Diseñadora venezolana va de la alta costura a fabricar tapabocas

Diseñadora venezolana va de la alta costura a fabricar tapabocas para la comunidad

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Voz de América

La diseñadora venezolana Gussy López canceló sus proyectos de lanzamiento de su próxima colección de verano y aprovechó todos los materiales para fabricar mascarillas y donarlas a las personas que están ayudando a combatir la pandemia del coronavirus.

 

En 2014, la diseñadora Gussy López dejó San Antonio de los Altos (Venezuela) con una maleta llena de sueños, entre ellos estaba el de seguir desarrollando su carrera en la alta costura. Después de mucho esfuerzo, logró abrir su propio taller en Miami con la intención de servir a la comunidad y no ganar grandes cantidades de dinero a costa de la explotación.

Ahora que el mundo está pasando por una grave crisis sanitaria a raíz del coronavirus, López ha vuelto a sacar su lado más solidario. Ha dejado a un lado los planes de lanzamiento de su próxima colección de verano y ha aprovechado los materiales de sus diseños para fabricar mascarillas.

Cuenta que se inspiró en su compañera Clarissa Egaña, encargada de las creaciones de la marca Port de Bras, que también estaba fabricando tapabocas para repartirlas entre la comunidad.

El neopreno, el más resistente para sus creaciones

“Empecé a hacer un estudio de todos los materiales que tenía en mi taller y resulta que el neopreno, que es el material que más utilizo para mis diseños, es el que tiene todas las características de protección contra el coronavirus”, explicó en entrevista con la Voz de América.

Necesitaba utilizar un material lo suficientemente resistente a los fluidos para evitar que las partículas del mortal virus entraran en contacto con la nariz o la boca.

El neopreno, que está usando López para fabricar tapabocas, es una tela sintética que consta de una gran resistencia mecánica con propiedades impermeables y aislantes tanto del calor como de la oxidación. Actualmente este tipo de tela es utilizada tanto en prendas deportivas como en usos industriales.

“No permite que salga ni entre nada”, asegura la joven costurera de 37 años, que se formó en su ciudad natal, en Caracas y en Miami.

Después de todo, la experta en alta costura impulsó una plataforma digital a través de la cual está vendiendo estos accesorios, unos productos que, estos días, se han convertido en algo indispensable para salir a la calle.

 

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La mascarilla es obligatoria en algunas ciudades de EE.UU.

La semana pasada el alcalde del condado de Miami-Dade, donde ella tiene su taller, ordenó que todos los residentes debían llevar mascarillas cuando estuvieran en espacios públicos, como supermercados, restaurantes o farmacias.

Ahora se ha convertido en una necesidad, por lo que lo más “importante de todo”, dice, es seguir comprando más material para poder fabricar mascarillas. No lo hace con una intención puramente comercial, sino para ayudar a todos aquellos que están “haciendo una labor para la comunidad, como médicos, pacientes, personas de alto riesgo, bomberos, policías…”.

Tampoco habla de ventas, sino de donaciones. Porque su proyecto tiene más que ver con el lado solidario que con el comercial.

“Tenemos distintos tipos de donación: de 15 dólares, te llevas una y donamos una; la de 25 dólares, te llevas una y donamos dos; y la de 35, te llevas una mascarilla pintada por el artista Franck Brill y donamos cuatro”, indica.

Fabrican casi 400 mascarillas cada día

Estos días, ella está trabajando junto a dos de sus colaboradoras, Anita Autiero y Lina Montes. Se pasan horas en el taller trabajando en el diseño, en la producción y en la gestión de los envíos. Ante la gran demanda de la población, que está buscando desesperadamente algún tipo de complemento que proteja la boca y la nariz, estás llegando a fabricar a mano unas 400 mascarillas al día.

Gussy López, que estudió en el Instituto de Moda Marangoni de Miami y lleva seis años residiendo en el sur de la Florida, asegura que el tapabocas se acabará convirtiendo en un accesorio habitual, por lo menos, en los próximos meses.

“No solamente te estás llevando un producto que te está protegiendo, sino que es un producto que lo puedes combinar y te hace sentir bien”, recalca.

«Un llamado para la conciencia social»

No se atreve a decir qué va a pasar en el futuro con la industria de la moda y si esta pandemia va a afectar de alguna manera a la forma en que se producen, hoy en día, muchas de las piezas de ropa comercializadas a gran escala.

Ella lo tiene claro: “Esto es un llamado para la conciencia social”. “Esto es seguridad social, hay un antes y un después de esta pandemia. Sin duda, la máscara va a pasar a ser un accesorio de la indumentaria”, comentaba al tiempo que instaba a la población a “ser solidarios” y seguir quedándose en casa para ayudar a frenar el brote de la COVID-19.

Con todo, está convencida de que las mascarillas, de las que ahora tiene de distintos tamaños y colores, “serán un accesorio más que los diseñadores tendremos que diseñar”.

“Esto nació por la necesidad y ahora pasó a ser un accesorio de primera necesidad”, insistió.

 

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