río Amarillo son los “ríos madre” de China, igual que el Missouri y el Mississippi en Estados Unidos, el Amazonas en Brasil o el Danubio en Europa. Allí se encuentra la Represa de las Tres Gargantas, el proyecto hidroeléctrico más grande del mundo.

El Yangtsé figura en numerosos poemas, canciones y eventos históricos.

Hoy Wuhan produce agroquímicos, el 6% de los automóviles chinos y componentes para teléfonos, maquinaria industrial y productos ópticos para mercados de Europa y América del Norte. Rascacielos rodean los parques y los antiguos templos.

Los barcos transportan las mercaderías 700 kilómetros (450 millas) río abajo, hasta Shanghai, pasando por Nanjing, otra ciudad antigua.

El transporte de cargas, no obstante, se vino abajo con el brote de coronavirus a fines del año pasado, que dio lugar a una estricta cuarentena. El tráfico de naves bajó un 70%, de acuerdo con HawkEye 360, una empresa de Virginia que monitorea las comunicaciones radiales y los aparatos de rastreo satelitales.

El tráfico ya se acerca a la mitad del que había antes del brote, según la firma.

El rostro de Mao, grabado en una gigantesca moneda de oro, observa desde la punta de un obelisco de piedra de un sector que supo ser epicentro de la actividad comercial occidental y hoy es una atracción turística. Tiene grabado un llamado de Mao a construir un puente sobre el río.

El puente fue terminado en 1957, impulsando el renacimiento de Wuhan como centro neurálgico del transporte de cargas al conectarlo con la red de ferrocarriles del norte y el sur de China.

Esa conexión es una de las razones por las que el virus se esparció tan rápidamente.

El mercado de pescaderías Huanan de Wuhan, donde los científicos creen que se originó el virus, que pasó de un murciélago a humanos, está pegado a la estación de trenes Hankou.

Las autoridades desinfectaron la estación y el 11 de abril se reanudó el servicio de Wuhan a Beijing. El ferry volvió a funcionar unos pocos días antes.

Se vuelve a ver gente en las riberas del Yangtsé, conocido en mandarín como Chang Jiang, o el Gran Río.

Se ven parejas con barbijos que caminan tomadas de la mano. Pescadores con sus cañas. Gente que corre o que va de picnic. Barriletes con forma de mariposa, de aves, de faroles y de aviones de combate. Una nave hace sonar su bocina.

“Wuhan vuelve a funcionar”, dijo Chen. “Este es un día memorable”.

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Noticia al Día/AP