Las delicias de David en su sueño alcanzado de ser Chef: La cuarentena en primera persona

Las delicias de David en su sueño alcanzado de ser Chef: La cuarentena en primera persona

Ya han transcurrido más de veinte días del aislamiento voluntario por causa de Covid-19 que nos mantiene en cuarentena y eso nos hace pasar la mayoría de horas en casa. Las horas transcurren lentas para quienes están acostumbrados a laborar lejos de ella. En mi caso he querido disfrutar de alimentos que siempre quiero preparar por mí mismo pero el reloj no me lo permite, y sin ser un chef o cocinero de profesión decidí hacer en mi hogar las comidas que siempre añoro.

6:30 A.M. el sol hace su aparición y con ella el reflejo de unos plátanos en la cocina sumamente maduros que desprenden un olor dulce muy particular.

Éstos los compré en el Mercado los Plataneros, un día antes del Jueves y Viernes Santo por el precio de 10 por 45 mil bolívares, junto con medio cartón de huevos jumbo y 250 gr de queso madurado que provocaba degustar solo.


Aparece el primer obstáculo el gas doméstico no fluye, la desilusión me invade me digo a mí mismo, “no permitas que esto te frene y decido auxiliarme con vecinos y algún cilindro de gas con el que puedan ayudarme”.

Suerte en el primer intento

En la esquina del abasto está el señor Mario Hurtado quien sin hacer muchas preguntas me facilita la salvadora bombona de gas. Ya en casa y con el aceite caliente, tajada tras tajada, mi cerebro envía una señal a mi estómago que empieza a tener vida propia luego de escuchar el sonido del aceite freír de manera rápida el delicioso fruto tropical.

Mientras las “tajadas” se escurren en papel absorbente me dispongo freír la postura de gallina del cual doy gracias a la creación por ser uno de los alimentos que a pesar de su fácil obtención y economía considero un manjar salpinmentado ligeramente al momento de su mediana cocción, cosa que a todos sé que no les gusta.

Ya emplatado semejante desayuno criollito como la gaita que suena en el radio en ese momento que no podía ser mejor que «El mercado de los buchones”; con una dureza perfecta para rayar cae sobre el plato el queso madurado y ¡et voila!, listo para degustar el tan anhelado desayuno uno de tres objetivos cumplidos con éxito.

Llega la hora del almuerzo y con el las ganas de comer, algo que amerite la santa fecha, en la nevera solo un poco de bistec y mi bolsillo renuente a gastar lo poco que queda en pescado. Mi quincena se hará efectiva el lunes por ser días feriados y no dejo de pensar en el almuerzo con un sentimiento de nostalgia, que me traslada a años anteriores cuando ya estaba todo listo para partir a Punto Fijo y celebrar y disfrutar en familia las bondades del mar.

Veo estados de WhatsApp plagado de mensajes alusivos a la semana mayor y también fotos de pescados que estarán en la mesa más tarde. Entre ellos se cuela uno de Oscar Hernández amigo desde la infancia quien hace poco abrió un pequeño abasto y dejo su puesto de administrador en una empresa privada.

“Le pregunto hermano a cómo el carite” y tristemente me dice que se le acabó todo y que solo le queda camarones, del cual soy amante y con un poco de vergüenza le digo ¿pa’ pagar cuándo? él responde con un efusivo: claro pa’ usted sí, ¿cuántos kg son?

Desde Buena Vista hasta la urbanización Urdaneta en Sabaneta, fui a dar a pie en busca de los suculentos crustáceos. De vuelta a casa voy pensando en la forma de cómo hacerlos, fantaseo en mi mente hacerlos al carbón pero lo descarto por los espacios de la parrilla y falta de papel aluminio, también los imagino con pasta pero no es lo mismo sin crema de leche.

Ya en casa me decido por los populares camarones al ajillo con unos tostones y una rica salsa a base de vinagre y mostaza de nuevo doy gracias a Dios por los alimentos que deseaba mi paladar, desde hace mucho pese los obstáculos  ya dos de tres como diría mi madre.

Llega la noche y con él un apagón, entre mis planes cenar pizza, tengo casi todo lo necesario harina y tomates, más no queso mozzarella, después de recorrer mi humilde barrio no encuentro el predilecto queso para su elaboración, no quedan muchas opciones la mayoría de los abastos cerrados por la cuarentena, y me dirijo hasta la circunvalación 2, el negocio de un árabe que aunque está cerrado sé que vive ahí y accede a mi petición. Ya el horno precalentado recibe las anheladas pizzas de tomate.

 


Sé que la situación  del país económica y socialmente no es la mejor y menos ahora con una pandemia que afecta al mundo, pero debemos de vez en cuando satisfacer nuestros gustos y el buen comer, la vida solo se vive una vez y cuando llega el momento de irse no podremos dar vuelta atrás.

La mayoría de los venezolanos hacemos esfuerzos titánicos en hacer más llevaderas las vicisitudes y que nuestra familia pueda llevar una vida sin lujos pero medianamente normal es por eso que debemos sentirnos orgullosos de esta estirpe criollo de echar palante y con fe.

 

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Noticia al Día

Foto y texto: David Moreno