La vida sin aviones: A los pilotos los mata el aburrimiento

La vida sin aviones: A los pilotos los mata el aburrimiento

Toda una vida de trabajo ardoroso en el aeropuerto internacional de La Chinita – unos años antes en Grano de Oro- obligaron a condicionar sus actividades rutinarias de acuerdo al vuelo de los aviones.
Barría el patio como a las 11 am, levantaba la cabeza para mirar el cielo donde – se podía apostar- debía pasar cortando las nubes un avión con el lomo azul y blanco de una agencia venezolana.
Pero, el viejo no es el único que llevaba sus días con ese acierto de cronómetro con los aviones. Otros, sin querer, nos acostumbramos a escuchar como reloj despertador el pájaro de aluminio saliendo de Maracaibo a Caracas antes de las 7 am.
Hoy vivimos con los cielos despejados. No se mueve nada que no sean pájaros de verdad allá arriba. No suena nada, no echa humo nada, porque no se mueve nadie.
Los pilotos – almas viajares – deben llevar la peor parte en esta cuarentena. Una persona acostumbrada a estar en distintas ciudades del mundo, dormir y amanecer en continentes variados casi en días de por medio, hoy debe sentirse en una catacumba.
Los ecologistas alaban el hecho de que tengamos las nubes tranquilas lejos de las heridas de un aeroplano y en las ciudades el rugido de los motores no perturbe la paz, sin embargo, ese viejo de quien hablé al principio, hoy se deprime, mira el cielo con un nudo en la garganta y dice «ahorita debe pasar el vuelo de Maracaibo-Las Piedras» mirando como una paloma de casa se pierde a lo lejos.
TC

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