El Masters de Augusta y su tradición quedan en pausa

El Masters de Augusta y su tradición quedan en pausa

Augusta

Tiger Woods fue el último ganador del Masters de Augusta en la edición 2019. Foto: Agencias

El Masters está tan entrelazado con la historia de la localidad de Augusta que las vacaciones primaverales tienen aquí un día adicional. La primera semana completa de abril no es algo menor para este lugar. Es su identidad, su forma de vida, su camino al éxito.

Un restaurante o bar puede dar un gran paso a la rentabilidad por los ingresos que genera tan sólo en esta semana. Un negocio adelantado a su tiempo fue emprendido por lugareños que alquilaban sus viviendas a extraños, quienes llegaban a la localidad para involucrarse con el torneo de golf como fanáticos, patrocinadores o periodistas.

Desde los vendedores de boletos hasta los empleados de los estacionamientos, parece que todos en Augusta, una ciudad de 200.000 habitantes en Georgia, habían encontrado la forma de sacarle jugo al primer major del año.

Pero el Masters es algo más que comercio. Es una oportunidad de cultivar relaciones fuera del campo, degustando quizás un emparedado de queso y pimiento o, dependiendo de la hora, un bourbon y un puro.

Luego, el ciclo se repetía. Año tras año, década tras década. En cierto modo, esto daba la sensación de una reunión familiar.

“Evidentemente hacemos muchos negocios esa semana”, dijo Mark Cumins, quien hace 35 años cofundó uno de los restaurantes más famosos de la ciudad, TBonz Steakhouse, justo en la carretera que lleva al Augusta National Golf Club. “Pero no es sólo el dinero, la gente ha venido durante mucho tiempo y nos gusta. Aunque es una semana mucho muy ocupada, es un buen momento. Es lo que hace especial el Masters.

Desde luego, esta tradición como pocas está truncada por el momento. La pandemia de coronavirus ha matado a miles de personas, ha obligado a millones a refugiarse en sus hogares y ha paralizado la actividad deportiva en todo el mundo.

Por primera vez desde un parón de tres años durante la Segunda Guerra Mundial, el Masters no se realizará en la fecha habitual, que lo colocaba como un evento inaugural de la primavera en Estados Unidos.

El torneo está previsto ahora para noviembre, cuando todos esos drives y putts se realizarán en medio de las hojas secas del otoño y no entre as azaleas características.

Todos se preguntan cómo lucirá un Masters otoñal. De hecho, nadie sabe cómo será el mundo en siete meses.

“No sabemos cuáles serán las reglas”, destacó Cumins. “¿La gente querrá siquiera asistir a lugares concurridos?”.

Hasta ahora, la semana del Masters coincidía siempre con las vacaciones primaverales en las escuelas de Augusta, en buena medida para hacerle cupo a otra tradición que es antecesora de la era del Airbnb. Muchos habitantes locales se marchaban de sus casas durante la semana, para pasar las vacaciones en otro lado y liberar los inmuebles a fin de que los visitantes tuvieran dónde hospedarse durante el torneo, en una ciudad con un espacio más bien limitado en los hoteles.

Incluso ello tiene un toque peculiar de Augusta. Dado que el torneo no concluye sino hasta poco antes de que caiga la noche del domingo, muchas de las personas que obtienen las viviendas en alquiler necesitan quedarse hasta la mañana siguiente. Así, las escuelas añadieron un día a la semana de vacaciones.

Los niños no deben volver a clases en Augusta sino hasta el martes posterior al Masters.

“De mis amigos, diría que probablemente el 80 o 90 por ciento alquila sus viviendas y lo ha hecho por años”, dijo Suzi Hall, cuya casa de dos pisos se encuentra a unos cuantos kilómetros del campo. “Es una gran industria.

Durante al menos 15 años, Hall y su marido han rentado su casa de cinco habitaciones a un grupo de reporteros y editores de la AP que cubren el Masters.

Las dos hijas de estos residentes eran pequeñas cuando comenzó esa tradición. Ahora, una está casada y la otra se graduó recién.

Washington Road suele ser el epicentro del Masters durante una semana. Sobre esta carretera se encuentran centros comerciales y locales de comida rápida. También es posible hallar a John Daly, quien aparca su remolque frente al Hooters a fin de firmar autógrafos, posar para fotos y vender todo tipo de mercancía.

Esta semana, el estacionamiento está vacío, salvo por algunas vallas adornadas con dibujos improvisados que muestran a la gente dónde recoger pedidos que hayan hecho al establecimiento.

El revuelo que provoca el Masters va más allá de la carretera. A unos kilómetros, el French Market Grille se afana en la preparación de platillos cajun para los numerosos comensales. En vez de ello, el dueño Walter Clay prepara ahora cenas para empleados despedidos que necesitan ayuda.

“Durante el Masters, hacemos el dinero que normalmente nos lleva un mes hacer”, dijo Clay, quien es dueño de otro restaurante popular, Raes Coastal Café. “Y ganamos lo que obtendríamos en otro mes durante las tres semanas siguientes. Es algo bueno, como operar un negocio con 12 meses de gastos, pero 13 meses de ingresos”.

El Masters tiene un efecto benéfico que se propaga por toda la economía de Augusta.

Por ejemplo, todas esas viviendas que se alquilan requieren servicios adicionales de limpieza durante la semana. Desde luego, esos empleos no se requieren en este momento. Y ello propina un golpe a la economía de la gente que menos puede resistirlo.

“Esto ha cambiado el juego para mucha gente”, dijo Hall. De hecho, ésta es una ciudad que mide su tiempo de acuerdo con el torneo que alberga.

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¿Cuántos días faltan para el Masters?, se pregunta la gente. Y en cuanto el certamen concluye, la cuenta comienza de nuevo. Ahora, todo lo que puede hacerse es esperar.

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AP