El Triunfo del Miedo (Por Victor Velasco Prieto)

El Triunfo del Miedo (Por Victor Velasco Prieto)

La pandemia sumió a la humanidad en el miedo. Pero eso tampoco es nuevo para los venezolanos; en los últimos 20 años, el miedo crece entre nosotros, en la misma proporción que crece el autoritarismo. En una sociedad que padece entre el miedo y el sobresalto, es meritorio intentar desnudar el terror que inadvertidamente se nos volvió cotidiano.

Como otros grandes, el maestro Gallegos (perdonen el favoritismo), en “Doña Bárbara”, desarrolla la idea de la civilidad versus la barbarie, donde, entre muchos íconos simbólicos, la hacienda de Santos Luzardo, el hombre civilizado, tenía por nombre “Altamira”, mientras que, en contrapartida, estaba otro fundo llamado precisamente “El Miedo”; donde imperaban la intriga, la maldad, la corrupción, la barbarie, el abuso, el despojo, la desigualdad y hasta la hechicería.

Todo parece tener su opuesto luminoso, frente a “la muerte”, está “la vida” o ante “la mentira”, “la verdad”; pero, ¿cuál será el antónimo del “miedo”? En términos del lenguaje, pareciera ser “el valor”, pero a los fines políticos, no lo puede ser. Hay que inclinarse más por términos como “paz” y “seguridad”, empleados como sinónimos forzosamente aquí, por razones jurídicas y políticas que lo permiten, como verán a continuación.

La ONU, en su Declaración y Programa de Acción por una Cultura de Paz (1999), estableció que la paz es el imperio de los Derechos Humanos. De forma tal que, una sociedad en paz, no es aquella en la que hay ausencia de conflictos, sino donde existen normas de Derecho para los ciudadanos que se respetan. Países con regímenes políticos como el venezolano, hemos vivido periodos sin conflictos, simplemente por efecto de una opresión eficiente; nos sobran ejemplos: “Cuadrantes de Paz”, “Colectivos de Paz”, etcétera; pero definitivamente, eso no es paz.

Evidentemente es un razonamiento muy vinculado al Derecho como ciencia, toda vez que, uno de los fundamentales fines del Derecho, es el establecimiento de normas para asegurar la convivencia pacífica, que regulan no solo las relaciones entre los ciudadanos, sino las de estos con el Estado; sujetando el poder a la ley, para no dejar rango a la arbitrariedad. A ese imperio de las leyes, le llamamos Estado de Derecho, y la teoría política, dice que de él se desprende la Seguridad Jurídica. Esto hace interesantemente válido tener la “seguridad” y la “paz” como términos indisolublemente ligados, incluso equiparables en este aspecto.

El artículo 2 de la aún vigente Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, copia la idea europea del Estado Social de Derecho y de Justicia, el cual, va mucho más allá, pues, predica que no basta que los derechos estén transcritos en la ley, sino que el Estado debe establecer medidas y políticas que garanticen el cumplimiento de tales derechos, contando con órganos de justicia que lo aseguren. Para nosotros, eso es civilidad.

Nuestra sociedad, vive con miedo, porque sus Derechos Humanos: debido proceso, el derecho a la salud, alimentación, educación, trabajo, propiedad, seguridad, y demás, están escritos en la Constitución, pero son derechos en expectativa, y no son cumplidos por el Estado y su sistema de justicia, como derechos efectivos.

Es claro que el imperio de la Ley, nos puede devolver la verdadera paz y la seguridad. Al hablar de seguridad, debemos traer a capítulo al Libertador, ya que, si un antónimo existe para esta “Revolución”, es ciertamente el ideario de Bolívar, pues, parafraseándolo, el actual, es el peor gobierno, dado que brinda la menor suma de felicidad y seguridad social posible. Hecho este que nos expone, desde un punto de vista político e histórico, la raíz de nuestros miedos. Razón tenía gallegos, donde hay civilidad, no prosperará el “miedo”; y resulta evidente que abundaría la paz y la seguridad.

Aún existen algunos que creen, desde la falsa ilusión de su “seguridad” individual, que los Derechos Humanos se violan únicamente a los presos; a quienes necesitan la caridad de la caja CLAP; o a quien deambula por los hospitales. Otros más ingenuos, creen que solo se le violan a los perseguidos políticos; hasta que les llega su “tun tun”. Tarde o temprano, el terror de la “Revolución”, ese Estado ineficiente, autoritario, corrupto, fallido, que está contra la población civil, tocará su puerta con cualquiera de sus feas caras. Y parece que precisamente la cuarentena de la pandemia, nos viene a echar en cara esa realidad.

Aunque parezca, el miedo no ha triunfado. Vencerá la civilidad en tanto la llama del amor a la libertad y la paz, sea diariamente alentada en nuestros corazones; en nuestro pregón a vecinos, familiares, amigos y al mundo; mientras exista una comunidad capaz de protestar, a pesar del terror; mientras llenemos tercamente el lugar de cada preso o caído, y honremos su memoria luchando.

El miedo no triunfará, mientras reclamemos incesantemente civilidad, mientras la sembremos y sigamos regando con pasión en los corazones de nuestros hijos, para erradicar definitivamente el miedo con la fe y el amor a esa patria grande que soñamos. Recordemos que “en el amor, no hay temor…” (1 San Juan 4:18).

 

@VictorVelascoP

Abogado

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